Tribuna

Homenaje a la fiscal Cristina Toro

Defendía con firmeza a su país, y fue en los tiempos más recientes, dedicada a la cooperación internacional en Iberoamérica, nuestra mejor embajadora. Hoy, deja una huella imborrable en sus compañeros

Cristina Toro, de pie a la derecha del exministro de Justicia, Rafael Catalá.
Cristina Toro, de pie a la derecha del exministro de Justicia, Rafael Catalá.

Decía Cicerón que la vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos. Ahora corresponde a los que aún nos encontramos presentes recordar la pasión que trasmitían nuestros amigos perdidos e intentar de forma humilde, mediante el uso de la palabra colectiva, que perviva con cariño su recuerdo entre nosotros. Tarea esta harto sencilla si nos referimos, como es el caso, a nuestra querida compañera y amiga Cristina Toro Ariza.

La muerte caprichosa, como siempre, pero en estas circunstancias la de Cristina, dolorosa, prematura e imprevista, se produce en un momento de incertidumbre para toda España, golpeando profundamente al conjunto de la Carrera Fiscal, baluarte del principio de seguridad jurídica, la Carrera Judicial, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y a todas las personas que tuvimos la ocasión de conocerla y dejarnos invadir por su jovialidad contagiosa, sus enormes ganas de vivir. Era una persona ocurrente, ingeniosa, graciosa, con chispa, esencialmente alegre, con ella no había lugar al aburrimiento; disfrutaba de sus amigos y con sus amigos; y de todos aquellos desafíos en los que se embarcaba.

En sus vacaciones no podía faltar la visita a su Cádiz, ciudad que siempre llevaba en su corazón. Recuerdo de esas estancias estaban las siempre cenas en la plaza de la Catedral de Cádiz, bajo la sombra de la blanca Torre del Reloj, donde Cristina nos deleitaba con ese sentido de humor tan característico, y esa risa tan contagiosa, de las anécdotas vividas en sus diferentes destinos profesionales.

Cristina era una fiscal valiente frente a la adversidad, sin pelos en la lengua pero siempre respetuosa. Luchó incansablemente desde la Asociación de Fiscales por y para la Carrera Fiscal en su conjunto, formando parte durante unos años de la Comisión Ejecutiva. Desplegaba coraje ante el desafío, nunca se achantaba ante la dificultad, no cesando en sus objetivos profesionales pese a que en diversas ocasiones fueran desatendidas. Tenía una personalidad fuerte, vibrante y nunca perdió la fe en su trabajo a la que junto a su familia y amigos decidió consagrar la vida.

Su marido José Miguel, sus hijos Cristina y Luis, y su familia eran pilares fundamentales en su vida. Con ellos compartía viajes (otras de su grandes aficiones), celebraciones, y grandes comilonas, porque Cristina era una gran cocinera, otra de sus pasiones inconfesas, y le encantaba intercambiar recetas de cocina con todo el mundo.

Superó la muerte de su padre muy joven, y encontró al embarcarse en la azarosa apuesta vital que consiste la preparación de la oposición a Anselmo Sánchez Tembleque, entonces Fiscal de Madrid y preparador infinito, convirtiéndose desde entonces en su guía, consejero, y gran amigo.

Inició su vida profesional en una plaza de primera división, la Fiscalía Provincial de Sevilla, en la que se fogueó en sus ilustres juzgados. Fue allí donde la caprichosa diosa fortuna hizo que conociese a su marido José Miguel con el que cual formó una pareja en la que cada uno aportaba un pedazo de un todo común indisoluble.

De Sevilla saltó a los juzgados de Plaza de Castilla de Madrid, lugar en el que estuvo muchos años destinada en el Juzgado de Instrucción n.º 12 y adscrita a las Sección 3.ª en la que muchos compañeros tuvimos el privilegio de conocerla como una fiscal experimentada en mil lides y de brillantes intervenciones en los juzgados. Asumió en la Fiscalía Provincial de Madrid la Delegación de Antidroga lo que le permitió al poco tiempo dar el paso y formar parte de la Fiscalía Especial Antidroga, rencontrándose con José Ramón Noreña Salto, jefe de esa Fiscalía y antiguo compañero y amigo de Sevilla.

En esos últimos años alcanzó algunos de sus más importantes logros profesionales, además del reconocimiento a su trabajo de largos años mediante la concesión de la Orden de San Raimundo de Peñafort y la Orden al mérito de la Guardia Civil distintivo blanco, cuerpo al que admiraba, respetaba y que llevaba en su corazón.

Defendía con firmeza a su país, y fue en los tiempos más recientes, dedicada a la cooperación internacional en Iberoamérica, nuestra mejor embajadora frente a jueces y fiscales de allende de los océanos unidos por siempre, a través del puerto de Cádiz, a una cultura común.

Hoy despedimos a Cristina de la Carrera y de los tribunales, dejando una huella imborrable en tus compañeros y cuya memoria perdurará en un mundo cambiante para ser recordada por todos los que te conocimos.

Sus compañeros de la Carrera Fiscal.

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