Tiempos de visibilidad reducida para invertir

La incertidumbre dificulta saber si las acciones cotizan caras o baratas. La mejor recomendación es ser prudentes y apostar por activos de alta calidad

Tiempos de visibilidad reducida para invertir

Durante el mes que separa el 20 de febrero del 20 de marzo, las bolsas americanas y europeas perdieron un tercio de su capitalización, anticipando los efectos económicos del Covid-19. Desde entonces, una rápida subida ha hecho que hayan recuperado la mitad del terreno que perdieron.

Estos días es frecuente que a los inversores les ronde la pregunta de si dicho rebote está justificado o si por el contrario las acciones viven una total desconexión con la realidad económica. Una duda lógica si pensamos que durante la recuperación bursátil la gran mayoría de las economías de occidente han continuado paradas, el desempleo se ha disparado, las solicitudes de concurso de acreedores han aumentado rápidamente y las expectativas de evolución del PIB para 2020 para la mayoría de las economías parecen indicar una recesión económica no vivida desde hace más de 70 años. Entonces, ¿qué razones fundamentan el mayor optimismo?

La primera es la especial naturaleza de la crisis ante la que nos encontramos. A diferencia de la crisis de 2008, cuando el sistema financiero estalló por problemas endógenos y tuvimos una lenta recuperación, esta vez se trata de un shock externo, un coma inducido por decreto, lo que debería acotar su duración y permitir una más rápida recuperación. Que las cadenas de producción se hayan parado o que la demanda se haya evaporado es consecuencia de que trabajadores y consumidores tengan prohibido salir de casa. Consecuentemente es lógico esperar que cuando las medidas restrictivas se levanten, gran parte de esa oferta y demanda se recomponga de forma automática. Por eso escuchamos a economistas hablar de una recuperación en V o U, y vemos que la tensión en los mercados financieros se relaja a medida que se conocen noticias positivas en cuanto a la evolución de contagios, datos que empujan al mercado a anticipar una vuelta a la normalidad más pronto que tarde.

Si efectivamente el impacto económico real resulta ser temporal, esto nos lleva a una segunda realidad; a pesar de que las compañías puedan tener uno o dos semestres de pésimos resultados, si cuentan con un balance saneado y una fuerte posición de liquidez, ese impacto tiene poco peso en el valor de un negocio. Recordemos que las valoraciones no son otra cosa que el valor presente de los flujos de caja que una empresa generará a futuro, y que, por tanto, a pesar de que una empresa tenga un ejercicio en blanco, eso no significa que valga un 30% o un 40% menos. Por el contrario, hemos observado acciones descontando caídas de hasta el -70%, lo que ha hecho que mucho dinero inteligente y con vocación de largo plazo se pusiera a comprar aprovechando las rebajas.

A pesar de que el parón de la economía sea temporal, es cierto que está suponiendo un tremendo consumo de liquidez a muchos negocios. Ello, junto con nivel de endeudamiento por encima de lo debido y la posibilidad de que el tiempo de recuperación se alargue, hace poner en duda la viabilidad de una parte importante del tejido empresarial. Este innegable riesgo es el que bancos centrales pretenden mitigar con el anuncio de paquetes de estímulo monetario que no tienen precedente en cuanto a su dimensión y la rapidez con la que se han implementado. El objetivo de corto plazo de dichos programas no es otro que proveer la suficiente liquidez para que a dichas empresas en problemas les sea posible refinanciar las deudas que estén próximas a su vencimiento, evitando bancarrotas y despidos, lo que agravaría aún más el panorama. Tanto es ese ahínco que la FED y el BCE han abierto la puerta a la inclusión en sus balances de activos con rating de bono basura. Son precisamente dichos programas de compras los que han llevado a los bonos soberanos a rentabilidades negativas en Europa y Japón, y ligeramente positivas en EE UU, dejando poca alternativa para los inversores que la inversión en renta variable.

Además, los estímulos monetarios tienen otro objetivo de medio-largo plazo que es incluso más importante, que es el posibilitar una mejor asignación de recursos en la economía, haciendo crecer así los niveles de productividad, haciéndose más factible el servicio de la deuda en el futuro. Sin embargo, es este segundo objetivo el que está más en duda cuando se abandona el plano teórico y se analiza la realidad. Con las todavía en vigor medidas de distanciamiento social, la pérdida de confianza empresarial y una mayor propensión al ahorro del consumidor, será difícil que esas inyecciones de capital puedan generar el impacto deseado en la economía real. Motivo suficiente para pensar que el impacto probable será principalmente nominal, es decir, generador de inflación. Aún está por ver si esa inflación se producirá en la cesta de la compra, o solamente se producirá en activos financieros, aunque tiene pinta de que será más lo segundo que lo primero.

A pesar de las razones para el optimismo mencionadas, en mercado también hay muchos inversores a los que les preocupa un posible segundo rebrote del virus en otoño, o pensar en los niveles de endeudamiento con los que muchos Estados saldrán de esta crisis fruto de los abultados déficits fiscales.

En definitiva, todavía es pronto para poder acotar el alcance real de la situación y el impacto a nivel estructural en la economía. Con una muy reducida visibilidad de cómo evolucionarán los beneficios empresariales en los próximos 12 meses, la dispersión de estimaciones se amplía, haciendo que los múltiplos calculados sobre las mismas pierdan fiabilidad. Como resultado, no queda del todo claro si las acciones actualmente cotizan caras o baratas, y por ello es recomendable seguir surcando estas aguas revueltas con prudencia e invertidos en activos de alta calidad.

Lucas Maruri es Gestor de Renta Variable Europea de Gesconsult