Adivinar lo que van a hacer los mercados es imposible

Siempre, pero ahora más que nunca, lo importante es mantener una estrategia que permita sobrevivir en momentos de gran incertidumbre

Adivinar lo que van a hacer
los mercados es imposible

La mejor maestra en la vida es la experiencia. Te cobra caro, pero explica bien”. Me he acordado muchas veces de esta frase durante las ocho semanas pasadas. Ocho semanas, dos meses, en los que hemos vivido todo un repaso por la historia de los mercados financieros. Muchos han intentado tirar de manual, de proyecciones, de cosas del pasado que pudieran parecérsele. No hay nada. Esta situación no se parece en nada a cualquier otra que hayamos vivido y cuanto antes reconozcamos nuestro propio desconocimiento, mejor.

Han pasado un montón de cosas que nunca antes habían pasado y, desde luego, habiendo podido pasar, la realidad es que jamás todas juntas. Hagamos un breve repaso:

Hemos vivido la caída más rápida de la historia de las bolsas (un 35% de media en apenas cuatro semanas). Hemos visto la mayor caída diaria de la historia del Ibex 35; la mayor caída de la bolsa americana desde 1987, el mayor desplome del precio del petróleo en casi un siglo y el mayor incremento de la volatilidad desde la Gran Crisis Financiera. Esto por el lado malo. Pero, a continuación, también hemos visto lo siguiente: la mayor subida en un día de la historia del precio del petróleo, la mayor subida en solo tres días de la bolsa estadounidense desde los años 30, algunas de las sesiones más alcistas de la historia de los mercados y, haciendo balance de abril, una de las recuperaciones más rápidas y explosivas que se recuerdan.

Es como si nos hubieran pasado una película al triple de velocidad de lo habitual. ¿Qué enseñanzas podemos sacar de lo que estamos viviendo?

La primera, que tratar de prever movimientos como los que hemos vivido es sencillamente imposible, igual que lo es tratar de ponderar el impacto que puede tener en los mercados y en la economía la situación que estamos atravesando. Es una situación muy compleja, que abarca muchos ámbitos (sanitario, humanitario, económico, social, emocional, incluso geopolítico) y cualquier interpretación corre el riesgo de quedarse incompleta y superficial. Tampoco tenemos, de momento, la información real y precisa para poder realizar una valoración seria y apoyada en datos. Faltan muchos meses (o años) para poder hacerlo.

Por ello, vamos a centrarnos en lo que sí podemos saber y que nos puede servir para tomar mejores decisiones de inversión en el futuro. Para poder defenderse bien en una crisis hay que estar preparado antes de que llegue la crisis. Elevar la liquidez o incorporar coberturas en medio de la tormenta puede resultar tremendamente costoso, como también lo es apretar al botón del pánico y salirse del mercado. Es fácil de decir ahora que sabemos qué ha pasado en abril, pero los mercados tienen la mala costumbre de hacer lo que más duele. En febrero, en medio de la complacencia, baja volatilidad y altos precios, los inversores regresaban en masa a los fondos de renta variable. A finales de marzo, con caídas superiores al 30% y el índice de volatilidad en máximos históricos (por encima de 80), muchos inversores salían aterrorizados del mercado. Es un comportamiento típico y muy estudiado por el Behavioural Finance, pero se repite una y otra vez, validando dichos estudios. Nos pueden las emociones.

Quizá sea interesante estudiar la historia para estar preparados. Un inversor que invierta en Bolsa y tenga un horizonte temporal de 50 años, se enfrentará a unos 14 mercados bajistas. Esto supone que vivirá una crisis (caída de los precios de las acciones) cada 3 años y medio. La caída media de los mercados en las crisis es de un 36% (siendo simplistas, porque se considera que un índice entra oficialmente en mercado bajista -bear market- cuando su precio cae un 20% desde su máximo más reciente. Esto quiere decir que viviremos caídas de al menos un 20% y otras muy superiores, como así ha sido).

Aunque como inversores nos cueste ver cómo cae nuestra cartera en momentos de crisis, hay que tener en mente que es parte del camino que hay que recorrer para disfrutar de la rentabilidad en el largo plazo. Los mercados bajistas son dolorosos, pero la realidad es que los mercados se pasan la mayor parte del tiempo subiendo. En los últimos 91 años, han estado en positivo el 77% del tiempo y no han dejado de subir en el largo plazo. Como parte de la radiografía de los mercados bajistas, también hemos de recordar que la mitad de las mayores subidas diarias de la bolsa estadounidense en los últimos 20 años se han producido en mercados bajistas. Del resto, un 30% se dieron en los dos primeros meses de un mercado alcista, momentos en los que aún no se tiene claridad sobre la reversión de la tendencia, demostrando así que la mejor opción es permanecer invertido. A pesar de que la naturaleza de la situación que estamos viviendo es completamente excepcional, el comportamiento del mercado volverá poco a poco a sus cauces normales. Las bolsas se recuperarán antes de que lo haga la economía, subirán, aunque haya malas noticias y bajarán aun cuando las noticias sean buenas. Tratar de establecer relaciones de causalidad entre unas cosas y otras resulta complicado.

Un inversor que estaba invertido en el mercado y ha permanecido invertido está mejor que el que se salió en mitad de la caída. Hacer market timing nos obliga a acertar en cuándo hay que salir, pero también en cuándo hay que entrar y quien acierta en lo primero suele errar en lo segundo. Nos gustaría recordar una vez más, la importancia de tener una estrategia clara, que cuadre con nuestro horizonte temporal, tener una cartera diversificada, combinar distintos estilos de gestión y distintos gestores por debajo. Es lo que hacemos en nuestros fondos de fondos, donde también hemos podido incorporar coberturas que nos han ayudado a mitigar notablemente la caída. Hoy, un inversor que estuvo invertido en nuestra cartera global de renta variable durante 2019 y 2020, acumula una rentabilidad positiva de más del 10%, habiendo pasado por una de las peores caídas que recordamos. Quien hubiera invertido el 1 de enero de 2018 y haya vivido ya dos crisis a sus espaldas en menos de tres años, acumula una rentabilidad positiva de un 3%. No caer demasiado es clave para poder recuperar más rápido, a la vez que una cartera diversificada ayuda a evitar grandes errores que den al traste con el plan de muchos años.

Aunque hay muchas cosas que no sabemos, sí hay una que parece cierta: adivinar lo que van a hacer los mercados es imposible. De ahí que sea importante, hoy más que nunca, tener una estrategia que nos permita sobrevivir en momentos de gran incertidumbre.

Marta Campello es Socia y gestora de Abante