Aitor Ocio: “Invierto en estética porque tiene futuro”

Se retiró del fútbol en 2012 y abrió una clínica de belleza

Aitor Ocio: “Invierto en estética porque tiene futuro”

Varios años antes de dar por finalizada su carrera deportiva, el futbolista Aitor Ocio (Vitoria, Álava, 1976) analizaba su futuro. No quería vivir de las rentas ni dedicarse a gestionar únicamente su patrimonio como tampoco deseaba prolongar su carrera en el ámbito futbolístico. A su favor, la insistencia de sus padres para que no abandonara sus estudios de Humanidades y Empresas. En 2012 anunció entre lágrimas que colgaba las botas en el Atletic, el club en el que jugo siete temporadas. En ese momento ya tenía encaminado su futuro profesional: había abierto la clínica de estética Henao, en Bilbao. Además de embajador, entre otras marcas, de la firma de relojes Tag Heuer, es socio fundador en varias empresas, como la promotora inmobiliaria Abu, con sede en Sevilla, con la que en breve lanzarán una promoción en Mallorca, S’Thai, un spa balinés en Bilbao, los centros de entrenamiento TheFit, en Vitoria y en Bilbao, y la empresa nautica Luxury Charter en Ibiza, donde veranea

¿Por qué decidió emprender en el negocio de la estética?

Antes de retirarme había analizado los dos sectores que podían resistir a la crisis de 2008, y concluí que era el de la reproducción asistida y la medicina estética. Cuando me retiré me decidí por el segundo, por un modelo desconocido hasta entonces, como era el concepto de belleza desde la salud. Invertí en este sector porque tiene futuro. Venía del mundo del deporte y quería darle un enfoque diferente, con un servicio de nutrición y un área de entrenamiento personal. El buen aspecto tiene que ser consecuencia de un buen estado de salud, y lo que hacemos es un asesoramiento integral. Para ello, era importante diversificar en diferentes áreas, pero también era importante tener buenos socios. Por eso durante los primeros años he querido consolidar la clínica y, a partir de ahí, presentarme como un referente del sector.

¿Es por ello por lo que ahora se ha aliado con Natalia de la Vega, de Tacha, para ofrecer sus tratamientos en Bilbao?

Tenemos una visión compartida, en cuanto al concepto de belleza como sinónimo de salud y bienestar. Ella, al frente de Tacha, es un modelo de gestión con 26 años de experiencia, y más allá de ver un negocio, vimos que teníamos mucha conexión, en la manera de cuidar al cliente y a los equipos. Además, supone el acceso al expertise, a la tecnología, a los protocolos y a los tratamientos que los ha llevado a ser el número uno de la belleza.

Con una crisis por delante, ¿sigue siendo un negocio en auge?

A pesar de que estamos viviendo una crisis sanitaria, económica y social, la estética sigue creciendo. A todos nos ha afectado esta pandemia, porque hemos tenido que añadir protocolos con los pacientes, pero la demanda no ha bajado. Los meses de julio y agosto, en los que normalmente suele haber poco trabajo, este año ha sido diferente. Durante el tiempo del confinamiento se han perdido hábitos de salud y la gente ha acudido a los centros de estética. Independientemente de la coyuntura económica, es un sector que seguirá creciendo. Estamos afectados, sí, pero menos que otros sectores, ya que se ha podido reiniciar la actividad pronto, eso sí, con un incremento de costes para reforzar las medidas de seguridad.

¿Qué demandan los clientes en cuanto a estética?

Hay gente con las ideas muy claras que vienen con una idea preconcebida, nosotros escuchamos y luego asesoramos a partir de un diagnostico facial y corporal. Nos encontramos siempre con una expectativa y lo que tenemos es que garantizar que se pueda alcanzar. Lo importante es mejorar, verse mejor a través de un diagnóstico. La consecuencia de estar bien es un buen aspecto. Contamos con nutricionistas, médicos, un cirujano, fisioterapeutas, entrenadores, técnicos, en total somos 14 personas.

¿Siempre tuvo espíritu emprendedor?

Sí, y a medida que te adentras en el mundo de la empresa vas conociendo otros sectores y aprendiendo cosas nuevas porque conoces a gente interesante. Creo en la figura del socio porque entiendo que nadie tiene todas las capacidades que se requieren en una empresa. No creo en lo que una vez me aconsejaron, que las empresas tenían que ser con socios impares y menos de tres. Esto es, tú solo, pero esto es como una relación de pareja, ha de ser sana y equilibrada, y eso es lo ideal. Uno no puede abarcarlo todo solo, y lo que debe haber por parte de todos es compromiso e implicación.

Algo decisivo en la carrera de un deportista es saber gestionar la retirada, ¿cómo se enfrentó a ese momento?

Yo lo había dibujado tiempo atrás, no fue algo repentino. Y sabía que no iba a tener una vida como entrenador, siempre había estado pegado a un balón, pero como jugador. Tenía inquietud, leía la prensa deportiva, pero también la económica. Y también quería, como padre, de cara a la educación que le daba a mi hija transmitirle el valor del esfuerzo, de superación y responsabilidad.  Cuando me retiré ya tenía la clínica en marcha. No eché de menos el fútbol, estaba agradecido ya que viví grandes momentos, pero sabía que eso se había acabado. He vivido dos experiencias profesionales distintas.

¿Qué aprendizaje se ha llevado del deporte a la empresa?

La constancia, la perseverancia, la humildad, saber aceptar los errores, el trabajo en equipo, algo que me ha costado mucho entender que eso no se viera como normal en las empresas. Somos un equipo, ganamos todos y perdemos todos. No entendía cómo las empresas invierten en cursos para fomentar el trabajo en equipo. No concibo el trabajo de manera individual, todo el equipo tiene un papel fundamental.

¿Todos sus negocios son viables?

Pongo el foco en que sean sostenibles en todo momento. Me interesa crear una marca a medio plazo, por lo que no busco una rentabilidad inmediata. Ahora estoy inmerso en un proyecto de tecnología y en otro de una línea de conservas gourmet

 

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