Patentes, farmacéuticas y vacunas del Covid

La causa más probable de que no se hable del tema es que las empresas se verán compelidas a compartir sus resultados

La industria químico-farmacéutica tiene la importante misión de proporcionar constantemente nuevos medicamentos para proteger y mejorar la salud humana. Tarea absolutamente urgente e inaplazable cuando la humanidad está inmersa en una pandemia como la actual, ante la cual se encuentra desprovista de medicamentos eficaces.

En los últimos años, la ciencia médica ha alcanzado grandes avances en campos como la química, la física, la genómica, la metabolómica, proteómica, la farmacología, la biología molecular y celular, la resonancia magnética nuclear, la cristalografía de rayos X y la microscopía electrónica tridimensional, entre otras, lo cual ha permitido profundizar en el conocimiento de los microorganismos patógenos como el coranavirus.

En el actual contexto, y para hacer frente a esta especie de guerra biológica contra un contrincante que no excede las 15 micras de longitud, la industria farmacéutica de los países más desarrollados ha organizado más de 90 grupos que se encuentran haciendo investigación avanzada contra el SARS-CoV-2.

Las investigaciones van en una doble dirección: encontrar medicamentos que curen la enfermedad y descubrir vacunas que hagan inmune a la población frente al contagio (alcanzando hasta ahora fases de último desarrollo las vacunas de Pfizer/BioNTech, Moderna, AstraZeneca).

Tanto en el caso del medicamento como en el de la vacuna es probable que la solución encontrada sea fruto de un proceso complejo en el que entren en juego conocimientos ya conocidos total o parcialmente, pero previstos para resolver otros problemas médicos.

Si nos fijamos, por ejemplo, en las vacunas, señalan los especialistas Caicedo y Patarroyo (en La búsqueda desesperada de una vacuna contra el SARS-CoV2, Tiempo de Paz, julio 2020) que, según su proceso de obtención, existen vacunas biológicas o químicas que pueden ser del siguiente tipo: de microorganismos completos o de subunidades; las cuales pueden ser, a su vez, recombinantes, de vectores virales modificados, de ADN o ARN, de carbohidratos y basadas en péptidos sintéticos.

Centrados en el Covid-19, los problemas a resolver son determinar el remedio que devuelva la salud a los enfermos y la dosis segura a la que se puede exponer el organismo humano para que el sistema inmunológico lo reconozca y genere anticuerpos.

Las soluciones a ambos problemas son sendas reglas técnicas que se materializarán en un producto que resolverá la curación y la inmunización contra el coronavirus. Y en tanto que reglas para resolver un problema en el ámbito de la salud, pueden ser protegidas por medio de la patente, siempre que reúnan los requisitos para ello (novedad, altura inventiva y utilizabilidad industrial) y que la invención o regla se describa en la solicitud de patente de manera clara y completa para que se pueda llevar a la práctica.

Las vacunas que podrían lograr la patente pueden ser invenciones de selección, de combinación y de aplicación. Las de selección son abundantes en el campo de la química, y consisten en dotar de determinadas propiedades, de las que se obtiene un resultado técnico peculiar, a un producto o medio del que se obtiene otros resultados. Estamos, pues, ante un producto o medio que, además de los resultados propios del conjunto al que pertenece, sirve para alcanzar otros resultados gracias a la regla inventiva.

Por su parte, las invenciones de combinación se caracterizan porque operan con elementos conocidos, pero que combinados entre sí producen un resultado o efecto técnico distinto al que produce aisladamente; y las de utilización o aplicación tienen de especial que la regla inventiva consiste en una utilización novedosa de un producto o sustancia que ya estaba comprendida en el estado de la técnica.

Si la invención supera el procedimiento de concesión de patente, el solicitante se convierte en titular de la misma durante 20 años improrrogables a partir de la fecha de presentación de la solicitud. Durante la vida legal de la patente, el titular dispone del derecho exclusivo de utilizar y explotar la invención, en este caso el medicamento o vacuna, así como el derecho de prohibir a terceros realizar actos de explotación del objeto patentado.

Si, por tanto, el mejor mecanismo para incentivar la inversión en investigación es la patente, y en el presente caso los medios destinados a encontrar los remedios contra el Covid-19 son cuantiosos, ¿no es extraño que en los medios no se hable de la carrera hacia la patente? ¿Es que las empresas farmacéuticas han desechado en este caso acudir a las patentes?

El tiempo lo dirá, pero la causa probable estriba no tanto en que no se persiga la patente, sino en que, en un contexto de pandemia, las empresas que logren los remedios contra el Covid-19 se verán más compelidas que nunca no solo a compartir sus resultados, sino también, y sobre todo, a moderar sus exigencias económicas, consecuencia de la noble implantación global de una ética empresarial generalizada que ha ido introduciéndose progresivamente en los códigos de buenas prácticas de las empresas.

José Manuel Otero Lastres es senior advisor de Broseta. Académico de número de la Real de Jurisprudencia y Legislación de España