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La banca europea cumple un sueño: competir con Visa y Mastercard

Las entidades españolas siguen con su proyecto de crear una tarjeta nacional, también fuera del ámbito de los dos medios estadounidenses

En la imagen, un hombre en una transacción electrónica.
En la imagen, un hombre en una transacción electrónica. EFE

La banca europea se ha plantado. Parece que ya se ha cansado de que los medios de pago en Europa dependan solo de los gigantes de origen estadounidense, Visa y Mastercard. La hegemonía de ambas firmas es tal que son admitidas y están asociadas a la banca de prácticamente todo el mundo, menos en Oriente. Visa, de hecho, se ha convertido en un sinónimo de tarjeta de pago, lo mismo que ocurrió con la marca Rimmel, que con los años se convirtió en el término que se emplea para denominar la máscara de pestañas. China también tiene sus propios sistemas de pago. Bueno, México, por poner otro ejemplo, también.

El sistema QR (Quick Responsive), una alternativa de los pagos digitales en minutos, o incluso segundos, se ha convertido en un sistema de respuesta rápida que cada vez tiene mayor protagonismo y es la opción elegida por China y por México. Pero también por Visa y Mastercard, que sabiendo que su, hasta ahora, imperio podría tener los días contados, han optado por comprar firmas que les vuelvan a colocar como los principales actores en los medios de pago, por lo menos en Occidente.

Por todo ello, es lógico que las entidades financieras europeas cuenten con sus propios medios de pago, un objetivo que llevan persiguiendo desde hace años, y que ha sido alentado por los supervisores también desde hace tiempo. La razón es lógica, siempre es bueno la competencia, y más a la hora de negociar precios y servicios.

Pues ahora los principales bancos del Viejo Continente han logrado aunar intereses para dar este salto y desarrollar su propio sistema, en un momento en el que el efectivo pierde fuelle, aunque sigue siendo el rey, ya que más del 50% de las transacciones de pago minoristas en Europa se realizan todavía en efectivo.

De momento, el pasado jueves 16 bancos de Alemania, Bélgica, España, Francia y los Países Bajos firmaron un acuerdo que ha sentado las bases para el futuro lanzamiento de la Iniciativa de Pagos Europea (EPI en sus siglas en inglés).

Entre estos bancos están Santander, BBVA y CaixaBank, los tres principales grupos financieros del país, pero la idea es que entren a formar parte de este proyecto gran parte de las entidades una vez que este nuevo medio de pago paneuropeo inicie su andadura, prevista para 2022.

De momento, el resto de los grandes bancos españoles tienen prevista su entrada en la nueva sociedad que se está creando para el desarrollo de este sistema de pagos, que contará con su propia tarjeta.

Es curioso, porque las entidades financieras españolas también llevan ya más de dos años intentando crear su propia tarjeta de pagos. En este caso por iniciativa de Competencia. Pero el proyecto va mucho más lento de lo previsto. De hecho, el objetivo inicial era haber lanzado la tarjeta en el último trimestre de 2019, pero no fue posible, y parece que no será posible su comercialización como muy pronto hasta finales de este año.

Las fuentes consultadas aseguran que las pruebas piloto ya están casi finalizadas. Por ello, el nuevo calendario es que en 2021 los españoles ya puedan operar con esta nueva tarjeta made in Spain.

El objetivo es que el sistema de pagos español converja con el que se desarrollará en Europa, e incluso con Visa y Mastercard. El cliente no se dará cuenta, pero en España, con su misma tarjeta, utilizará el medio de pago nacional (que será más barato para los bancos y comercios, y puede que para los usuarios particulares), cuando cruce la frontera españoles se activará su sistema europeo, y si salta las líneas del Viejo Continente, automáticamente se activará el sistema de pagos predominante de la región en la que se encuentre.

Lo que sí ha sido un jarro de agua fría para Bizum es no haber sido la plataforma elegida por Europa para crear esta unificación de pagos tanto con tarjeta como digital. Y eso que nadie duda del éxito de esta plataforma de pagos instantáneos nacional a través de la que ya operan cerca de 10 millones de clientes para efectuar pequeños pagos. ¿Qué joven o adolescente no sabe lo que es hacer un bizum? Bueno, algunos hay, pero siempre es mejor exagerar por lo que pueda menguar.

En 2019 se realizaron más de 60 millones de operaciones a través de Bizum por valor de 2.700 millones de euros. Ahora esta cifra es muy superior.

Por cierto, lo que es una buena noticia es que el consumo sigue su senda de recuperación tras finalizar el estado de alarma. Según el análisis semanal de BBVA Research, entre el 22 y el 28 de junio ya todas las provincias recuperaron el nivel pre-Covid de gasto semanal realizado con tarjetas españolas (eso sí, todas asociadas a Visa o Mastercard). Las compras con tarjetas suben un 5% y la caída del gasto queda en un 2%, según el estudio de BBVA.

Y ya para terminar, y para que se vea la relevancia de los medios de pago, uno de los principales bancos internacionales solo por móvil, Revolut, ha decidido lanzar una tarjeta arcoíris, como la definen. La entidad asegura que en una muestra de inclusividad, a medida que comienzan las celebraciones del Orgullo en toda Europa, ha decidido lanzar esta nueva tarjeta “para clientes en el Reino Unido y el resto de Europa”.

Eso sí, antes de poder pedir esta nueva tarjeta arcoíris, los clientes de Revolut deberán donar un mínimo de 3 libras (o su equivalente en moneda local) a ILGA-Europa, una organización benéfica que lucha por los derechos humanos de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales e intersexuales en Europa y Asia Central.

Y cambiando por completo de asunto. La plantilla de BBVA ha comenzado a utilizar una nueva aplicación, la App Tracing, es una iniciativa del banco aplaudida por el personal de la entidad financiera, y por supuesto, por los sindicatos. Esta aplicación permite a la entidad controlar la propagación del coronavirus entre sus empleados.

Esta app cuenta con un protocolo de uso que ha sido consensuado con los sindicatos, algo que los propios representantes de la plantilla agradecen. Tanto es así, que los sindicatos y la entidad firmaron el pasado 29 de junio dicho protocolo de implantación, con el objetivo de que no se vulneren los derechos y la intimidad de los empleados.

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