La fantasía de fusiones del Tío Sam para el 5G sería una pesadilla

La idea de que la Casa Blanca o empresas dóciles entren en Nokia o Ericsson solo beneficiaría a los accionistas

Globo del Tío Sam en el desfile por Acción de Gracias de Macy's en Nueva York.
Globo del Tío Sam en el desfile por Acción de Gracias de Macy's en Nueva York.

La obsesión del Tío Sam con Huawei Technologies se ha transformado en una enfermiza fantasía de operaciones corporativas. El fiscal general de Estados Unidos, William Barr cree que el Gobierno o empresas nacionales dóciles deberían comprar Ericsson o Nokia para contrarrestar el dominio del gigante tecnológico chino en la telefonía de última generación. La idea es una afrenta a la forma de funcionar del capitalismo estadounidense. Y envolver a esos proveedores europeos en las barras y estrellas haría daño a todo el mundo, excepto a sus accionistas vendedores.

En una conferencia sobre espionaje chino pronunciada el jueves en la sede del think tank Center for Strategic and International Studies, en Washington DC, Barr dio respaldo oficial a una teoría que hasta ahora estaba circulando informalmente por la capital.

Huawei ya está prohibido en Estados Unidos, pero, para disgusto del presidente Donald Trump, sigue siendo fuerte. Representa casi un tercio del mercado mundial de equipos de telecomunicaciones móviles, lo cual la coloca en una fuerte posición para dominar el despliegue de las superrápidas redes 5G. Después de que la semana pasada Gran Bretaña resistiera la presión de EE UU para excluir a Huawei, Washington está contemplando ahora un apoyo directo a los dos principales rivales de la compañía con sede en Shenzhen.

Es difícil ver cómo funcionaría eso en la práctica. El Gobierno de EE UU casi nunca toma propiedad directa de las empresas privadas. Incluso la intervencionista Francia, que posee el 13% del operador de telefonía móvil con sede en París Orange, palidecería ante la posibilidad de adquirir una empresa con sede en un país extranjero.

Intimidar a grupos nacionales como Cisco Systems para que haga una oferta se enfrentaría con una fuerte resistencia por parte de consejeros y accionistas. La administración estadounidense podría ofrecer incentivos como jugosos contratos estatales, pero eso sería participar en la clase de manipulación del mercado por la que Washington suele reprender a China.

Cualquier adquisición casi seguramente destruiría valor. Nokia y Ericsson han evitado cuidadosamente verse arrastrados por la disputa tecnológica chino-estadounidense, por una buena razón. Ericsson, con sede en Estocolmo, tiene casi 13.000 empleados en China, mientras que el noreste de Asia representó el 10% de sus casi 24.000 millones de dólares de ventas del año pasado.

Convertirse en brazo del Gobierno de Estados Unidos amenazaría esos ingresos, así como los negocios de otras naciones emergentes que simpatizan con Pekín. Las plantas de fabricación en la República Popular también podrían estar en peligro.

El viernes, las acciones de Ericsson y Nokia subieron un 5,68% y un 6,95%. Cevian Capital, principal accionista de Ericsson, dice que el interés estadounidense es “positivo”, pero que cualquier operación debería basarse en una “valoración completamente diferente”. Los inversores pueden soñar con cobrar una gran prima. Para todos los demás, sería una pesadilla de fusiones.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías