El Grifo subasta un vino de 1881 por 4.500 euros

La bodega más antigua de Canarias extrae de dos preciadas barricas una botella para una donación benéfica para afectados por el covid-19

Barricas de malvasía de 1881 de El Grifo.
Barricas de malvasía de 1881 de El Grifo.

Cocineros, restaurantes, hoteles, marcas agroalimentarias, instituciones del sector y bodegas se han sumado a la subasta y a la tienda solidaria #JuntosSaldremos, en colaboración con Cruz Roja, con el objetivo de reunir fondos para los afectados directos, para los más vulnerables y para los profesionales que están en primera línea durante la pandemia sanitaria.

A esta iniciativa se ha sumado la bodega más antigua de Canarias, El Grifo, que ha decidido donar una botella de malvasía de 1881. El precio de salida es de 4.500 euros, la subasta comienza mañana, que comenzó ayer concluirá el 24 de mayo a las 22 horas.

El Grifo guarda dos partidas de vino de Malvasía de la cosecha de 1881, una de seco y otra de dulce, que no están a la venta y que forman parte de la historia de la bodega y de la enología española.

En pocas ocasiones se ha compartido esta joya: en 2013 se extrajeron del tonel tres botellas para el proyecto multidisciplinar de El Celler de Can Roca, denominado El Sueño.12 banquetes para 12 comensales en 12 ciudades del Mundo. Diez años antes se extrajo el vino necesario para dos botellas solicitadas por una cata en Vinoble (Jerez).

Ahora, con motivo de esta acción benéfica, se procederá a la extracción del vino de una botella de 30 cl (rellenando la merma con malvasía de 1956). La botella se vestirá con una etiqueta manual, que irá firmada por el enólogo y por uno de los dos propietarios de El Grifo.

El vino se elaboró en 1881 al modo tradicional que entonces se empleaba para los malvasías dulces: la uva se vendimiaba tardíamente, dejándola sobremadurar en la planta, alechigando cada racimo, es decir, retorciendo el pedúnculo para interrumpir el flujo de la savia.

 Tras la vendimia, si resultara conveniente, se completaba la pasificación con un asoleado de los racimos sobre esteras, durante tres o cuatro días más. A continuación se procedía a prensar con mucha dificultad esas uvas casi pasificadas. La fermentación del mosto se interrumpía mediante adición de alcohol vínico cuando se estimaba que el dulzor del vino-mosto era el conveniente. Los azúcares eran naturales y con el alcohol añadido se alcanzaron los 17º de alcohol en volumen (verificarlo). De todo esto han pasado 140 años.

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