Acción, agencia, accionable: la semántica de la innovación

La I+D+i va más allá de lo tecnológico, especialmente en el sector servicios, y en concreto en el turismo

Playa de Benidorm (Alicante), esta semana.
Playa de Benidorm (Alicante), esta semana. EFE

Al prologar el libro de mi amigo Ángel Alba Manual Mínimo Viable de Innovación (Innolandia), apuntaba yo mi particular definición de la innovación como conocimiento en acción. Pero el interés por la filosofía me lleva a preguntarme por el origen de las ideas y los conceptos al uso. Relacionado con la acción, encuentro un artículo este verano sobre la fenomenología de la función agencia que, en su sentido general, remite a una de las cualidades más importantes del ser humano: la capacidad de actuar intencionalmente y por lo tanto, de lograr propósitos o metas guiados por la razón. La riqueza semántica del término está también en la base de las agencias de innovación a las que he dedicado la mayor parte de mi vida profesional y que, no obstante su carácter público, participan de una lógica de inversión y de negocios.

A la función agencia y a las agencias, me gustaría añadir en estas líneas el adjetivo accionable, que la RAE define como: dicho de un mecanismo, que se puede accionar. Y esto a propósito de dos propuestas para imaginar el futuro post-Covid-19. En primer lugar, las 10 tecnologías que la Cátedra de la Fundación Rafael del Pino presentaba de la mano del científico emprendedor y admirable amigo Javier García Martínez, a quien conocí en mi etapa al frente del European Institute of Technology como uno de los tres asesores del presidente fundador, Martin Schuurmans.

Tras aquellos años compartidos en torno a 2011, Javier ha seguido trabajando en el Foro Económico Mundial como uno de sus líderes globales. Un Foro cuyos dos productos más conocidos son la cita anual de Davos y la publicación, también anual, del Índice de Competitividad Mundial, en cuya actualización en torno a su décimo aniversario tuve ocasión de participar, junto con su alma máter, Xavier Sala-i-Martí y otros expertos. Aunque el índice viene a clasificar a los países, hay que recordar que los destinatarios prioritarios son las empresas a la hora de orientar sus decisiones de inversión.

Javier ha tenido el acierto de adaptar al entorno español otra publicación de impacto del Foro consistente en la relación de tecnologías emergentes claves para el mundo. Un acierto porque no resulta frecuente encontrar una declaración tan explícita y clara de las tecnologías por las que nuestro país podría y debería apostar. Hay que animar a la Fundación y a la Cátedra a actualizar anualmente esta publicación que será, sin duda, una guía de gran interés para las empresas.

Más incierto es como podría trasladarse este catálogo de tecnologías en una acción política selectiva, cuyo éxito depende de la disposición de políticas selectivas y estructuras direccionales de escasa vigencia en nuestro país. Así pues, más interés e impacto tendría cristalizar el citado catálogo de tecnologías en alguna forma de agenda española accionable gubernamentalmente, más allá de las intenciones del Plan Nacional de I+D+i, tan alejado luego de su efectiva ejecución.

El segundo caso, el madrileño Foro de Empresas Innovadoras (FEI) y la catalana plataforma Industria e Innovación (IND+I), de los que formo parte, han elaborado un documento hecho público recientemente con el título Los pilares de un futuro más próspero y sostenible: el desarrollo de España en el tiempo de después. Tras sentar los principios de una visión renovada para la economía y la sociedad, la propuesta se articula en diez iniciativas que gravitan alrededor de cuatro pilares. Se trata de una de las pocas iniciativas holísticas que conozco en España, a contracorriente de nuestro castizo I+D+i y la linealidad en la que seguimos instalados no obstante de los pobres avances comparativos con otros países.

Concretamente, FEI e IND+I proponen un Consejo para la Innovación, una Agencia para la Transformación Digital y la Transición Ecológica, un Instituto para el Sueño Europeo y Antenas Locales de Experimentación. El conjunto resuena con el llamado gen o código de la innovación que postula el profesor Jeff De Graff y mi libro Innovación Fractal, de próxima publicación, que confío sirva a los equipos para aprovechar las tensiones que, inevitable y afortunadamente, aparecen en todo proyecto creativo. El código retoma ideas del Marco de Valores en Competencia que tan revelador me resultó para orquestar la complejidad al frente del Instituto Europeo de Innovación y Tecnología. Del mismo modo, si las empresas necesitan diversidad en sus equipos para escalar, el líder habrá de gestionarla para transformar en oportunidades la complejidad creciente en la época del Covid-19.

Un ejemplo, transformar el turismo. Durante estos días he leído en algún lugar que se trata no de un sector sino de un macrosector que recoge una diversidad de actividades económicas tan diversas como la hostelería, el transporte, la restauración y un largo etcétera, correspondiente a actividades económicas tipificadas separadamente. Esta es una primera dificultad.

La segunda, que precisa innovar no ya en tecnologías sino en servicios. Y esto es mucho más complejo para quien se empeñe en mantener a toda costa políticas lineales de I+D orientadas al desarrollo tecnológico. Afortunadamente existen innovaciones en modelos de negocio de éxito bien conocidos en nuestro país fruto de la creatividad y perseverancia de sus fundadores, tanto en servicios como en turismo.

Juan Mulet, director general de la Fundación España Digital, recuerda que los estudios empíricos han evidenciado que las innovaciones tecnológicas son minoritarias en el sector servicios. A modo de ejemplo, puede citarse que en el sector financiero danés, según una encuesta de 1997 el 54% de las innovaciones introducidas eran no tecnológicas, otro 30% eran básicamente no tecnológicas aunque dependientes de la tecnología y solo un 16% podría considerarse de naturaleza tecnológica. Esta es la razón de que los servicios dependan poco de la I+D en Ciencias Exactas y Naturales, pero faltan estudios para evaluar la importancia que tienen para ellos las investigaciones en Humanidades y Ciencias sociales.

Quizá para tender un puente entre innovación tecnológica e innovación en servicios habría que trabajar la positiva visión de Ortega, en su Meditación de la técnica. Ahí defiende el maestro que, lejos de la habitual dicotomía entre ciencias y humanidades, el sentido último de la técnica es su capacidad para humanizar al hombre. Hay que confiar en que la pandemia permita avanzar a la vez en el ámbito de la razón pura (logos) y de la práctica (ethos).

José Manuel Leceta es presidente del consejo asesor de Insight Foresight Institute