Contante y Sonante

Inevitable. Este año habrá otra oleada de despidos en banca

Los deberes para 2020: tener una eficiencia menor al 43%, rentabilidad superior al 7%, un ratio de capital del 12% y una mora por debajo del 5%

Ana Patricia Botín en el programa de Calleja
Ana Patricia Botín en el programa de Calleja EL PAÍS

os bancos europeos tienen una larga lista de deberes para cumplir durante el presente ejercicio. Por una parte, deben superar las recomendaciones de los analistas, que siempre influyen en sus cotizaciones de forma negativa o positiva. Pero sobre todo deben superar las imposiciones de los supervisores, como las del Banco Central Europeo, o las de los supervisores nacionales, en este caso del Banco de España o de la CNMV.

El presente año vuelve a ser un reto para el sector, cada vez más agotado por lidiar con unos negativos tipos de interés y un negocio también cada vez más maduro, con menor recorrido como consecuencia de la competencia con los neobancos o con la banca en la sombra, cada vez más activa en las grandes financiaciones corporativas. Las empresas, de hecho, reconocen que han logrado abrir otras vías para financiarse cada vez más en los mercados a través de emisiones de deuda y no tener que depender tanto de la banca.

Ante estos retos, el BCE ya comunicó en octubre al conjunto de las entidades financieras una lista con los deberes que tenían que cumplir a lo largo del presente ejercicio. La supervisión bancaria del BCE identificó entonces varias fuentes de riesgo para el sector bancario en colaboración con las autoridades nacionales competentes, los análisis micro y macroprudenciales del BCE, así como informes de organismos internacionales.

Los principales factores de riesgo identificados son: los retos económicos, políticos y la sostenibilidad de la deuda en la zona del euro. A ello se suma la sostenibilidad de los modelos de negocio, la ciberdelincuencia y las deficiencias tecnológicas.

El blanqueo de capitales se está convirtiendo en una obsesión para los supervisores, explican fuentes del sector

Otros factores de riesgo significativos anunciados por el BCE y ya comunicados en años anteriores hacen referencia a la petición para reducir más las carteras de activos adjudicados y préstamos dudosos (NPL). En el caso de la banca española estos activos adjudicados aún suman unos 40.000 millones de euros, una cifra que el supervisor europeo considera todavía muy elevada. El objetivo es que entre este año y el que viene desaparezcan todos de los balances del sector.

También vigila de forma especial la relajación de los criterios de concesión de crédito; algo a lo que el Banco de España ha dedicado varias advertencias. Para ello, la supervisión bancaria del BCE efectuará un análisis de seguimiento para entender más a fondo las prácticas y procesos de concesión de préstamos de las entidades. En función de los resultados, podrían estudiar actuaciones dirigidas a entidades concretas.

Las malas prácticas, el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo se van colando cada vez más en la agenda supervisora del BCE, según han detectado los propios bancos. Fuentes del sector aseguran que si tuvieran que apostar por una de las medidas en las que el BCE va a incidir más este año y en los próximos sería en “la lucha contra el blanqueo de capitales. Parece que ahora es su obsesión”, explican estas fuentes financieras.

Los riesgos del Brexit; las perspectivas mundiales y las incertidumbres geopolíticas; como la reacción a la regulación, y los riesgos relacionados con el cambio climático completan la lista de retos identificados por los supervisores.

Pero tras esta ristra de riesgos –unos habituales en la lista de retos y otros algo menos–, las recetas para su solución siguen siendo las mismas. Recorte de costes, lo que implica más ajustes, prudencia en el reparto de dividendos, más comisiones y minimizar los riesgos forman parte del decálogo del buen banquero.

Todos los bancos reconocen que en 2020 habrá una nueva oleada de cierre de oficinas y de recorte de plantilla. Los sindicatos también sospechan que este año tendrán que afrontar unas duras negociaciones para intentar limitar la previsible nueva reestructuración que esperan para el sector.

Los planes de digitalización que pretenden agilizar las diferentes entidades bancarias han puesto en alerta a los representantes de los trabajadores.

Los objetivos de los bancos están claros. Lograr una rentabilidad mínima del 7%, con la que se consigue cubrir el coste de capital, cerca más o menos de la que tiene en conjunto el sector, pero con grandes diferencias entre unos bancos y otros; una eficiencia cercana al 43%, frente al 54% que tiene de media los ocho principales bancos; un ratio de capital principal del 12%, que aunque en conjunto se supera, también hay diferencias entre unas entidades y otras. Bajar a menos del 5% la morosidad es otra de las peticiones más destacadas del BCE.

La transformación de la banca no ha hecho nada más que empezar.

Cambiando de asunto, solo un apunte sobre la intervención de la presidenta de Banco Santander, Ana Botín, en Planeta Calleja. Pese a que las preguntas estaban pactadas, y podría parecer que la aparición de la banquera con Jesús Calleja recorriendo Groenlandia tenía como objetivo eliminar la negativa imagen que tiene la sociedad de la banca, el resultado ha sido positivo.

Hay batallas que necesitan años para que logren influir en la sociedad, y solo un golpe de efecto puede acortar considerablemente el tiempo para que sus objetivos calen. Botín buscaba eso, y parece que lo ha conseguido en parte. Es verdad que hace unos cuantos años Ana Botín no creía en el feminismo, pero ahora sí. La gente cambia, todos cambiamos. Es verdad que hace unos años la banquera no se hubiera sometido a esta exposición pública, y menos aún hubiera implicado a su marido, Guillermo Morenés, que la acompañó en su aventura por Groenlandia.

Pero ahora, Ana Botín, que es reconocida como una de las mujeres más poderosas o influyentes del mundo, ha decidido aceptar el reto de exponerse a la opinión pública y confesar episodios íntimos de su vida. Su preocupación por la desigualdad de género y por los efectos negativos del cambio climático han sido la excusa de su aparición en un programa de televisión.

Es cierto que se han quedado en el tintero importantes preguntas sobre la trayectoria de Banco Santander, como el desplome de la acción del banco en Bolsa, la crisis reputacional del grupo tras el fichaje frustrado de Andrea Orcel como consejero delegado, el desgaste de la entidad tras la compra de Banco Popular, los más de 17.000 millones de euros que ha reclamado al mercado desde que fue nombrada presidenta en septiembre de 2014, o la importante destrucción de empleo en la institución como el elevado cierre de oficinas desde que se hizo con las riendas de la firma.

Pero también es cierto que Ana Botín no tenía necesidad de abrir la ventana de su vida en la televisión. Si ha conseguido concienciar a otras empresas y a los gobiernos sobre la desigualdad laboral de la mujer frente al hombre y sobre la necesidad de actuar con urgencia sobre el cambio climático, bienvenido sea, aunque de paso el banco haya logrado también su objetivo, mejorar su imagen.

La crisis financiera solo ha traído una cosa positiva, la banca ha tendido que bajarse de su altísimo pedestal y poner los pies en la tierra, y los banqueros más, aunque algunos no hayan dado cuenta aún.

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