Carina Szpilka: “La vicepresidencia debe tener competencias en la digitalización”

La exCEO de ING Direct en España preside ADigital y el fondo de inversión K Fund

Carina Szpilka: “La vicepresidencia debe tener competencias en la digitalización”

El último gobierno del PSOE fue el primero en incluir la Agenda Digital entre las competencias de un Ministerio tan potente como el de Economía. Ahora, cuando parece seguro que Pedro Sánchez volverá a ocupar la Moncloa, queda por ver, entre otros puntos, qué sucederá con todo lo relativo a la digitalización, así como qué grado de importancia tendrá esta área en el nuevo ejecutivo conformado por PSOE y Unidas Podemos. Carina Szpilka, presidenta de la Asociación Española de la Economía Digital (ADigital), ve con buenos ojos ese primer paso, pero pide más avances para que “el país no se quede fuera de la carrera digital”. En la actualidad, la ex consejera delegada de ING Direct en España, lleva también las riendas de K Fund, un fondo de inversión en startups tecnológicas.

¿Qué peso debe tener en el nuevo gobierno todo lo que atañe a la digitalización?

En su momento valoramos muy positivamente que la Agenda Digital se incluyese en la cartera de Economía, porque siempre estaremos a favor de poner la digitalización en el foco. Lo que ahora pedimos es que la digitalización sea una función que esté al nivel de la vicepresidencia, con competencias totalmente transversales. Es importante que tenga espacio en la economía, pero también en el turismo o la industria, en la energía, en el trabajo, en la educación, en la parte jurídica... La digitalización es algo global, con consecuencias en todos los ámbitos, por eso la vicepresidencia de un gobierno debe tener competencias en ella.

¿Cuáles serían las medidas más urgentes a adoptar en materia digital?

Todo lo que atañe a las startups es algo necesario a revisitar. También todo lo que se refiere al mundo laboral y a la relación entre trabajadores y empleadores, porque con cada vez más frecuencia la gente va a ser generadora de su propio trabajo, teniendo relación con más de una empresa a la vez. Es una cosa que tenemos que revisar clarísimamente en España, para adaptar y regular los marcos a la realidad del mercado. También es importante ayudar a impulsar a las pymes en la transformación digital, porque nos guste o no son las que crean el empleo.

Muchos de esos marcos laborales, como la figura del falso autónomo, ya están regulados. En concreto, prohibidos.

El futuro del trabajo cambia mucho y lo hace desde distintas perspectivas. Esa relación tradicional tan duradera entre empresario y trabajador ya no existe. De la misma forma que hay gente que quiere colaborar con más de una empresa a la vez. Sería necesario abrir una mesa de trabajo, en la que estén gobierno, sindicatos, representantes de las empresas y otros agentes sociales, donde explicarnos cuáles son las necesidades de estas nuevas relaciones laborales. Evidentemente, también desde la perspectiva de que a las personas que trabajan hay que cuidarlas y protegerlas, porque esto tampoco puede ser Jauja. Tiene que haber códigos de autorregulación que lancen las empresas para fijar cómo se trata a los empleados. Esto en Francia ya se está haciendo.

¿Qué particularidades tiene la transformación digital que se está viviendo en España?

Está siendo eminentemente defensiva. Las empresas se están poniendo las pilas, pero todavía no somos capaces, a nivel país, de ver el impacto de esta transformación y sus consecuencias en números reales. La economía española se ha defendido muy bien, pero tenemos nuestro talón de Aquiles en la productividad. En la productividad influyen el capital y la inversión, la innovación y el I+D, y el factor humano. A mí me preocupan los dos últimos, que hacen que la brecha con el resto de países se haga más grande.

¿Cuáles son los riesgos de quedarse atrás en esa carrera digital?

Corremos el riesgo de quedarnos como un país parque de atracciones, donde la gente venga a hacer turismo pero donde no se produzca la innovación. La infraestructura para correr la carrera la tenemos, lo que nos falta es adecuar el entorno y el mercado, donde está lo relativo a la financiación, la seguridad y la confianza, la regulación... Ese entorno debe anticiparse y no ser defensivo, sino inteligente, para no actuar como un freno. Es lo que tenemos que revisar en España.

El entorno y el mercado no deben actuar como un freno a la innovación

Londres, por ejemplo, denegó recientemente la licencia para operar a Uber.

En España tenemos el problema de la fragmentación regulatoria, que va desde los órganos centrales hasta los municipales. Pero también es un problema de Europa. Hemos hecho muchas cosas positivas, como el RGPD, que otros continentes o países están considerando, pero también otras en las que vamos un poco por detrás.

Cuando se habla de digitalización y del trabajo del futuro en muchos sectores surge el nerviosismo y el miedo derivados de la destrucción de empleo. ¿Es entendible?

Se entiende porque siempre se habla de una parte de la ecuación, pero no de la otra. Hay cantidad de empleos y de contribución económica generada tras la digitalización. La pregunta es si nos estamos preparando como sociedad para estos nuevos trabajos, y es ahí donde estamos perdiendo la carrera. El problema no es que desaparezcan algunos trabajos, sino que no preparamos para los que vienen. Hablamos siempre del trabajo del futuro desde la perspectiva negativa, pero esos trabajos van a ser mejores.

¿Existiría el desarrollador web de una empresa de delivery sin el rider que pedalea?

Lo que tenemos que hacer como sociedad es estar preparados para los trabajos que vienen, y no dejar pasar la oportunidad de competir en un nuevo mercado. Y también hay que poner en valor los beneficios de la digitalización en otras esferas, como la transparencia, la trazabilidad, la participación ciudadana o la recuperación de zonas despobladas.

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