El campo de juego en la disputa por las vacunas

Las campañas globales de inmunización, además de solucionar un problema de salud pública, son clave en la recuperación económica

Un año después del comienzo de la pandemia que ha puesto en jaque a nuestro mundo y que ha costado la vida a millones de personas, las vacunas elaboradas por diversas empresas farmacéuticas están siendo ya administradas. La elaboración de una vacuna en un periodo tan corto de tiempo ha sido posible gracias a la labor de investigación de dichas empresas.

Sin embargo, en las últimas semanas, se están alzando voces en contra de la necesidad de ponerse las vacunas. Declaraciones de personas de distintos ámbitos pueden generar alarma social sobre la conveniencia de vacunarse y la seguridad y eficacia de dichas vacunas. Sin entrar a debatir sobre opiniones personales, si es bueno situar el campo de juego en el que se disputa el partido de las vacunas.

En su página web, la OMS afirma que “todas las vacunas autorizadas son sometidas a pruebas rigurosas a lo largo de las distintas fases de los ensayos clínicos, y siguen siendo evaluadas con regularidad tras su comercialización. Además, los científicos hacen un seguimiento constante de la información procedente de diversas fuentes en busca de indicios de que causen efectos adversos.” Como saben muy bien los que se dedican a ello, la autorización regulatoria de una vacuna es el resultado de un proceso de investigación y desarrollo en el que intervienen, además de los departamentos de investigación y médicos de los laboratorios farmacéuticos, un grupo numeroso de personas cualificadas científicamente: los miembros de los comités éticos que examinan los protocolos de los ensayos clínicos, las agencias de medicamentos que los autorizan y los investigadores, autoridades hospitalarias, empleados de empresas monitoras y promotoras que los llevan a cabo; los profesionales, técnicos y autoridades de la Agencia Europea del Medicamento (EMA), en cuyos comités de evaluación y farmacovigilancia participan representantes de todas las agencias nacionales de medicamentos, que evalúan los perfiles de seguridad, calidad y eficacia de las vacunas candidatas, autorizan la comercialización y adoptan las medidas específicas y condiciones encaminadas a la revisión postcomercialización de la seguridad de esas vacunas.

El Comité de Bioética de España publicó el 14 de diciembre de 2020 una declaración sobre la estrategia de vacunación frente al Covid 19, en la que afirmó: “(…) La libertad de expresión y la libertad de creación y debate científicos son derechos fundamentales de toda sociedad libre, no obstante, con actitudes y conductas que pongan injustificadamente en duda la eficacia y seguridad de las vacunas que llegarán en breve a nuestro país, se puede hacer mucho daño a muchas personas (..)”

Como es lógico, cualquier persona puede manifestar su desacuerdo o dudas respecto a una vacuna o cualquier otra circunstancia de la vida. Y su opinión sobre cualquier noticia, evento o lo que sea. Pero, me quedo con las palabras de Jurgen Klopp, entrenador del equipo de fútbol Liverpool, al ser preguntado su opinión sobre el coronavirus: “Lo que no me gusta es que la opinión de un entrenador de fútbol sea relevante para un tema tan serio. No es importante lo que diga la gente famosa”.

La puesta en marcha de una vacunación contra el coronavirus a nivel planetario, además de solventar un problema de salud pública, puede –y debe– ser el empujón necesario para reactivar una economía mundial. La pobreza generada por esta pandemia puede ser de una mortalidad parecida al impacto directo de la Covid-19. La vacunación de la población permitirá poner en marcha la maquinaria económica que se ha quedado atascada debido al confinamiento mundial…y salvará vidas.

Y no es sólo economía. Ni siquiera es lo importante. Las vacunas permitirán volver a un trato social y, especialmente, familiar que es lo que más estamos echando todos de menos. Vacunas y victoria, sí. Porque las vacunas representan la victoria de la vida sobre la muerte –al menos, de forma temporal–, de la salud sobre la enfermedad, de la solidaridad sobre el individualismo y de la prosperidad sobre la miseria.

Kiko Carrión es socio de Eversheds Sutherland