Un plan de choque para una industria del automóvil en colapso

El sector reclama al Gobierno facilidades fiscales y ayudas a la renovación del parque por al menos 400 millones de euros

El derrumbe en las ventas de coches y todoterrenos iniciado el pasado marzo en España a consecuencia de las medidas de contención contra el Covid-19 se ha convertido ya en un colapso total. Las matriculaciones en abril se situaron en 4.163 unidades, lo que supone un hundimiento del 96,5% en comparación con el mismo mes de 2019: solo 823 vehículos vendidos en el canal particular y otro tanto en el de empresas. Pese a que Faconauto, la patronal de los concesionarios, ha recomendado que estos reabran sus puertas el 11 de mayo, con cita previa y cumpliendo los protocolos de seguridad para clientes y trabajadores, no se prevé que las ventas remonten hasta después del verano, y siempre con cifras inferiores a las de 2019. Porque una vez controlado el brote epidémico e incluso consolidada la nueva normalidad dentro de los plazos previstos, el motor deberá afrontar los efectos de una recesión que, entre otras consecuencias, reducirá drásticamente el consumo.

Las patronales de la industria del autómovil acuden mañana a una reunión con el Gobierno con estas cifras en la mano para plantear una estrategia pos Covid-19 que permita salvar el sector. Su propuesta incluye, además de un paquete fiscal, la puesta en marcha de un plan renove por una dotación presupuestaria de al menos 400 millones de euros dirigido a vehículos de todas las tecnologías. Los datos señalan que el 60% de las unidades que se vendieron en abril corresponden a vehículos de gasolina, por delante de los diésel y del resto de tecnologías. Además, las patronales reclama al Ejecutivo una nueva tributación que esté focalizada en el uso y no en la compra, lo que supondría la supresión del impuesto de matriculación, y que contemple que los vehículos eléctricos no paguen IVA.

La solicitud de ayudas a la compra para la renovación del parque automovilístico es una fórmula razonable para canalizar la ayuda y al tiempo tratar de avanzar en un objetivo que atañe a toda la industria europea de automoción: el proceso de descarbonización y transición a los vehículos limpios. A las dificultades y cambios que ese reto supone en sí mismo, se une ahora el escenario de una crisis económica de magnitudes históricas que golpeará con especial dureza a aquellas áreas de actividad directamente relacionadas con el consumo. La factura que la epidemia ha pasado al automóvil incluye hasta el momento, además del desplome de las matriculaciones, un recorte de más 400.000 vehículos en la producción y la presentación de ERTES que afectan a decenas de miles de trabajadores. Son razones suficientes para activar con urgencia un plan de choque que ayude a sobrevivir a un sector estratégico cuya actividad equivale al 10% del PIB.