La actividad económica debe latir en el corazón de los barrios

La crisis está haciendo que las ciudades pierdan no solo sus tiendas míticas, sino también algunos de sus servicios esenciales, como los bancarios

Llevamos tiempo comprobando cómo la crisis del coronavirus ha puesto en jaque nuestro sistema sanitario, nuestros trabajos, nuestra economía, e inevitablemente, muchos aspectos de nuestro día a día.

A nivel local, ha supuesto un cambio en la fotografía de muchos de nuestros barrios y comercios. La actual situación ha obligado a echar el cierre a gran cantidad de pequeñas tiendas, que han visto cómo cada vez más servicios se han ido digitalizando más y más, dejándoles fuera de juego. A la vez, el confinamiento también nos despertó a todos una conciencia colectiva como no habíamos sentido antes. Queremos, más que nunca, sentirnos parte de una comunidad: en nuestros hogares, con nuestros amigos, con nuestros vecinos. Tanto es así que no debe extrañarnos que la mayor parte de la población española hayamos redescubierto la importancia de las tiendas de nuestros barrios, tal como indican estudios como el de Kantar. Estos comercios locales, en gran medida, son los que le dan vida a las calles de cualquier barrio. Sin ellos, muchos puntos de nuestras ciudades, que a día de hoy son atractivos y vibrantes, estarían vacíos.

Nos enfrentamos a un pronóstico escalofriante: según la Confederación Española de Comercio (CEC), el 30% de los negocios desaparecerán este año si no se hace nada al respecto. Desde un punto de vista económico, este es un tema de muchísima gravedad, ya que las pymes, tanto microempresas, como pequeñas y medianas empresas, suman más del 96% del tejido empresarial de nuestro país. Además, es importante destacar que los pequeños comercios de barrio, entre los que se encuentran las tiendas y los restaurantes, son los negocios que contratan a más trabajadores y, por lo tanto, que más empleo generan.

Desde un punto de vista ciudadano, cotidiano, la pérdida será también profunda. Las tiendas locales son parte de la historia de nuestros barrios, de nuestros recuerdos. Nos hacen sentir que seguimos en casa aun cuando salimos por el portal. Este tipo de comercios fomenta las relaciones entre vecinos, que tanto valoramos tras la dureza del confinamiento. Son lugares de encuentro para las personas, de tertulia, donde se comparte la información local y donde los vecinos muchas veces se ponen al corriente de las novedades del barrio. En este tipo de tiendas nos reciben con cercanía, con confianza, nos hablan de tú a tú.

La crisis también está haciendo que gran cantidad de ciudades y barrios estén perdiendo, no solo sus tiendas más míticas, sino también otro tipo de servicios esenciales para el día a día, como son los servicios bancarios. Durante años, dimos por hecho tener cerca un lugar donde hacer cualquier gestión bancaria, o simplemente sacar e ingresar dinero efectivo. Las sucursales eran abundantes, amplias, y daban buen servicio. Ahora, es casi más frecuente encontrarnos sucursales clausuradas que abiertas, y las que sí lo están tienen largas colas en sus puertas, y no ayuda que sus horarios sean igual de restrictivos que siempre. La atención humana que antes ofrecían ahora parece un lujo insostenible. No hablemos del hecho de que junto con las sucursales también se fueron los cajeros...

En este sentido, el sector de la banca está destinado a estar más cerca de sus clientes y a dar facilidades físicas y presenciales aunque se dé el cierre paulatino de sucursales. Nunca terminarán de desaparecer porque la atención personalizada y cercana que te puede ofrecer una persona no debería ser sustituida por la banca online. Debería ser complementaria.

Este es un momento en el que las empresas tendríamos que servir para ayudar y aliviar a la población, no añadir más quebraderos de cabeza a sus vidas. Por eso, debemos considerar a la economía local como el medio natural para volver a ofrecer a los vecinos de cualquier barrio los servicios que cada vez más les cuesta encontrar.

El Covid-19 ha reivindicado el papel de los barrios y por ello será clave que las empresas integremos la economía de los barrios dentro de nuestra estrategia: es la única manera de crear un modelo sostenible para con las comunidades en las que estamos presentes. Podemos confiar en que las tiendas de barrio darán servicio a sus vecinos con un tipo de calor que, simplemente, solo puede dar el que es del barrio, de toda la vida. A su vez, las empresas podremos aportarles la innovación y la frescura de productos y servicios nuevos, para que los comerciantes puedan subir la persiana cada día con servicios más diversificados, atrayendo a personas nuevas a sus locales. Como indica el estudio de Kantar, la innovación, las promociones y la creación de nuevos patrones de compra serán claves para ayudar a los minoristas en un momento de crisis como el que estamos viviendo. Nuestro empeño debe ser salir de esta crisis juntos y reforzados, sin dejar a nadie por el camino.

La gente del barrio es la que realmente mueve la economía de los países. Es el momento de apoyar a los negocios del corazón de nuestros barrios, como ellos han estado ahí para nosotros, desde siempre.

Javier Ramírez es CEO de Nickel España