Los coches voladores son una solución divertida para un problema menor

Toyota va a invertir 400 millones de dólares en una tecnología que está ahí... pero aún no tiene mercado

Prototipo de taxi aéreo de Volocopter.
Prototipo de taxi aéreo de Volocopter.

Los coches voladores casi están ahí. Toyota Motor va a invertir cerca de 400 millones de dólares en Joby Aviation, una startup que quiere acortar los trayectos al trabajo flotando sobre los atascos. La china Geely apoya a otra, Volocopter, y Hyundai está colaborando con Uber Elevate. Pero una inversión de un fabricante de automóviles con un valor empresarial de 232.000 millones de dólares da mucha credibilidad a lo que una vez fue una metáfora de lo imposible. La nueva tecnología ha puesto los taxis aéreos al alcance de la mano, y los reguladores les está empezando a entrar en la cabeza esa posibilidad. La trampa es encontrar clientes.

El hardware está preparado, gracias a los avances en el software y los materiales. Un catálogo de 2019 de las llamadas embarcaciones de despegue y aterrizaje vertical, o VTOL, enumera más de 250 modelos eléctricos a la venta.

Los ingenieros han realizado con éxito vuelos de prueba en Singapur y San Francisco. El mes pasado, la Agencia Europea de Seguridad Aérea aprobó los diseños de Volocopter. Sus defensores dicen que, en comparación con el helicóptero, los coches voladores son más fáciles de controlar, además de ser más limpios y silenciosos, cualidades que aprecian los reguladores de la aviación. Empresas ambiciosas esperan lanzar productos y servicios comerciales en los próximos dos años.

La última barrera es el beneficio. Los fabricantes de automóviles como Toyota pueden añadir valor ayudando a los ingenieros a producir a escala. Pero la demanda parece reducida. Los primeros objetivos son los pasajeros más ricos que realizan viajes de punto a punto en zonas urbanas de baja densidad, en lugares donde la infraestructura terrestre no es fluida; para traslados cortos al aeropuerto, por ejemplo, o saltos rápidos entre islas.

Existen otras aplicaciones potenciales en el transporte de mercancías y en la agricultura. La empresa china EHang, que empezó a cotizar en Nasdaq en diciembre, tiene múltiples fuentes de ingresos, entre ellas la venta de vehículos autónomos para pasajeros y servicios de exhibición de drones. Pero su folleto registra una pérdida neta de 6,7 millones de dólares en los primeros nueve meses de 2019. Otras startups tampoco son rentables, según un análisis de PitchBook Data.

Puede que los coches voladores de hoy sean variaciones de los helicópteros, pero la industria de estos valía en 2018 menos de 50.000 millones de dólares, incluyendo las aeronaves militares, según Fortune Business Insights.

Los datos de Refinitiv muestran que Airbus Helicopters, una de las pocas empresas del sector que publican datos financieros, registró un ebitda negativo durante el trienio 2016-2018.

La búsqueda de vehículos limpios está poniendo a prueba las finanzas de los fabricantes de automóviles. Los coches voladores son divertidos, pero hasta que los consumidores no se suban a bordo, a los inversores les van a estar cobrando de más por la carrera.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías