José Luis Zoreda (Exceltur): “Las ayudas del Gobierno al turismo son tiritas para una hemorragia”

“Muchas empresas turísticas no renovarán los ERTE si no se suavizan las condiciones que obligan al mantenimiento del empleo”

José Luis Zoreda, vicepresidente ejecutivo de Exceltur
José Luis Zoreda, vicepresidente ejecutivo de Exceltur

José Luis Zoreda dirige Exceltur desde su fundación en 2002 y reconoce que la situación que vive la industria turística es dramática por el hundimiento del negocio. Entre enero y octubre de 2020 se han perdido 61 millones de turistas, retrocediendo a niveles de 1990; se destruyeron más de 300.000 puestos de trabajo en 2020 y se han esfumado 55.000 millones en divisas procedentes del turismo extranjero. “Todos los malos datos que veníamos advirtiendo desde abril han aumentado y llevarán a cerrar con una pérdida de 106.000 millones de euros de actividad turística directa e indirecta. Son datos incontestables que ponen de relieve el contrasentido y desconcierto que ha generado la baja intensidad con la que el Gobierno ha dado respuesta a esta crisis del turismo”, recalca. Por ello exige un urgente y potente plan de rescate, con ayudas específicas y directas a las empresas turísticas . “En caso contrario se quedarán por el camino cientos de miles de empleos y empresas viables, creando un daño social irreparable”.

“No habrá recuperación en 2021. Al sector le queda una larga travesía del desierto como mínimo de otros seis meses”

La llegada de las vacunas pone un punto de esperanza en este sombrío panorama. ¿Cree que 2021 será el año de la recuperación para el turismo?

No. En el mejor de los casos aparecerán los primeros brotes verdes, ya que la recuperación va a tardar más de lo deseable. La lectura más optimista del Gobierno era que arrancaría en Semana Santa y no parece que vaya a ser así con la tercera ola en todos los países europeos, que generará una nueva pérdida de confianza y mayores restricciones para volver a viajar. También se está atrasando el calendario de vacunación y a esos ritmos al verano no habremos llegado ni de lejos a la inmunidad de rebaño en nuestros principales mercados, incluido el doméstico. Aún queda una larga travesía del desierto de seis a nueve meses para unos brotes verdes consistentes, que unidos a los nueve que ya hemos pasado, nos sitúa en 15 meses de inactividad. No habrá recuperación turística clara hasta 2022 e incluso 2023 según evolucione el transporte aéreo. En este cambiante escenario es imprescindible un plan de apoyo con recursos directos que no consisten en endeudarse más, ni vía ICO. La situación actual y su tratamiento son ahora diferentes: el problema a resolver no es solo de liquidez, sino de evitar la insolvencia. Y la primera medida es como renovar los ERTE.

"El rescate no puede ser con más créditos ICO ni más deuda. El problema no es solo de liquidez, sino de evitar la insolvencia"

La negociación de los ERTE arranca esta semana y el sector turístico pide cambios porque ya hay muchas empresas, especialmente medianas y pequeñas empresas, que están al límite

Queremos que se concreten unas condiciones diferenciales para el turismo. Que las exenciones de las cotizaciones sean las máximas y revisar la condición de mantenimiento del empleo de los seis meses, que en un sector estacional y sin un claro horizonte de actividad se hace cada vez más complicada de cumplir. El Gobierno tiene que procurar que se incentive al máximo que las empresas turísticas se acojan a esa renovación. Hay compañías que están en las últimas y barajan, de no haber una recuperación rápida [algo que no es previsible en 2021] no acogerse a los ERTE, despedir, cerrar temporalmente, para en el mejor de los casos poderse hibernar y esperar a mejores tiempos, ante la creciente y onerosa dificultad de asumir más costes sin ingresos. No se trata de defender a las 34 grandes empresas socias de Exceltur, sino de evitar que cierren miles y miles de pymes que crean un valor experiencial y diferencial y dan sentido a la actividad del conjunto del sector y a que a los viajes de ocio o negocio se recuperen. Si cerrasen parques temáticos, empresas de senderismo, de transporte discrecional, de rent a car, de actividades culturales, audiovisuales, restaurantes o chiringuitos, el sentido del viaje se pierde, a pesar de que algunas otras grandes empresas pudieran sobrevivir.

El modelo a seguir es el de Alemania, que reparte ayudas directas en función de la caída de la facturación

El plan de rescate presentado por el Gobierno para salvar al turismo ha sido criticado por la escasa dotación de fondos y por lo erróneo del diagnóstico.

La falta de un apoyo consistente evidencia que no estamos en la agenda prioritaria del Gobierno. Creo que parten de un diagnostico equívoco e irreal del presente y del futuro, sobre la magnitud del problema social que afecta a un sector clave, entre otros en la generación de divisas y empleo. Somos el sector más afectado de la economía española, ya que mientras el empleo turístico cayó un 38% entre diciembre de 2019 y diciembre de 2020, el del resto de sectores solo lo hizo un 2,5%. Con el agravante de que el resto ya está produciendo y vendiendo y nosotros ni podemos producir ni almacenar lo no vendido, por ser servicios perecederos en el día. No pedimos ayudas por la caída de la demanda, sino por habernos visto obligados a cerrar. En la medida que no podemos abrir la persiana, pedimos ayudas compensatorias para sobrevivir, al igual que hacen muchos países europeos. Del último plan de apoyo del Gobierno de 4.000 millones, solo 400 millones eran ayudas directas. No se pueden curar hemorragias con tiritas. No parece un rescate adecuado para el primer sector de la economía, más aún cuando se ha optado por traspasar al sector privado el que asuma quitas en el alquiler de sus activos y a las autonomías y ayuntamientos que se hagan cargo de sufragar las posibles ayudas directas.

¿De qué cuantía estamos hablando y cómo se deberían repartir esas ayudas?

A principios del verano y antes de un segundo semestre mucho peor de lo esperado calculamos que serían necesarios unos 7.300 millones de euros, solo para asegurar la supervivencia, sin tener en cuenta el coste de los ERTE. Esos recursos deberían repartirse mediante ayudas directas y/o exención de impuestos estatales (IVA) o municipales (IBI o IAE). El país que mejor ha entendido este concepto y el modelo a seguir ha sido Alemania, que asigna las ayudas a fondo perdido en función de la caída de la facturación con respecto a 2019. Ello les permite discriminar por subsectores y dentro de los mismos por empresas, ya que no a todas les ha ido igual, subvencionado entre un 60% y un 70% de la facturación perdida. Es una fórmula idónea porque no precisa reembolso, permite mantener el empleo sin recurrir a los ERTE y te otorga solvencia financiera. El que no haya suficientes fondos presupuestarios a priori no debería ser el obstáculo para obtenerlo mediante un mayor endeudamiento.

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