El Brexit cierra una etapa y abre otra nueva tanto o más compleja

El riesgo de que Londres y Bruselas no consigan hacer sus deberes a tiempo es una salida sin acuerdo

Reino Unido se despidió el viernes de la Unión Europea tras 47 años de convivencia y lo hizo con una escueta ceremonia institucional que inaugura una nueva etapa tanto o más compleja que la que el país deja atrás. Después de tres años y medio de agónicos intentos de ejecutar el Brexit, ni los británicos ni los ciudadanos de la UE notarán de momento un divorcio que tiene pendiente la negociación de las futuras relaciones comerciales entre ambas partes y el cierre de algunos flecos de la salida. Londres y Bruselas tienen hasta final de año –aunque hay una posibilidad de prórroga – para concretar un tratado que ordene los intercambios comerciales, convierta a Reino Unido en un socio preferente de la UE y evite en lo posible que la factura del Brexit sea más grave y abultada de lo que ya es. Durante los 11 meses que restan para el 31 de diciembre, Londres mantendrá todavía un pie dentro de la UE, aunque sin participar en las decisiones políticas y normativas y a la espera de pactar las reglas que regirán el nuevo mapa político, económico e institucional europeo.

La salida de Reino Unido de la UE supone una victoria para Boris Johnson, que al contrario que sus dos antecesores en el cargo ha cumplido su promesa de ejecutar el Brexit sin ser engullido por este, pero es también un fracaso para un proyecto europeo que por primera vez desde su fundación da un paso atrás. Pese al mensaje institucional de Bruselas y las referencias a un nuevo “amanecer”, la retirada de Reino Unido del bloque comunitario es una mala noticia cuyas consecuencias prácticas se irán dejando ver en los próximos años. No será solo Londres, sino también Bruselas, quien deberá asumir una tarea de reflexión sobre los cambios que exige esta nueva etapa, que en el caso de la UE pasan por fortalecer una cohesión que el Brexit deja severamente agrietada.

Más allá de esos retos políticos, las futuras relaciones comerciales en la Europa pos-Brexit están por definir y el tiempo para acordarlas es muy breve, no solo por la complejidad de la materia, sino también por los plazos que habitualmente se emplean en la negociación de los tratados comerciales. El riesgo de que Londres y Bruselas no consigan hacer sus deberes a tiempo es un Brexit sin acuerdo comercial, que constituiría un desastre económico para Reino Unido, pero también un serio revés para la UE. Boris Johnson, que aspira a un tratado “aranceles cero-cuotas cero”, ha exhibido ya tesón político; ahora le toca a Europa demostrar agilidad y eficacia institucional.