Transformación

Por qué las tecnologías emergentes pueden ser una amenaza para los países pobres

El riesgo es que ciertas regiones queden descolgadas de la ola de inteligencia artificial, robótica y biotecnología y aumenten las desigualdades 

Fotografía tomada por un dron de Muranga, Kenia
Fotografía tomada por un dron de Muranga, Kenia REUTERS

La calidad de las aguas subterráneas en Bangladesh se controla mediante sistemas de internet de las cosas; drones envían suministros médicos a comunidades en zonas alejadas de Ruanda y Ghana; la inteligencia artificial y los macrodatos se utilizan en la pandemia para examinar a pacientes y hacer un seguimiento de los brotes. Las tecnologías emergentes tienen enorme potencial para mejorar la vida de las personas. Pero también un gran un riesgo: que aumenten las desigualdades. “Gobiernos y comunidad internacional deben orientar las tecnologías emergentes para que apoyen el desarrollo sostenible y que nadie quede descolgado”, concluye un informe de la UNCTAD, la Conferencia de la Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, sobre tecnología.

Solo unos pocos países son actualmente creadores de las llamadas tecnologías de frontera -que incluyen la inteligencia artificial (IA), la robótica, la biotecnología y la nanotecnología- aunque todos deben prepararse para ellas. “Si bien los avances tecnológicos son esenciales para el desarrollo sostenible”, señala en informe de la ONU, “también lo es que pueden propiciar el enquistamiento de las desigualdades o la aparición de otras nuevas”. La implantación de tecnologías de vanguardia puede “limitar su acceso a los grupos más privilegiados y a los países prósperos, bien al incorporar sesgos o acarrear consecuencias no deseadas”.

Entre esas amenazas se encuentra la preocupación porque la IA y la robótica reduzcan el número de empleos. Si bien eso no ha ocurrido hasta ahora, el escenario que se abre con las tecnologías emergentes es distinto. “Los cambios se producen a un ritmo tan rápido que podrían superar la capacidad de respuesta de una sociedad”.

Otro temor para los países en desarrollo es que las multinacionales aprovechen las tecnologías emergentes para “mantener localizada la producción en sus países o para relocalizar la fabricación que previamente había sido trasladada al extranjero”. El proceso podría frenar la transición de sectores como la confección, el calzado y la electrónica de baja tecnología de China a países menos industrializados de Asia y África.

Peores salarios

El desplazamiento del empleo puede ir acompañado de la polarización de los sueldos. Así, la robotización podría suponer la expansión de puestos de trabajo de salarios altos y bajos, mientras se contraen los puestos medios.

La ONU constata que se están utilizando tecnologías de frontera para prestar servicios a través de plataformas digitales que han creado una “economía de pequeños contratos” (o gig economy en inglés). Parte de este trabajo es local, pero también existe el trabajo en la nube que puede llevarse a cabo en cualquier lugar a través de la red. Si bien la economía de pequeños contratos genera empleo, suele desarrollarse con inseguridad, lo que crea una clase precaria. La desigualdad aumenta si estos trabajos sustituyen a puestos mejor remunerados o empleos a tiempo completo, o si los beneficios crecen más rápido que los salarios. La economía de pequeños contratos también puede acentuar la desigualdad de género, pues las mujeres a menudo trabajan por salarios más bajos.

En el pasado, países como China, México, Brasil y países asiáticos ascendieron en la escala del ingreso transfiriendo mano de obra y capital de agricultura a manufactura y servicios. El temor ahora es que la cuarta revolución industrial acabe con estos procesos de desarrollo tradicionales.

Cada ola de progreso se ha asociado con “una desigualdad más aguda”. Para converger y avanzar, la ONU insta a los países en desarrollo a “adoptar tecnologías de frontera y al mismo tiempo seguir diversificando su base productiva mediante el dominio de tecnologías existentes”. También anima a reforzar los sistemas de protección social para proporcionar redes de seguridad.

“Las tecnologías no son deterministas. Podemos moldear sus caminos para bien. Y tenemos la obligación de hacerlo”, señala en el informe Shamika Sirimanne, directora de la división de tecnología y logística de la UNCTAD.

Una salida equilibrada

  • Apoyo. No hay una receta única para que los países en vías de desarrollo se preparen para la llegada de la nueva ola tecnológica basada en inteligencia artificial (IA), internet de las cosas, los macrodatos, blockchain, 5G, la impresión 3D, la robótica, los drones, la edición genómica, la nanotecnología y la energía solar fotovoltaica. Todos necesitarán preparar a las personas y a las empresas para un periodo de cambios rápidos.

  • Progreso. Los países en desarrollo se enfrentan a tres retos principales para promover la igualdad de acceso a las tecnologías. Primero, barreras económicas y sociales, en particular en zonas rurales. Además, se necesitan conexiones a internet estables y de alta velocidad, pero casi la mitad de la población mundial sigue sin tener ningún tipo de conexión. También, la escasez de habilidades ya que en los países en desarrollo, los conocimientos básicos son entre 10 y 20 puntos inferiores a los de los países desarrollados.
  • Ola. El informe de la ONU recoge que en el pasado, países de Asia Oriental pudieron converger gracias al aprendizaje, la imitación y la innovación. Reducir la desigualdad de ingreso entre los países implicará aprovechar la tecnología para favorecer la transformación. Los países en desarrollo o continentes enteros, como África, “no pueden permitirse el lujo de no subirse a esta nueva ola de cambio tecnológico”.
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