Fernando Sánchez: “Si necesitas siete robots, mejor contrata a alguien”

Aboga por un futuro en el que máquinas y humanos puedan trabajar juntos cada vez mejor

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Robots barillistas que sirven café, brazos mecánicos que exprimen naranjas y las sirven a todo el que se lo pide, máquinas mezcladoras de alcohol capaces de preparar los cócteles más complejos en cuestión de segundos. Esta semana, Fernando Sánchez (Barcelona, 1968) se ha sentido en Ifema, donde se ha celebrado HIP (Hospitality Innovation Planet), feria de tecnología aplicada a la hostelería, como en casa. Empleado desde hace más de 20 años de Kuka Robotics, el consejero delegado para España y Portugal de esta empresa de soluciones robóticas conoce como pocos cómo ha sido la vertiginosa evolución de su sector en España.

¿Cómo era la robótica hace 20 años?

Cuando empecé, la robótica estaba todavía muy centrada en el automóvil, que es donde nace. En la segunda mitad de los noventa empezó a entrar en alimentación, farmacia, química…. Faltaban especialistas. La principal barrera era esa, había poco conocimiento e, incluso, miedo. Hasta se atentaba contra los robots.

¿Cómo era eso?

Los empleados, pensando que las máquinas les iban a quitar los puestos de trabajo, por las noches les cortaban los cables o provocaban algún accidente. Pero con el tiempo y con formación, la gente ha terminado viendo que los robots están para ayudarnos.

Pero sigue existiendo el miedo a que los robots eliminen empleo.

Sí, claro, y es normal. La gente está haciendo una tarea y de repente ve que llega una persona con una máquina que hace exactamente lo mismo. Pero la realidad es que los países con mejores niveles de automatización tienen menos desempleo porque sus empresas son más competitivas. Lo que hay que hacer es formar. Además, sigue habiendo un montón de cosas que los humanos hacemos fácilmente y que sería carísimo automatizar.

¿Por ejemplo?

La selección de productos en una cadena de montaje. Los humanos tenemos dos cámaras buenísimas, que son nuestros ojos, y dos garras complejísimas, que son nuestras manos. Y, sobre todo, tenemos nuestra experiencia, que nos dice que esa lata con ese golpe no se puede vender. Necesitaríamos una máquina rapidísima y con inteligencia artificial.

¿Cuáles son los principales problemas que presentan las empresas?

La sobreautomatización. Hay empresas que fracasan precisamente por eso.

¿Se ha sido muy optimista con la robótica y la inteligencia artificial?

Sí, sobre todo en la velocidad, más que en la meta. Muchos creen que las fábricas al final funcionarán solas. Bueno, es el objetivo. Pero falta muchísimo. Primero, faltan infraestructuras. ¿Está España preparada para un cambio así?

¿Les piden cosas a las que hoy en día no se puede llegar?

Sí, y es importante advertirlo a las empresas. Si vas a necesitar siete robots, siete cámaras y un sistema de inteligencia artificial para tu proceso, mejor contrata a una persona.

Con todo, ¿esperaban llegar a este punto hace 20 años?

No, se ha avanzado muchísimo. Por ejemplo, nuestro brazo exprimidor era impensable hace años por una razón: todas las máquinas que trabajaban en automático tenían que estar siempre separadas. Este brazo tiene un sensor que le permite coordinarse con las personas. Por primera vez, los robots y las personas podemos trabajar juntos.

¿Qué les solicitan hoy las empresas?

Velocidad, alcance y precisión. Y, en los últimos años, conectividad y que sea fácil de usar.

Las empresas quieren velocidad, alcance, precisión y conectividad

¿Y cómo se conjuga todo esto con el diseño?

En robótica, el diseño se entiende como algo funcional, que proporciona ventajas competitivas. Nosotros fuimos pioneros en prescindir del paralelogramo, un elemento mecánico. No solo nos quedó la máquina más esbelta, sino que conseguimos que se pudiera mover hacia atrás.

¿Cómo se puede dar este trabajo cooperativo?

Lo interesante es que ahora que podemos el robot haga una cosa y la persona otra. Algo repetitivo y penoso lo puede hacer la máquina, y aquello que requiera sensibilidad y conocimientos, nosotros.

Una de las claves en esto es la seguridad. ¿Cómo ha evolucionado?

Lo ha hecho mucho y bien. Las empresas son ahora más conscientes. Fuera del automóvil, hubo sectores, como el de la construcción, en los que hubo que explicar mucho. De vez en cuando, incluso, tuvimos que decir que en esas condiciones no automatizábamos nada.

¿Cuáles fueron las peores cosas que tuvieron que ver?

Personas trabajando junto a máquinas que pesan mil kilos y se mueven a ocho metros por segundo, apartándose cada vez que el robot se movía.

¿Qué le diría a un niño o niña al que le interese la robótica?

No parece que vaya a haber grandes revoluciones en la mecánica. Sí la puede haber en electrónica y programación, y es ahí, en esa mezcla difícil, donde creemos que habrá más demanda. Para encontrar este perfil a nosotros, por ejemplo, nos gusta apoyar concursos escolares e ir a buscar trabajadores a las universidades para que crezcan con nosotros.

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