Arquitectura para después de una pandemia

La crisis ha puesto en evidencia nuevas necesidades en la vivienda: espacio para teletrabajar, posibilidad de aislar a uno de los habitantes y espacio verde

Arquitectura para después de una pandemia

La terrible pandemia debida al virus Covid-19 que ha asolado al mundo, siendo especialmente virulenta en España, ha cambiado nuestras costumbres, dejando una profunda huella en todos los aspectos más relevantes de nuestras vidas, e inevitablemente en la arquitectura. No es la primera vez que esta actividad se acomoda a nuevas necesidades surgidas de desastres naturales o de conflictos de la humanidad, como las aberturas de los Bulevares de Haussmann, en París en el año 1800, o las British New Towns, aparecidas al iniciarse la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, en las que ambas, introducen ya el concepto de salubridad en la arquitectura, entendiendo la salud, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), como un estado de bienestar físico, mental y social.

Es inevitable que las nuevas formas de trabajo, de vida y de relación social, que se van a incorporar a nuestras costumbres a partir de ahora, muchas de ellas ya antiguas demandas del hombre contemporáneo, deben de tener reflejo en las nuevas propuestas arquitectónicas. Lo que aquí nace, con el optimismo que necesitamos y como un deseo de debate, esperamos que se incorpore a una discusión pública de la que podamos concluir, con las mejores recomendaciones para una nueva arquitectura, la arquitectura saludable. Una arquitectura que incorporará las conclusiones más apropiadas, analizando las necesidades más inmediatas que hemos experimentado para hacernos la vida y el trabajo más seguros, higiénicos y fáciles, en definitiva, más saludables.

Los modelos de vida que hasta ahora hemos venido llevando en las ciudades, y sobre todo en las grandes ciudades, están en crisis. Aunque su cambio viene ya siendo demandado desde hace tiempo, situaciones como la de la vivida han demostrado ser un modelo ineficaz y poco salubre. Se ha puesto de manifiesto la necesidad de conciliar la convivencia familiar con el trabajo en casa, y si añadimos a esto los problemas derivados de la alta densidad para trabajar en espacios contenidos y la masividad de la vida pública de la actualidad, resulta evidente cómo los modelos existentes hoy en día, son claramente obsoletos y resultan lejanos a las consideraciones que pretendemos alcanzar con una arquitectura saludable y se hace por tanto necesario plantear un nuevo modelo de hábitat.

De entre todas las carencias detectadas estos días de emergencia sanitaria a causa del coronavirus, algunas se harán imprescindibles, como la higiene, el distanciamiento social o el trabajo en casa (teletrabajo); cosas que, aunque no son nuevas, estaban olvidadas. Tanto en lo que se refiere a los espacios públicos como en lo concerniente a los espacios privados, en los lugares de trabajo o en las mismas viviendas, los espacios de acceso, las comunicaciones verticales, los aseos y los espacios comunes de cualquier edificio cobrarán una especial importancia en su papel para el control de la higiene y el distanciamiento social. Espacios donde, seguramente, tendremos que incorporar a partir de ahora y entre otras cosas: recepciones distantes, dispensadores de gel, mecanismos controlados por voz o por presencia, puertas automáticas, etcétera. Todo ello dentro del concepto del término británico Contact Less Buildings. Necesitaremos por ello espacios más holgados, que se desarrollen en entornos que sean agradables, limpios y saludables, en los que cultivar el movimiento frente a la vida sedentaria. Todo ello en la búsqueda de un hábitat que permita cuidar nuestra salud, tanto física como mental, tan olvidadas como necesarias.

Pero quizás sea la vivienda uno de los espacios más necesitados de un nuevo modelo de la arquitectura. El confinamiento de las personas, que la pandemia a causa del virus Covid-19 ha obligado a mantener durante al menos dos meses, ha puesto a prueba nuestra resistencia física y nuestra salud mental. La continuada convivencia familiar, la simultaneidad con las rutinas de trabajo desde la propia casa, el ejercicio físico o los hábitos propios de la vida familiar, en espacios normalmente reducidos, poco saludables y limitados, hace inevitable que nos planteemos una serie de nuevos conceptos, especialmente en lo que se refiere a la vivienda social.

Con la crisis producida a causa del coronavirus Covid-19 se han puesto de manifiesto necesidades que se deben de incorporar, algunas de las cuales quisiera resaltar aquí: dotar a las viviendas de un espacio de trabajo compatible con la vida familiar; la posibilidad de aislar a uno de los habitantes de la vivienda en el caso de enfermedad; dotar a las viviendas de un espacio exterior en el que poder relajarse y recibir la necesaria aportación solar de vitamina D; además de incorporar en las viviendas condiciones de higiene, de salubridad, de aislamiento, comunicaciones eficientes, control lumínico y solar; como algunas de las más esenciales. Todo ello pasa por concebir unas viviendas mayores en superficie, flexibles, higiénicas y resilientes. Exigir a las Administraciones públicas una regulación será obligado, distinguiendo lo deseado de lo exigido, y donde se diferencien los mínimos exigidos de las recomendaciones.

Es evidente que estos argumentos afectan a planteamientos que aquí no se han mencionado, y no por ello son menos importantes, como es su coste, la rentabilidad de sus inversiones, las contradicciones con postulados sostenibles; su incorporación al patrimonio cultural o los distintos modelos de urbanismo que se puedan cuestionar, como la controversia entre los modelos de la ciudad concentrada frente al de la ciudad dispersa, y un largo etcétera. Son estas cuestiones que habrá que analizar y que estudiar, debatir y consensuar.

No quiero terminar estas palabras sin agradecer la inestimable ayuda y aportaciones de todos nuestros amigos confinados y dedicar este artículo a todos nuestros grandes amigos, aquellos que en estos días nos han dejado y que espero descansen en paz.

Fernando Espinosa de los Monteros es Arquitecto, socio fundador de Grupo EME, miembro del Comité Científico internacional del Patrimonio del Siglo 20 (ISC20) y presidente de la Asociación Española del Patrimonio Arquitectónico del Siglo 20