Formulación de cuentas: el virus amenaza al mensajero

La evaluación del impacto del Covid-19 debe incluir una previsión acerca de si la empresa podrá terminar este ejercicio y los siguientes sin echar el cierre

Formulación de cuentas: el virus amenaza al mensajero

Viernes, 22 de mayo de 2020 en Madrid. Suenan las siete horas de la tarde en la sala de juntas cuando algunos consejeros in situ, distancia de seguridad incluida, y otros conectados online comienzan la reunión más triste que se recuerda en la empresa. Hasta hace bien poco, todo eran alegrías. El negocio de hoteles boutique establecido en las principales zonas costeras de España había conseguido en 2019 unas cifras récord en actividad y beneficio. Ya todo es historia. La crisis del coronavirus está golpeando fuertemente a la compañía. Los hoteles se encuentran actualmente cerrados, el 95% de la plantilla en situación de ERTE y las expectativas de reapertura son solo eso, expectativas. No existe ninguna certeza de cuándo cesará la pesadilla vírica.

El orden del día de la reunión del consejo de administración es breve: formulación de las cuentas anuales del ejercicio 2019, con especial consideración sobre el efecto del coronavirus en los estados financieros. Los administradores saben que la evaluación del impacto de la pandemia en las cuentas anuales requiere un doble trabajo. Por un lado, revisar si los activos y pasivos que refleja el balance al cierre del ejercicio pudieran sufrir alguna variación. Y, por otra parte, recurriendo a la ayuda de la diosa griega de la brujería Hécate, alcanzar un veredicto sobre el cumplimiento del principio contable de empresa en funcionamiento, nunca mejor dicho lo de un veredicto, porque las presunciones y asunciones existen y son muchas.

Los administradores son conocedores de que ambas cuestiones, testeo de activos y pasivos y valoración del principio de empresa en funcionamiento, deben exponerse en la nota de hechos posteriores de la memoria, amén del impacto que sobre el informe de gestión pudiera tener el dichoso virus.

La tensión comienza a crecer cuando varios administradores piensan que suministrar esta información es poco más o menos que una sonora estupidez. “¡Pero quien coj… ha dicho que esto hay que indicarlo en la memoria! Pero ¿qué somos, adivinos aquí o qué?”, exclama el más adulto en la sala, escondido tras su mascarilla. La verdadera bronca llega cuando el benjamín de la reunión indica que la estimación e incorporación de esta información en la memoria es obligatoria y que, en caso contrario, el auditor incluiría una salvedad en el informe de auditoría. Las reacciones en el consejo, además de coincidir al unísono, retumban hasta en la Costa del Sol: “El auditor puede irse a freír espárragos. Con el problemón que tenemos encima, en eso estamos pensando ahora, en las payasadas del auditor. Pues, por ahora, no se formulan las cuentas, ¡a tomar viento!… se cierra la sesión”. Acaban de adoptar la peor de las decisiones.

Fue William Shakespeare quien escribió: “Anunciad con cien lenguas el mensaje agradable; pero dejad que las malas noticias se revelen por sí solas”. Pues bien, al contrario de lo que pensaba el literato inglés, creemos que no es conveniente para el interés general del conjunto de la economía ni para los intereses particulares de las empresas mantener por mucho tiempo la desinformación.

Nuestro trabajo como auditores conlleva la revisión de los cálculos y estimaciones realizados por los administradores con los cuales, además, debemos estar de acuerdo. Sabemos que los administradores no poseen una bola de cristal por lo que predecir el futuro no es lo que requiere el actual cuerpo normativo. Lo que precisa el marco contable de referencia es la realización de un escenario de previsión en el que se estime si la sociedad, con los recursos económicos y financieros que posee y previendo las necesidades de financiación, será capaz de continuar en el ejercicio 2020 y sucesivos con el cartel de abierto o, por el contrario, el escenario más realista es el del letrero de cerrado. No existen dudas de que el único capaz de realizar ese escenario es el administrador. Él y solo él conoce su empresa mejor que nadie. Por lo que la redacción de los distintos escenarios que pudieran darse en función de la evolución del coronavirus solo está al alcance del propio administrador. Su capacidad está fuera de toda discusión, así como su obligación de transparencia informativa.

El retraso en la presentación de los distintos escenarios que esta crisis sanitaria y económica obliga a introducir en las cuentas anuales es contraproducente. El primer paso para solucionar un problema es reconocerlo. Por tanto, esta es una de las claves para empezar a ofrecer información adecuada y útil para la toma de decisiones de los agentes económicos, el reconocimiento. Esconder la cabeza puede ser propio del avestruz, pero no es una acción que pueda aceptarse por el código ético del tejido empresarial español.

Hermes, mensajero del resto de dioses, era considerado como alguien prudente y hábil a la hora de difundir su mensaje. Dado que siempre volvemos a los clásicos (probablemente más en tiempos procelosos), sería interesante reconocer el papel que pueden desempeñar en la revelación de la información financiera de las entidades dos mensajeros perfectamente identificados:

Primer mensajero. El CFO, a veces el CEO, si se nos permite seguir recurriendo a anglicismos propios del sistema conceptual de los contemporáneos de sir William (antes mencionado). A nadie escapa que los administradores, que sancionan con su firma las cuentas anuales, se enfrentan a una ingente y a veces ardua (como ahora) labor de identificación, registro, clasificación y valoración de los distintos hechos económicos que conforman la realidad económico empresarial. En este momento les corresponde a estos técnicos la difícil tarea de encajar su obediencia debida a la empresa con el cumplimiento eficaz de su formación y experiencia profesional en tiempo y forma. Lo conseguirán, sin duda.

Segundo mensajero. El auditor. Ciertamente el único experto que presta servicios a las empresas consistentes, en algunos casos, en llevar la contraria y rebatir los argumentos de quien le ha contratado. Una especie compleja de Pepito Grillo. En este caso, el auditor es plenamente consciente de las dificultades que entraña la formulación de los estados financieros bajo las actuales circunstancias, por lo que solo exigirá la aplicación y uso del mejor de los sentidos comunes.

Estamos convencidos de que el coronavirus no infectará ni matará al mensajero. Que los distintos consejos de administración se empiecen a vacunar cuanto antes.

Francisco Jimeno y José Ramón Sánchez son socios de Eudita