El cierre de restaurantes pasa factura a las pymes de productos perecederos

Las queserías, pescaderías y floristerías, entre las empresas más afectadas

Agroalimentación
Trabajadoras de origen marroquí recogen fresas en Cartaya (Huelva).

El sector lácteo, pesquero y agroalimentario lucha por sobrevivir a la crisis por el Covid-19. Pese a que su actividad no se ha paralizado al considerarse un servicio esencial en el decreto del estado de alarma del 14 de marzo, el cierre del canal Horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías) ha sido un mazazo para las pymes que venden estos productos perecederos al ser muy dependientes de este segmento. Además, las exportaciones han caído a medida que se ha extendido el confinamiento global.

“Cuando anunciaron el cierre de colegios en Madrid el 9 de marzo, paramos inversiones, nuevas contrataciones y hablamos con los bancos para ampliar la línea de crédito buscando liquidez. Podía venir algo gordo y podríamos sufrir bastante. Una semana después, la realidad superó por mucho las malas expectativas”, cuenta Carlos Álvaro Benito, director general del grupo Albe-Lácteas del Jarama.

Caen las ventas de leche en polvo, pescado congelado y cordero a China, Europa y EE UU

Esta empresa familiar, con 250 trabajadores y una facturación anual de 60 millones, es una de las afectadas. Sus ventas han disminuido desde entonces un 95% por la clausura de la restauración, que supone el 85% de sus ingresos. El 15% restante, gracias al cual subsiste, proviene del gran consumo.

“Se cree que la demanda ha subido, por el auge del consumo del 15% en los hogares, pero en realidad ha bajado en torno al 30%. Los quesos de vaca, cabra y oveja no se están vendiendo”, señala Álvaro, que ya ha aplicado un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) al 75% de su plantilla y calcula unos ingresos de un millón de euros del 15 de marzo al 15 de abril, el primer mes de cuarentena.

Empleados en la fábrica del grupo Albe-Lácteas del Jarama (Madrid).
Empleados en la fábrica del grupo Albe-Lácteas del Jarama (Madrid).

Las ventas al exterior podrían ser una opción, pero la empresa no pudo materializar ese sueño. “Teníamos varios proyectos en Oriente Próximo y el norte de África, con pedidos inminentes, pero esto lo ha paralizado de golpe”, lamenta.

Luis Calabozo, director general de la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil), dice que la peor parte se la han llevado las queserías: “Con ERTE masivos al quedarse sin circuitos de comercialización y sin capacidad para transformar la leche, fundamentalmente de cabra y oveja. La ganadería comienza a tener excedentes por la falta de mercado”.

El comercio exterior se ve también perjudicado. A falta de datos, en proceso de recopilación, Calabozo avanza que las exportaciones de leche en polvo y mantequilla a China se suspendieron durante los dos meses de confinamiento de dicho país, y que ahora se dificulta a Japón, Corea del Sur y Estados Unidos por la misma razón. “Lo que no salga en forma de leche en polvo, de commodity, se queda en Europa, y eso satura el mercado y ejerce presión sobre toda la cadena láctea española al entrar como excedente a un mercado tradicional que antes era deficitario”, advierte.

Pesca

No solo la caída de la demanda (restaurantes, principalmente) y la bajada de precios (50%-80%) ha reducido al mínimo esta actividad, también el temor a contagiarse, explica Javier Garat Pérez, secretario general de Cepesca. “Pararon el 60% de los barcos del Mediterráneo, el 50% de los del golfo de Cádiz y casi la mitad de los 4.200 gallegos, así como otras flotas de País Vasco, Cantabria y Asturias, hasta el 13 de abril”.

Ahora prácticamente toda la flota está en operación. Sin embargo, advierten de que esas salidas solo cubren los costes de operación, no dejan rentabilidad, por la falta de mercado y caída de precios. La Federación Nacional de Asociaciones Provinciales de Empresarios Detallistas de Pescados y productos Congelados (Fedepesca), la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores (FNCP) y Cepesca estiman unas pérdidas medias globales de, al menos, el 30% tanto en las flotas de altura y bajura como en las lonjas, distribuidores y minoristas.

Vista del muelle pesquero de Almería.
Vista del muelle pesquero de Almería.

El cierre de bares ha golpeado también a las pescaderías, muchas de ellas cerradas, y las exportaciones. “Tras dos meses de operaciones bloqueadas con China, Corea del Sur y Vietnam, comenzamos a tener noticias. Y ahora en EE UU”, añade, sin datos aún de la magnitud.

En Almería llegaron a operar solo 16 de las 78 embarcaciones de pesca de bajura (del día). Son barcos más pequeños y no pueden garantizar la protección de la tripulación, explica José María Gallart, gerente de la Organización de Productores de Pesca de Almería. Además, acusaron un desplome de precios de hasta el 60% en los mariscos.

"Esa merma de ingresos, sumado a la falta de financiación y la dificultad para recibir ayudas estatales, supone la pérdida de rentabilidad y puede abocar a cierres definitivos y despidos una vez superada la crisis del Covid-19", avisan.

Agroalimentación

Los productos gourmet, que se consumen en restauración, también han sufrido. El cordero (ternasco de Aragón y lechal de Castilla) es uno de ellos. El precio de uno vivo de 25 kilos pasó de 80 euros en enero a 50-60 en marzo. En tanto, las ventas que usualmente se hacen en Semana Santa a Francia, Italia y Grecia cayeron un 70% y se ha ralentizado a los países árabes (Libia o Jordania), relata Francisco Santolaria, ganadero ovino de Huesca, con una explotación de 1.000 cabezas, y presidente de la cooperativa Grupo Pastores, con 800 socios.

Lorenzo Ramos, secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), añade a esa lista el cochinillo, el cabrito y algunas carnes rojas. Y en el lado agrícola, las flores y plantas ornamentales, en plena campaña, por la anulación de festivos importantes (Fallas, Día del Padre, Semana Santa...) y el cerrojo de floristerías. “Entre marzo y mayo se factura hasta el 70% de todo el año”, avisa. Y las fresas, con un hundimiento del 50% de las ventas.

Los productores agrícolas y ganaderos ven especulación en la industria

“Vemos especulación por parte del sector industrial. Ofrecen al agricultor 0,40-0,50 centímos por el kilo de sandía cuando en el mercado no la encuentras a menos de 1,70-1,80 euros. Vamos a perseguir estos abusos ”, denuncia.

Este sector ha podido resolver, según la UPA, los problemas iniciales de alta demanda de mano de obra y de dificultad para el desplazamiento de los trabajadores (se permite viajar a dos personas en un mismo vehículo). “Hemos montado una red para que se apunte gente en nuestras oficinas territoriales, además de las solicitudes a través del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal) en las distintas autonomías. Hemos recibido un contingente de 7.000 trabajadoras marroquíes y se espera otro con 12.000 para la recogida de frutos rojos en Huelva y de hortalizas en Levante", señala.

El Covid-19 llegó, de hecho, en plena movilización del campo para exigir unos precios justos. Una reivindicación que apartan por ahora, pero que retomarán tras la crisis.

Peticiones

Fenil. Desde la patronal láctea reclaman ayudas para el almacenamiento privado, dar salida a la leche ovina y de cabra vía cooperativismo, industrias o su transformación en, por ejemplo, cuajada congelada de leche de cabra; reducir las importaciones y favorecer la producción local, activar los sistemas de intervención desde la UE y facilitar la liquidez.

Cepesca. La confederación ha solicitado a Bruselas que se modifique el Fondo Europeo Marítimo y de Pesca para que compense a armadores y tripulantes por el parón temporal y que se incluyan ayudas para el almacenamiento, así como la simplificación y flexibilización de este fondo. Al Gobierno español le han pedido que se acepte los ERTE por causa de fuerza mayor (están excluidos al ser una actividad esencial en operación) y se autorice la compra de test.

UPA. Los productores agrícolas y ganaderos demandan subsidios a la UE, el Gobierno y las comunidades autónomas para almacenar y congelar. Y la retirada de algunos productos hasta que se garantice un precio justo.

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