Resistir, reactivar, relanzar

La dificultad de los retos exige un compromiso social a la altura de las circunstancias, sostiene la ministra de Economía, Nadia Calviño

Nadia Calviño
Nadia Calviño, vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital. Getty Images

La emergencia sanitaria provocada por el Covid-19 ha generado una crisis económica y social de no menor importancia. Ante la caída de la demanda por las necesarias medidas de contención adoptadas en todo el mundo, a la urgencia de salvar vidas se ha unido la exigencia de salvar también empresas y puestos de trabajo. Y, aunque todo apunta a que lo peor de la emergencia sanitaria ha quedado atrás, el camino que queda hacia la recuperación económica es todavía largo y lleno de incertidumbres.

Sin embargo, hay motivos para la esperanza: los indicadores disponibles comienzan a mostrar un cambio de tendencia, con una cierta recuperación de la actividad económica y el empleo a partir del fin de la hibernación. Desde que estalló la epidemia, el Gobierno ha tenido claro que la respuesta a esta emergencia pasaba, primero, por resistir; luego, por reactivar, y, por último, por relanzar la economía.

Para ello, desde principios de marzo se han venido aprobando sucesivos paquetes de medidas para atenuar los efectos sobre la economía y el empleo de la epidemia, sosteniendo el tejido productivo, el empleo y las rentas para contar con una base sólida para la recuperación. Medidas propuestas por el Gobierno y que han sido apoyadas por el Parlamento.

De sobra conocidas son ya decisiones como la de flexibilizar los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), que han llegado a proteger a más de tres millones de trabajadores, más de un tercio de los cuales ya ha vuelto a su puesto de trabajo; los avales del Instituto de Crédito Oficial (ICO), que están garantizando que la liquidez siga llegando a las empresas, especialmente a las pymes y los autónomos; o la prestación por cese de actividad que, por primera vez en la historia, ha garantizado a 1,4 millones de trabajadores autónomos un ingreso ante la caída súbita de su facturación.

Los indicadores comienzan a mostrar una cierta recuperación de la actividad y el empleo

Garantizada la resistencia y superado el peor momento de la hibernación de nuestra economía, llega el momento de reactivar el país. Y, para ello, es imprescindible acompasar todas estas medidas a los nuevos requerimientos, tanto en el ámbito de la financiación, con necesidades que virarán de la liquidez a la solvencia, como en el ámbito laboral, fomentando el progresivo regreso de los trabajadores y los mecanismos de flexibilidad alternativos al ajuste del empleo. Eso sin olvidar el apoyo a ciertos sectores muy golpeados por esta crisis, como el turismo o la automoción, para los que ya hemos presentado planes específicos.

Pero no podemos conformarnos con reactivar la actividad. Hace falta un plan de impulso y relanzamiento, para recuperar la senda de crecimiento robusto que teníamos hasta el pasado mes de marzo y, más allá de restañar las heridas de esta crisis, progresar en la respuesta a desequilibrios como la deuda, el desempleo, la pobreza o la desigualdad –que arrastramos desde hace tiempo pero que se han visto exacerbados durante esta crisis– y también para hacer frente a retos ineludibles como la transición ecológica, la digitalización, la formación o el cambio demográfico.

Con esas ambiciones, el Gobierno está impulsando un Plan de Inversiones y Reformas que, centrado en los próximos dos años, se imbrique en los planes europeos de reconstrucción para aprovechar al máximo sus recursos e iniciativas y nos permita avanzar en todas esas vías mediante seis grandes pactos: para la transición ecológica y el desarrollo de la economía verde, por el emprendimiento y la transformación digital, por el empleo y la formación profesional, por la ciencia, por el estado de bienestar y la economía rural.

Queda mucho por hacer y el camino está plagado de incertidumbres, pero está claro que no podemos permitirnos no aprovechar las oportunidades que se nos plantean para modernizar nuestro país y conseguir despegar con un crecimiento más sólido, más sostenible y más inclusivo.

La dificultad de los retos exige un compromiso a la altura de las circunstancias por parte de Administraciones públicas, agentes económicos, sociedad en general, unidos para contribuir en un proyecto de país en el que nadie sobra.

Nadia Calviño es vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital.

Normas
Entra en El País para participar