Estados Unidos, en el punto de mira empresarial

La fortaleza de la primera economía del mundo es una gran oportunidad que deben aprovechar las compañías españolas de cara a la recuperación

Si las previsiones de vacunación se cumplen y es posible que a mediados de año se haya podido vencer el pulso a la pandemia, estaremos en condiciones de empezar a revertir la profunda contracción económica que ha llevado a España a unos mínimos históricos de producción y a un salto extraordinario en las cifras de paro. Será entonces el momento de que las empresas ejecuten acciones estratégicas que deberían estar ya muy meditadas, en tanto que se va decantando un panorama poscovid en el que, si no puede hablarse de ganadores, sí al menos de países o mercados menos damnificados.

Como ya ocurriera en la pasada crisis financiera que aconteció a partir de 2008, de nuevo será el sector exterior el que tire del carro de la recuperación, y es previsible que la reacción sea aún más rápida que entonces, en tanto que las empresas están ahora más concienciadas de que la competencia se libra en un mercado global. No nos olvidamos de que las exportaciones de bienes en 2020 han caído un 10%, remontándonos a valores de hace cuatro años, y que las ventas al exterior de servicios se han desplomado más de un 40% debido especialmente a la profunda crisis del sector turístico. Pero aun siendo dramáticos los datos, y muy difícil la tarea que tenemos por delante, existen indicios que apuntan a que la reactivación está cercana. Ahí está para acreditarlo el aumento de casi un 1% registrado por las exportaciones de bienes el pasado mes de diciembre.

Las empresas deberían estar trabajando ya en la selección de aquellos mercados a los cuales van a dirigir su actividad en los próximos meses. Pero es probable que los informes de previsión realizados respecto de clientes y países se hayan quedado muy desfasados por la pandemia, en tanto que sus necesidades de compra se han visto también muy alteradas en la actual coyuntura.

Por tanto, como han hecho siempre las empresas que abordan la experiencia de los mercados exteriores, es hora de evaluar el contexto político, económico, social, tecnológico, medioambiental y regulatorio de aquellos mercados en los que se pretende poner el foco. Pero ahora es también muy relevante anticiparse y analizar, con las herramientas al alcance, incluida la intuición, cómo van a quedar los países desde el punto de vista financiero tras la pandemia, intentando determinar cuáles serán las nuevas estrategias y prioridades que piensan adoptar en los planos comercial y de inversión.

Si echamos un vistazo a las previsiones del Fondo Monetario Internacional, vemos que, de todos los países desarrollados, uno de los que mejor ha resistido a la crisis del Covid-19 ha sido Estados Unidos. Después de perder apenas un 3,4% de su PIB en 2020, este año se prevé que tendrá un crecimiento del 5,1%. Es casi un punto porcentual más que la eurozona, que a su vez ha perdido un 7,2% de su PIB el año pasado. La realidad, por tanto, es que Estados Unidos ha demostrado una vez más su gran dinamismo como la primera economía del mundo.

No se espera que la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca vaya a suponer un cambio radical en la política que la Administración Trump llevó a cabo en materia de comercio. Probablemente, las diferencias las veamos más en la forma que en el fondo. Y si no, ahí va un botón de muestra que corrobora esta impresión: siguiendo el lema America first, que tan popular hiciera su predecesor, Biden firmó, en su primera semana de gobierno, una orden ejecutiva para pedir a las agencias de la Administración federal, con un presupuesto anual de 600.000 millones de dólares, que optasen preferentemente por proveedores estadounidenses para impulsar la industria y el empleo nacionales.

No obstante, el mantenimiento de unas directrices económicas proteccionistas no parece incompatible con una distensión en las relaciones comerciales con la Unión Europea. Así debemos interpretar el reciente anuncio de suspensión temporal, por parte de Bruselas y Washington, de los aranceles impuestos en el marco del conflicto de Airbus y Boeing. Que se vaya a negociar una solución en el seno de la OMC, alienta la esperanza de un nuevo clima constructivo a ambos lados del Atlántico.

Para las empresas españolas, el cambio de Gobierno en Estados Unidos admite una lectura positiva a causa de la declarada intención de la Administración Biden por impulsar grandes proyectos en los sectores de energía, donde se incluyen la solar, la eólica y la nuclear de nueva generación; el transporte eléctrico; las infraestructuras de transporte; y los bienes de consumo. Todos ellos son campos en los que las empresas españolas gozan de una excelente reputación a nivel mundial, lo que constituye el mejor pasaporte para aterrizar en nuevos mercados, incluido el norteamericano.

En consecuencia, vemos a Estados Unidos en una situación de mayor solidez para protagonizar el despegue económico, lo que debería situar a este país en el punto de mira de nuestras empresas. Ahora bien, cualquier estrategia de abordaje debería contemplar la posibilidad de estudiar una implantación sobre ese territorio, bien mediante oficinas comerciales o centros productivos. Y ello con el fin de estar en mejores condiciones para sortear las barreras que impone el mercado estadounidense a las empresas extranjeras.

Otra posibilidad, que no debería descartarse, y que hasta el momento ha sido muy poco explotada por las empresas españolas, es la de establecer alianzas con empresas de la minoría hispana, la más numerosa en Estados Unidos, con más de 60 millones de personas. A este respecto, es importante saber que las administraciones estadounidenses destinan en exclusiva un porcentaje de sus licitaciones a empresas pertenecientes a las minorías, y hay miles de millones de dólares en juego todos los años. Por tanto, los lazos culturales que nos unen a la población hispana pueden ser un catalizador para aumentar la presencia empresarial española en Estados Unidos, más aún con un nuevo presidente en la Casa Blanca más sensible a los intereses de estos grupos sociales.

Balbino Prieto es Presidente de honor del Club de Exportadores e Inversores Españoles