La receta del éxito del agroalimentario español

La producción local y el autoabastecimiento tendrán una importancia estratégica en el escenario post-Covid

La pandemia ha puesto de manifiesto la solidez de la cadena agroalimentaria española. En el punto álgido de la emergencia sanitaria, los españoles fuimos testigos de una capacidad de respuesta sin precedentes, lo que se explica por razones al tiempo estructurales y coyunturales.

Nuestra cadena agroalimentaria se constituye sobre la base de un amplio y heterogéneo sector agrario, una poderosa industria alimentaria y una distribución muy modernizada en todos sus formatos. Todo ello bajo una eficiente logística en los mercados mayoristas de alimentación fresca sustentada en la actuación pública de la empresa Mercasa (Mercados Centrales de Abastecimientos) y buena parte de los mayores ayuntamientos españoles.

No es de extrañar, por tanto, que el sistema agroalimentario español se encuentre entre los tres mejores del mundo. Las claves de su éxito se recogen en el informe La Receta del Éxito, recientemente publicado por FIAB (Federación española de Industrias de Alimentación y Bebidas), Mercasa y nosotros, donde se ha analizado el recorrido que ha tenido desde que se instauró el estado de alarma y se explican los antecedentes que han hecho posible una gestión tan positiva en uno de los momentos más críticos de nuestra historia.

El sector primario, referente mundial en variedad y calidad de productos, ha sido ejemplar durante la pandemia. Su excelente coordinación ha permitido que el campo no dejara de trabajar durante estos meses, que ningún animal se quedara sin ser cuidado y que ninguna fruta y verdura se quedara sin recoger.

El sector secundario también ha tenido mucha influencia: contamos con una industria agroalimentaria de alimentación y bebidas que constituye el 3% del PIB nacional, situándose de esta manera como el segundo sector exportador de España. Estos dos sectores por separado ya forman un elemento esencial en la cadena alimentaria —juntos son el segundo exportador de la economía nacional— y son dos factores esenciales para entender la eficacia del sistema frente al coronavirus.

La logística de los Merca (Mercados Centrales), un servicio envidiable que alimenta a 30 millones de personas cada día y ocupa el primer puesto mundial en cuanto a la variedad en consumo de productos de pesca, frutas y hortalizas, ha sido un tercer factor destacable.

La actitud de los consumidores durante la pandemia también ha sido objeto de análisis. La primera fase del confinamiento, protagonizada más por la incertidumbre y el miedo, produjo un primer momento de acopio de alimentos buscando su almacenamiento doméstico. La semana del 9 al 14 de marzo, previa al confinamiento y con el cierre de colegios, tuvo picos de demanda de hasta el 70%, creando una verdadera conmoción social.

Con el inicio del confinamiento, arroces, legumbres, conservas y pastas fueron las que más crecieron junto a los productos para bebé, limpieza y droguería, que tuvieron incrementos superiores al 40%. Sin embargo, los alimentos frescos crecían solo entre el 10% y el 15%.

La segunda fase, con una mayor adaptación social al confinamiento y posterior desescalada, estuvo más representada por el cambio hacia el modelo tradicional de cesta de la compra, con prevalencia de productos frescos y perecederos, con crecimientos interanuales muy importantes en el consumo de hogar. Crecimientos que, lamentablemente, no compensan las pérdidas significativas producidas por el cierre del canal horeca, que aún permanecen en la actualidad.

La conclusión es que, durante la vigencia del estado de alarma, el sector agroalimentario español ha demostrado estar preparado para cumplir con la demanda de garantía de suministro y el autoabastecimiento, particularmente acentuado en la alimentación en fresco como carnes, frutas y hortalizas y pescado.

Como aprendizajes de todo lo expuesto, el informe señala que el crecimiento sostenible, la protección del medio ambiente y la seguridad alimentaria marcarán la evolución del sector a futuro. En esa línea, la estrategia europea From Farm to Fork (de la granja al tenedor) pretende que el 25% de la superficie agraria de la Unión Europea se destine a la producción ecológica, donde España es líder de la UE en superficie, pero no en porcentaje. Asimismo, la producción local y el autoabastecimiento en sectores clave tendrán también una importancia estratégica en el escenario post-Covid.

Otra palanca de cambio imprescindible será la aceleración de los procesos de digitalización. La Agenda para la Digitalización del Sector Agroalimentario y Forestal y del Medio Rural, que contiene un programa ambicioso de aplicación, debería ser complementada con una agenda para la digitalización de la cadena alimentaria que promueva su implementación de una forma coordinada por sus distintos eslabones.

A fin de cuentas, tendrán que ponerse en marcha diversas medidas que continúen reforzando el carácter estratégico nacional de nuestra cadena agroalimentaria para dotarla de una mayor resiliencia en un escenario de fuertes tensiones económicas y sociales derivadas de la nueva realidad. Porque en estos tiempos, un ingrediente que no puede faltar nunca es la anticipación.

Fernando Moraleda es senior advisor de LLYC