Hay que aprender a disfrutar de perderse un rally irracional

El miedo a quedarse fuera ha provocado una burbuja en los sectores típicamente defensivos

El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jerome Powell.
El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jerome Powell.

 

Hace aproximadamente un año veíamos como llegaban a nuestras vidas y las de muchos inversores unos nuevos conceptos que prometían venir para quedarse un largo periodo con nosotros. Estas palabras, en inglés, eran NIRP, ZIRP o QE. Traducidas, “tipos negativos”, “tipos cero” o “flexibilización cuantitativa” (básicamente el engroso del balance por parte de los bancos centrales).

Pero si tuvimos un final de 2018 donde este efecto de complacencia parecía haberse difuminado, con fuertes repuntes en los diferenciales de deuda, la realidad es que 2019 ha vuelto cargado de fuerzas exógenas y no solo estamos batiendo récords de diferenciales, pulverizando los mínimos alcanzados antes de la debacle que comenzó en marzo de 2018 para los clientes conservadores, sino que el efecto ha calado más fuerte que nunca, y esta vez ha llegado a la renta variable de la mano de las consideradas compañías proxy del bono… Y en especial eléctricas, aunque no se salvan las infraestructuras ni otro tipo de compañías asociadas a un alto dividendo.

Y a pesar de que ya a finales de 2018 comentamos que la burbuja esta vez no se hallaba única y exclusivamente en los activos considerados tradicionalmente conservadores, he de decir que pocos esperábamos ver un movimiento tan virulento con la entrada masiva de dinero en este tipo de compañías. Dicho de otra forma, pensábamos que la irracionalidad quedaría limitada al perfil conservador, pero como siempre, la realidad vuelve a superar la ficción.

Por estos motivos, nos vemos obligados a añadir otros dos términos al glosario, previamente usados en psicología, que son en inglés FOMO y JOMO. Traducidos, “miedo a quedarse fuera” y “disfrutar de quedarse fuera”. Y es que el miedo a perderse un rally, íntimamente relacionado con el concepto de avaricia y el comportamiento Minsky, ha provocado una burbuja en los sectores típicamente defensivos, de ingresos recurrentes y demanda inelástica. Sin embargo, parece tener sentido, más que nunca, aprender a disfrutar de perdernos un rally del que no queremos participar, ya que históricamente no es sano – y menos aún lucrativo a largo plazo – participar de la irracionalidad.

Junto a ello y fruto de estas valoraciones, tenemos la extrapolación del consenso de unas condiciones presentes –unos costes de financiación en mínimos y máximas rentabilidades respecto del bono español– a futuro. Pero la realidad es más compleja que un simple modelo de valoración, y la distorsión de precios tenderá a corregirse más pronto que tarde. O más tarde que pronto, pero con ajustes más severos.

¿Pero cómo y cuándo se va a producir? El otro día escuchaba en una tertulia: “¡Nos pagan por el timing, invertir todos saben hacerlo!” y quizá este sea uno de los talones de Aquiles de la industria: desconocimiento entre lo que es invertir y dedicarnos al oscuro mundo de tratar de predecir las oscilaciones del mercado a corto plazo. Es la diferencia entre especulación e inversión.

Lo cierto es que no podemos predecir con precisión cuándo se producirá la corrección en precios, y las personas tienden a sentirse desamparadas sin algo a lo que anclarse... Necesitan escuchar fechas, números, días o motivos concretos –algo que los titulares o el propio Twitter ya les proporciona–, pero de nuevo la realidad vuelve a superar con creces a la ficción y nos encontramos ya con una lista de catalizadores casi infinita.

Cualquier tipo de desaceleración, aumento de incertidumbre geopolítica, encontronazos en la directiva del Banco Central Europeo, o la trampa de liquidez en la que nos encontramos y que ya ha comenzado a vivir Estados Unidos, teniendo la Reserva Federal que inyectar en el mercado interbancario en una sola tarde la friolera de 50 billones de dólares. Sí, han leído bien, el 16% del total del rescate financiero de 2008, en una tarde, en condiciones de pleno empleo y sin dificultades financieras… Al menos visibles. Y ya sabemos lo que ocurre cuando Estados Unidos estornuda: los demás nos resfriamos.

Por cierto, desde ese día se ha convertido en la nueva norma y cada tarde está inyectando entre 40 y 60 billones de dólares, llegando a proyectar hasta 120 billones diarios durante estas Navidades. Pero han insistido en que no es una flexibilidad cuantitativa. Quizá sea verdad y deberíamos llamarlo Federal Direct Lending; quizá la Fed solo quiere innovar y convertirse en fintech.

Ahora bien, esto no quiere decir que mantenerse fuera del mercado sea la decisión más acertada para el ahorro a largo plazo; de hecho, todos sabemos lo perjudicial que es el efecto entrada y salida para el minorista. Sin embargo, sí será crítico que su gestor de fondos sea consciente del momento en el que nos encontramos y que los rendimientos de su ahorro no dependan de las decisiones de una entidad supranacional, sino de la calidad de los activos que se encuentran tras ella, la viabilidad y sostenibilidad del negocio en cuestión y la resiliencia de este ante un eventual aumento de las turbulencias en los mercados para 2020.

La parte positiva está en que, si te preo­cupas por ello, ya no tienes que preocuparte. ¡Felices fiestas a todos y próspero año nuevo!

Thor Vega es analista de inversiones en Gesconsult