Carpe diem... Sin descuidar el futuro

El ahorro privado debe ser fomentado por nuestros dirigentes, en beneficio de todos

Existe una importante presión social por la que se nos anima a vivir pensando solo en el presente. Si bien es importante estar pendientes del momento actual y no estar anclados en exceso en el futuro, no resulta nada conveniente descuidarlo por sistema: debemos ser responsables para con nosotros mismos, porque lo estaremos siendo también con los que nos rodean, evitándoles cargas eludibles. Y no hablo únicamente de los más allegados, sino del conjunto de la población.

Este pensamiento es trasladable a muy diversos ámbitos de la vida, pero centrémonos en el estatal o, más concretamente, en todo aquello que puede entenderse como un servicio público. Empecemos por decir que los, en ocasiones, mal entendidos conceptos de democracia y Estado de bienestar, en muchos casos pueden servir como impedimento para el desarrollo de acciones personales: autorresponsabilidad, realización de méritos propios, aportación de inteligencia, responsabilidad y eficacia, incluso para tener la posibilidad de llevar a cabo una libre toma de decisiones; todo ello, en la confianza de que el Estado se hará cargo de cuanto problema pueda surgirnos.

Y lo es porque todo servicio está ineludiblemente vinculado a la disponibilidad económica, incluidos (y a veces en mayor manera) los servicios de ámbito público. La universalización de la asistencia sanitaria o de otras prestaciones están garantizados en nuestro país. ¿Realmente son universales? ¿Hay verdadera equidad? ¿Da satisfacción a todos los ciudadanos? ¿Es justo? ¿Es lo mejor a los que podemos aspirar? Si así fuera, no sería necesaria la existencia de los servicios privados. Sanidad, dependencia, pensiones, educación... Estamos reforzando la idea de que contamos con los mejores servicios públicos, mientras asistimos a un auge de lo privado, y no exclusivamente porque se use para descargar diversos organismos estatales, que también. Esto es así por una simple razón: la gestión pública está a años luz de ser la adecuada. El dinero no llega, y menos si no se invierte adecuadamente.

Y así, el faraónico endeudamiento continúa aumentando junto con el colapso de los servicios y la pérdida de calidad: cada vez resulta más complicado que el Estado ofrezca una educación a la altura, una sanidad que cubra las necesidades de los pacientes, unas pensiones que permitan vivir al nivel que merecen quienes, con esfuerzo, han cotizado durante décadas.

Sí, es imprescindible pensar en el futuro, y para ello es necesario informar sobre él al objeto de fomentar la toma de decisiones personales y responsables, la participación y la aportación de la sociedad civil. En este sentido, el ahorro es prioritario. El carpe diem está a la orden del día, pero es la mayor de las irresponsabilidades. Es necesario pensar en imprevistos y no tan imprevistos, como la jubilación o la dependencia, ámbitos en los que lo público está demostrando no poder cubrir en toda su extensión. La tasa de ahorro de los hogares españoles cerró 2018 en el 4,9% de su renta disponible, mínimo histórico desde 1964 y muy lejos de la de las familias de la eurozona, que ahorran un 12,1% de sus ingresos. Y este ahorro privado debe ser fomentado por nuestros dirigentes, en beneficio de todos: de nuestro futuro y de la viabilidad de un Estado socialmente justo y responsable, que no alienan­te y dueño de vidas y haciendas.

Miguel Carrero es presidente del grupo PSN