La gran certeza para 2020

Ciertos negocios han descontado ya un escenario catastrófico dejando abiertas excelentes oportunidades para la inversión

La gran certeza para 2020

Diempre recordaremos el año 2019 como un año de turbulencias y desaceleración económica global. Cualquier análisis a priori dictaminaría que un año de estas características debería tener repercusiones negativas en bolsa, pero, a diferencia de lo que indica el sentido común, 2019 ha sido uno de los años más positivos en bolsa.

Los mercados se mueven por expectativas, y los movimientos de este año han adelantado una mejora de la economía para la primera parte de 2020. La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha sido el principal catalizador de los mercados en el último año y medio. Que la economía global se desacelere tiene mucho que ver con este conflicto, que a su vez ha influido sobre las políticas monetarias de los Bancos Centrales, que también han dado soporte a las bolsas a través de sus continuas políticas monetarias laxas.

Con todo ello, nos hemos topado con un año 2019 muy complicado para la gestión activa. A la primera oleada de interés por los valores de corte defensivo tras la continuación de las políticas monetarias expansivas de los Bancos Centrales, como ha ocurrido en España con las eléctricas, le ha seguido una mejora sustancial de las tensiones comerciales, lo que ha provocado un mayor interés por los valores de corte cíclico en esta etapa final de 2019. Y como nadie tiene la bola de cristal, ha sido prácticamente imposible “acertar” el timing de ambos movimientos de mercado.

Es un pilar fundamental en la gestión de activos ser fiel a una estrategia coherente de inversión, sobre todo en momentos en lo que el mercado se mueve en una sola dirección, dando por sentado un único escenario a futuro. Este movimiento se ha repetido continuas ocasiones a lo largo de la historia financiera. La más reciente fue la burbuja de las puntocom, a principios de siglo. Entonces todo el dinero fluía hacia una serie de valores de corte tecnológico, sin detenerse a analizar los fundamentales de los negocios. Algo similar hemos visto este año en los valores de corte defensivo. Grandes flujos de dinero se han movido hacia ciertos valores por el simple hecho de que los tipos de interés iban a permanecer bajos durante más tiempo (este parecía el único escenario posible). El movimiento inicial tiene sentido (comprar valores defensivos cuando los tipos de interés bajan), pero todo tiene un precio, y participar en esta “exuberancia irracional” y dejar de lado la estrategia y los principios de inversión es un gran error.

¿Dónde estamos ahora? Esta es la gran pregunta y, al mismo tiempo, la mayor incógnita. No sabemos en qué punto del ciclo nos encontramos. Me van a perdonar la falta de visibilidad, pero, sinceramente, creo que es imposible emitir un juicio sobre la situación actual. Cuando los Bancos Centrales abandonan el sentido común y la economía global depende del estado de ánimo de una persona (Donald Trump), cuyo ánimo varía como un péndulo, es imposible vislumbrar el futuro de los mercados. Todo parece indicar que las tensiones comerciales se han rebajado tras el principio de acuerdo alcanzado el pasado mes de octubre, pero ya nos tienen acostumbrados a posponer el acuerdo y volver al punto de partida. Que las elecciones presidenciales en EEUU sean en 2020 debería presionar a la Administración Trump a firmar, esta vez, un acuerdo comercial que beneficie a EEUU (al menos la “primera fase” de ese acuerdo). Este escenario (no es el único, por supuesto) debería ayudar a estrechar el enorme gap que se ha producido entre los valores de corte cíclico y los valores de corte defensivo.

Y es ese gap de valoración lo que nos produce más seguridad para nuestras carteras. Como ya he indicado anteriormente, todo tiene un precio, y creemos que ciertos negocios han descontado ya un escenario catastrófico, dejando excelentes oportunidades de inversión. No hay nada más ilusionante para un gestor o un analista que ver como los grandes negocios siguen mejorando sus cifras y, al mismo tiempo, su precio de cotización se desploma, dejando un extraordinario margen de seguridad que, tarde o temprano, se va a corregir. Y de este escenario si estamos seguros. El mercado, ese lugar donde se cotizan sentimientos en el corto plazo, siempre recupera la cordura a largo plazo.

Lo que ocurra en la economía en el corto plazo seguirá siendo una incógnita, pero la irracionalidad con la que el mercado ha tratado a ciertos sectores este año se tiene que corregir. Nosotros seguimos siendo fieles a nuestra estrategia de inversión, más en estos momentos convulsos de mercado donde todo parece que ha cambiado y que nos estamos equivocando, pero conocemos la historia y ésta, aunque no se repita, siempre rima. La inversión en negocios excelentes comprados a buenos precios ha sido, y seguirá siendo, la mejor estrategia de inversión a largo plazo. Esta es nuestra gran certeza para el futuro.

Álvaro Jiménez es Analista de Renta Variable Iberia en Gesconsult