Las SPAC, una alternativa de inversión que debe ser transparente

La aparición de las SPAC (special purpose acquisition company), sociedades de inversión diseñadas con el propósito de adquirir empresas de prometedor recorrido de su negocio, están revolucionando el mercado bursátil en EE UU y haciendo sus primeras incursiones en Europa, aunque en el caso de España no hay ejemplos conocidos todavía. Se trata de vehículos de inversión muy similares al capital riesgo, pero que captan los recursos en los mercados de renta variable con una OPV tradicional, para identificar después una empresa con posibilidades de desarrollo a la que adquirirá, fusionándose con ella e incorporándola de inmediato al mercado cotizado. En Norteamérica han movilizado más de 135.000 millones de dólares en lo que va de año, en una aceleración espectacular respecto al año pasado, mientras que en Europa han capturado poco más de 1.300 millones de euros. Y se han convertido tanto una nueva oportunidad de lograr retornos relativamente rápidos para los inversores como en una señal bastante explícita del calentamiento de precios de las compañías que suele preceder casi siempre a un severo ajuste de mercado, y que en este caso coincide en el tiempo con otros fenómenos que llevan a la misma lectura, como la avalancha de sindicación de pequeños inversores en redes sociales vividas estos meses.

EE UU suele ser el laboratorio en el que se experimentan este tipo de ensayos dado el elevado grado de sofisticación de los mercados, la permisividad de los reguladores y la flexibilidad de su economía para acoger todo tipo de experimentación financiera. Los reguladores europeos suelen actuar con más precaución ante este tipo de fenómenos, aunque no tengan más contraindicación para los inversores particulares que el hecho de no conocer exactamente qué destino tendrá el dinero arriesgado. La fórmula más parecida son los fondos de capital riesgo, aunque en este caso los gestores suelen ser equipos profesionales que arrastran un itinerario de resultados y los inversores suelen concentrarse entre grupos de muy elevadas rentas, rayanas con la inversión institucional, además de tener identificados desde el inicio los objetivos, al menos sectorialmente.

En el caso de las SPAC el inversor se mueve con muy poca visibilidad, únicamente confiado en la personalidad del promotor del vehículo inversor, y no puede desconocer que los promotores parten con la ventaja de haber entrado en él a mejores precios y conocer cuál es el objetivo corporativo, lo que les proporcionará un plus de rentabilidad importante. Estos diferenciales deben ser tenidos siempre en cuenta, y los reguladores deben tratar de corregirlos si pretenden que se estas fórmulas de inversión sean útiles tanto para los particulares como para aflorar valor de empresas no cotizadas.