Hasta conocer el alcance de la crisis, los inversores deben ponerse a cubierto

Da igual si retribuyen con dividendos o no: ahora lo importante es preservar el capital

La peor de las situaciones para los inversores particulares, los empresarios, los analistas o los gestores profesionales de patrimonios es la incertidumbre, una circunstancia que envuelve ahora todos los contextos, y bajo la que tomar decisiones lleva aparejados unos niveles de riesgo prácticamente inabordables. La globalización de la emergencia sanitaria y su llegada con virulencia a las economías occidentales ha generado una sensación de crisis en la actividad económica tal, que es muy complicado cuantificar tanto la duración del episodio como su profundidad. La inversión, por tanto, especialmente para los particulares, debe quedar en suspenso hasta conocer el alcance verdadero, o al menos el aproximado, de la crisis. Cuando se conozcan los daños reales, el coste de su reparación y las herramientas para ejecutarla, podremos disponer de un horizonte más despejado para no incurrir en errores. Entre tanto, el dinero debe ponerse a cubierto. Porque, como siempre en el pasado, esto también pasará.

En solo una semana hemos pasado de la sensación casi general de que se trataba de un cuadro clínico pasajero y puntual que permitiría en el peor de los casos estimar una coyuntura en V, con pérdida muy intensa y muy concentrada para recuperarse a renglón seguido con la misma velocidad, a ser conscientes de que se trata de algo menos optimista. Ahora los únicos analistas que se atreven a esbozar cómo se comportará la economía hablan de un periodo prolongado para la recuperación, siempre que se tomen las medidas necesarias. Una recuperación en U y con un trazo de suelo de duración desconocida. Las pérdidas de producción, de empleo y de renta auguran una recomposición ulterior más traumática, con la desaparición de miles de empresas por el camino, especialmente en tejidos productivos tan atomizados como el español.

El carácter temeroso del dinero le lleva a refugiarse en los activos más seguros, como estas semanas ya se ha advertido. El tránsito hacia los bonos de más alta calificación, y de carácter soberano preferentemente, ha sido la tónica, junto con el castigo a los títulos de los Tesoros más endeudados y con sistemas productivos menos sólidos. En la Bolsa solo las empresas muy consistentes atraen el dinero de unos inversores que quieren estar a cubierto hasta que pase el temporal. Energéticas, tecnológicas consolidadas o concesionarias de infraestructuras, junto con farmacéuticas o aseguradoras, se perfilan como abrigos temporales. Da igual si retribuyen con dividendos o no: ahora lo importante es preservar el capital. Recuerden: esto también pasará.