El parón de Astra hace mella en la esperanza de una vacuna rápida

Los proyectos de Pfizer y Moderna también podrían suspenderse para testar que no hay efectos secundarios

Logo de AstraZeneca.
Logo de AstraZeneca. REUTERS

El revés de la vacuna de AstraZeneca podría ser el primero de muchos. El fabricante de medicamentos de 144.000 millones de dólares ha pisado el freno de un ensayo mundial de su remedio para el Covid-19 después de que un participante enfermara. La activación de estas medidas de seguridad es bastante rutinaria, pero la noticia podría hacer mella en las esperanzas de una rápida cura para el coronavirus.
El martes por la noche, AstraZeneca detuvo voluntariamente todas las pruebas globales de su vacuna después de que un participante sufriera una enfermedad inexplicada. Esto ha desencadenado una revisión independiente, con un plazo indeterminado.

El consejero delegado de AstraZeneca, Pascal Soriot, espera acelerar la revisión, pero la noticia es un golpe para la lucha contra el Covid-19. La vacuna, que AstraZeneca está desarrollando junto con la Universidad de Oxford, ha sido descrita por la Organización Mundial de la Salud como probablemente la principal candidata del mundo y la más avanzada.

Las consecuencias para otras vacunas también podrían ser malas. Se podría decir que el fármaco de AstraZeneca tenía un mayor riesgo de algún tipo de reacción negativa: utiliza una tecnología que se apoya en otro virus vivo, lo que complica potencialmente la reacción del cuerpo. Utiliza un virus del resfriado común de los chimpancés para inyectar Covid-19 en las células y estimular el sistema inmunológico para combatir una infección real.

Aunque las vacunas desarrolladas por compañías como Pfizer y Moderna utilizan una tecnología diferente, existe el riesgo de que también tengan que ser suspendidas para asegurarse de que no haya efectos secundarios similares. Las noticias de una mala reacción también pueden desalentar a las personas a inscribirse en los ensayos.

También podría ser una mala noticia para los Gobiernos. Muchos han pedido por adelantado miles de millones de dosis de inoculaciones a las compañías farmacéuticas con la esperanza de que la población vacunada esté más dispuesta a aventurarse en cines, aviones y oficinas. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha hablado incluso de una vacuna antes de las elecciones de noviembre. Sin embargo, el revés de AstraZeneca es un recordatorio de que el desarrollo de inoculaciones es un proceso lento: el más rápido hasta ahora ha sido de cuatro años.

Sin una vacuna rápida, es probable que las restricciones sociales perduren. Es posible que los Gobiernos tengan que imponer cierres locales y restricciones a los viajes, mientras que los trabajadores evitarán las oficinas abarrotadas. Todo esto apunta a más dificultades económicas. Las empresas farmacéuticas también pueden perder. Moderna y BioNTech han ganado 18.000 millones de dólares en valor de mercado desde principios de año con la esperanza de un despliegue rápido. No hay remedio para la exuberancia de los inversores.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías