Warren Buffett sorprende haciendo lo mismo de siempre

En medio de una sobrevaloración de las TIC, el Oráculo de Omaha se mantiene impasible en su manera de hacer

Warren Buffett.
Warren Buffett. EFE

Berkshire Hathaway, el holding de Warren Buffett, ha anunciado por sorpresa que durante los últimos meses ha adquirido el 5% de las acciones de cinco conglomerados japoneses: Mitshubishi y otros cuatro cuyos nombres no nos dicen nada a la mayoría. Estas compras, de unos 6.000 millones de dólares, son el 1% de la capitalización del holding, y si se duplican como se ha anunciado, tampoco supondrían una posición relevante. Todavía hay alrededor de 140.000 millones esperando a que aparezcan oportunidades. Sin embargo, al igual que la reciente compra de acciones de una minera de oro, lo interesante más que la compra en sí es saber a qué dedica parte de la abultada caja un equipo que siempre se ha distinguido por su prudencia y su saber hacer.

Las cinco empresas por las que se ha interesado Berkshire Hathaway, el holding liderado por Buffett y el menos mediático Charlie Munger, de 90 y 96 años respectivamente, son conglomerados industriales y financieros, los dos sectores que forman parte del círculo de competencia del mítico dúo de inversores. Esto es algo que llevan respaldando desde Berkshire toda la vida: solo invertir en aquellos negocios que se entiendan. Puede ganarse mucho dinero con Tesla o con el Bitcoin, pero si alguien no consigue entenderlo sería mejor que no lo utilizase para especular.

De Warren Buffett se podría escribir el cliché de que es único e inimitable, pero no sería verdad. Su estilo es copiado con mayor o menor fortuna por un gran número de gestores de fondos de inversión, que usan las citas de este prolífico inversor para justificar sus decisiones. Es el caso de Francisco García Paramés, el denominado Warren Buffett español, que pierde la tercera parte de su capital desde principios de año y casi la mitad en el conjunto de los últimos tres ejercicios. Algo así sería impensable que le sucediera al Buffett original, caracterizado por dedicar su dinero a negocios excelentes.

Normalmente puede encontrarse justificación entre los escritos buffettianos para casi cualquier cosa, y por lo tanto imitar a este inversor no parece fácil. Así, hay quien ahora mismo saca a relucir su frase “nunca apuestes contra Estados Unidos”, pero no está claro que colocar una pequeña parte de su capital en un país aliado caiga dentro de las apuestas contra América que critica esta máxima. No es la primera vez que hay inversiones extranjeras en la cartera del holding americano, que ya cuenta con una empresa alemana de repuestos de motocicletas y una metalúrgica israelí.

Si Buffett no es inimitable queda la duda de si también es único. Varios han sido los llamados a suceder a Warren Buffett; así nos encontramos con Prem Watsa, el Buffett canadiense, que compró Blackberry con su holding Fairfax Financial. Parece que ya ha aprendido la lección y desde entonces actúa con más cautela. Más recientemente han surgido aspirantes en las nuevas tecnologías que disputan la corona como mejor inversor. En Japón, Masayoshi Son, el CEO de Softbank, conocido más que por sus aciertos por sus tesis de inversión incorrectas como en WeWork, que ha pasado de tener una valoración de 47.000 millones de dólares a tan solo 3.000 millones. En China, Pony Ma, CEO de Tencent, parece hoy el único candidato para suceder al legendario inversor. Ajeno a todo, la filosofía del anciano inversor estadounidense sigue imperturbable a los halagos y las críticas que se suceden según la cotización de Berkshire se adelanta o se queda rezagada frente al resto de grandes empresas de Estados Unidos.

La pregunta que cabe hacerse es: ¿por qué Japón? La narrativa desde la escuela austríaca de economía sostiene que la política económica de Japón impidió que la recesión limpiase la economía y por lo tanto las oportunidades de regeneración. Desde un punto de vista más convencional, la respuesta de las autoridades niponas fue la deseable para estabilizar la economía, y si el crecimiento ha sido muy moderado en las últimas tres décadas es porque han llegado al estado estacionario. Japón no ha crecido porque ya no hubo apenas oportunidades de negocio atractivas en las que invertir los ahorros de una sociedad envejecida que ya no consume tanto como antes.

El cualquier caso, tras tres décadas, Japón es el país desarrollado que más oportunidades puede ofrecer al inversor extranjero que pueda endeudarse en moneda local. El negocio es tan evidente que una vez que se conoce sorprende que nadie lo haya visto antes: se pueden pedir prestados yenes con un tipo de interés menor del 1% anual y se invierte en compañías sólidas que ofrecen dividendos muy superiores a esa cifra.

Además, el ratio de precio sobre beneficios, el PER, antes de la crisis del coronavirus era estable y muy bajo. Para un inversor largoplacista la situación es perfecta; los cantos de sirena de las sobrevaloradas empresas de la economía digital no pueden tentar a alguien como Warren Buffett. Frente a aquellos que pregonan que el PER ha muerto, Buffett les responde viva el PER. Hasta ahora, a cada sobrevaloración en el mercado le ha seguido una fuerte corrección, y mientras que los nuevos gurús afirman que todo será diferente, la sexagenaria Carmen Reinhart, profesora de Harvard y economista jefe del Banco Mundial, lleva advirtiendo desde 2009 que nunca es diferente, aunque siempre haya motivos para que lo parezca.

En medio de una sobrevaloración de las tecnologías de la información y las comunicaciones, que solo el tiempo dirá si es una burbuja como la de hace 20 años, el Oráculo de Omaha se mantiene impasible en sus decisiones, sin cambiar su modo de hacer. Las últimas compras, aún pequeñas a la espera de grandes oportunidades a buen precio, indican que Buffett y Munger siguen en plena forma atentos a cualquier buena ocasión que se presente.

No tienen prisa, pues su horizonte temporal se extiende mucho allá de su esperanza de vida, haciendo real la frase de Keynes: “En el largo plazo, todos estaremos muertos”.

Juan Luis Santos es profesor de economía en la Universidad CEU San Pablo