Maribel López: “Hay que venir a Arco sin vergüenza y sin miedo a preguntar”

Asume su primera edición como directora de la conocida feria de arte

Arco

No es sencillo hacerse con un hueco en el calendario artístico mundial. Y tampoco es fácil mantenerse entre tanta competencia. La Feria Internacional del Arte Contemporáneo, Arco, que este miércoles inaugura su 39ª edición, tiene el primer reto ya asegurado. Y por ahora sigue manteniendo el nivel. Este año se esperan 209 galerías de 30 países, frente a las 203 del pasado ejercicio. Es un síntoma, opina Maribel López (Barcelona, 1973), la nueva directora de la feria, de “que gozamos de buena salud y buena confianza”. El salón, que mantendrá sus puertas abiertas hasta el 1 de marzo, aporta a la ciudad de Madrid cerca de 160 millones de euros cada año, según estimaciones de Ifema.

Esta es su primera edición de Arco como directora. ¿Qué novedades tendrá la feria?

Lo que hacemos desde aquí es generar un marco de trabajo exitoso para las galerías y los artistas, para que vendan todo lo posible. Para conseguirlo, este año tenemos la suerte, que es fruto del trabajo de muchos años, de que muchas galerías muy buenas o vuelven a Arco o llegan por primera vez. Por su parte, los programas y las secciones comisariadas se mantienen tal y como estaban, porque creemos que funcionan. Es importante darse cuenta de que dirigir una feria no es un ejercicio de autoría, sino de gestión en un marco creativo interesante. Es una estructura de la que dependen muchos negocios y muchas galerías, y hay que tener eso presente para no cometer ningún error.

Ha pasado por varias galerías, ha ­estado en curación artística, en equipos de comi­sariado... ¿Cómo se ve todo desde este lado?

Es un gran cambio, no sé aún si a mejor o a peor, porque acabo de empezar en la dirección. Pero pienso que es una consecuencia lógica de todo el trabajo que he venido haciendo hasta ahora. Siempre he trabajado para que a otros les fuese bien, y la tarea de la dirección de Arco es la misma: crear unos marcos positivos para galerías y artistas.

¿A quién se dirige Arco, al coleccionista veterano o al público en general?

Nuestro trabajo fundamental es que las galerías, y por ende los artistas, tengan éxito. Para eso son fundamentales los coleccionistas, las instituciones y los profesionales del sector. Hay una vertiente de eficiencia y de resultados que tenemos que trabajar, porque para que los artistas puedan vivir, las galerías deben vender. Más allá de eso, es verdad que el gran público es muy necesario también, porque el arte es un generador de ideas y se mueve en consonancia con la sociedad. Los artistas hacen sus obras pensando en todo ello.

¿Cuál es el peso de Arco en toda esta sinergia artística?

Tenemos un peso enorme, porque la feria es un momento de hipervisibilidad. Aquí se concentra el trabajo de todo el año de 209 galerías y de los artistas a los que representan.

¿En qué se traduce esto en términos económicos?

Es algo muy privado de cada galería, y la cifra global no la tenemos, porque no todas son públicas. Es en cierta manera frustrante, pero si las galerías vuelven cada año es que el salón funciona bien. Hay que tener en cuenta que hay muchas ferias en todo el mundo, y muchas conversaciones para comprar empiezan en un lugar y acaban en otro, sobre todo con piezas de cierta envergadura. A lo mejor en Arco no se vende una pieza muy importante, pero sí se fragua el contacto para que se venda meses después. Esto no va solo de ventas, sino también de contactos y de visibilidad.

¿Es el arte, y en concreto el contemporáneo, algo elitista?

No lo es. El arte contemporáneo es complejo y tiene muchas facetas, pero estoy prácticamente segura de que cualquier persona que pone un pie en Arco sale de aquí habiendo visto algo que le ha interesado. Bajo nuestro criterio, todo lo que se expone en el salón tiene valor y calidad. Pero es verdad que darse cuenta a veces requiere de un esfuerzo, como ocurre con la literatura, la música o las artes escénicas. Quizá es más difícil en el arte, porque la inmediatez hace que el impacto y la reacción sean más viscerales que en un libro de 500 páginas. Pero intentamos llevar a cabo diferentes medidas para combatir esto, como impulsar visitas guiadas para el público genérico. La idea es trabajar esa brecha, porque es verdad que esto no es entrar y comprender todo de golpe. Dora García [artista leonesa que participa con la galería Juana de Aizpuru] dice que el arte es para todos, pero que solo una élite lo sabe.

Hace falta entonces un entrenamiento.

Es necesario dudar, preguntar, mirar, debatir. Muchos empezamos en el arte no entendiendo, cuestionándonos, formándonos. Y tienes que enfrentarte a ello, es un proceso natural. Tienes que entender qué es el urinario de Duchamp, o el cubismo, que es algo realmente extraño. Y eso también se hace dudando. La gente tiene que entrar en Arco sin miedo a preguntar, sin vergüenza y sin complejos. Además, mientras se haga desde el respeto y el interés, las galerías están siempre encantadas de responder.

¿Por qué se compra más en Arco, por pasión o por inversión?

Por todo. De la misma forma que hay quien compra por pasión y acaba viendo cómo su obra se revaloriza con el tiempo. Todo es legítimo. Lo más bonito de comprar es que una pieza te llame, interesarte por el autor, investigar, seguir el trabajo del artista, y que al cabo de los años te des cuenta de que has acertado porque la pieza se ha revalorizado.

Arco siempre se ve salpicada por polémicas como la obra Presos políticos o el ninot del Rey. ¿Este año habrá controversia?

Creemos que no. De todas formas, es parte de la naturaleza del arte. La voluntad de generar polémica está en el ADN del artista. Es algo que ha pasado siempre y tiene mucho que ver con la idiosincrasia de Arco. El único problema es que hay otras 2.000 obras más, y que solo se suele hablar de las que generan este tipo de controversias.

¿Hacia dónde va el arte contemporáneo?

Veo más una mutación que un cambio brusco. De los límites en los formatos y técnicas ya no hace falta hablar, porque ya nadie está encasillado en la pintura sin poder pensar en el espacio, por ejemplo. Otra tendencia, obviamente, es la producción digital. Y también hay un regreso hacia la artesanía desde lo contemporáneo. Los artistas jóvenes están pensando en su trabajo con las técnicas tradicionales, con las manos, el textil, la cerámica… También se está hablando de la sostenibilidad, no haciendo obras que sean sostenibles, sino reflexionando sobre la sostenibilidad, el calentamiento global o el cuidado del medio ambiente.

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