El riesgo de quebrar la confianza en nuestra logística exportadora

La tardía reacción frente a los bloqueos y sabotajes a los camiones de mercancías provoca pérdidas económicas, pero también de prestigio

El riesgo de quebrar la confianza
en nuestra logística exportadora

El Iván Redondo de Bill Clinton en su triunfal campaña electoral de 1992 se llamaba James Carville y acuñó para la posteridad la célebre frase “The Economy, stupid” para enfocar el mensaje de quien luego fue presidente mientras su contrincante, George Bush (padre), se concentraba en exhibir sus éxitos de política exterior y olvidaba los problemas más cotidianos de los votantes.

Estoy muy lejos de los logros profesionales de Redondo o Carville, por supuesto y, además, en España las elecciones ya han pasado (por dos veces en medio año), pero no me resisto a llamar la atención sobre el hecho de que mientras algunos se dedican a airear a los cuatro vientos lo de “Gobierno de progreso”, otros han estado cortando una de las principales vías en las que se basa el desarrollo económico español, creación de empleo incluido. Me refiero obviamente a los bloqueos llevados a cabo en la frontera con Francia y en otras vías de la red viaria catalana por exaltados saboteadores en nombre del separatismo. Bloqueos que nos hemos visto obligados a sufrir durante horas y horas por la falta de previsión y la lenta reacción de las autoridades.

Es conocido que, junto con Alemania, España lidera con un 33% el ranking europeo de peso del sector exterior en su propio PIB. Las exportaciones españolas –como también las importaciones– han batido récord tras récord en los últimos años. Solo en el primer semestre de 2019 se exportaron mercancías por valor de 147.408 millones de euros, un +1,7% sobre el año anterior marcando un nuevo récord (al igual que las importaciones), según los datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo. Dos tercios de ellas tienen como destino la UE y su principal vector es el transporte por carretera que hace posible día tras día que los bienes de equipo o los productos de alimentación, por citar los dos primeros componentes de esa exportación, alcancen puntualmente los mercados europeos.

El crecimiento de nuestro comercio exterior se puede calificar, sin duda, de un gran éxito para nuestro país y, en mi opinión, tiene dos protagonistas que están en la base de la confianza que los clientes internacionales han consolidado a la hora de hacer sus aprovisionamientos en el exterior: la calidad y conveniencia de los productos que ofrecemos y la capacidad logística archidemostrada durante años para asegurar que dichos productos están donde tienen que estar en el momento en que tienen que estar. No en vano, el transporte internacional por carretera español es el segundo de Europa en términos de toneladas kilómetro transportadas. Los bloqueos y sabotajes del 18 y 19 de octubre y del 11 de noviembre y las imágenes que toda Europa ha podido ver, con miles y miles de camiones parados no son, desde luego, la mejor de las credenciales para mantener esa confianza que desde Alemania, Francia o Reino Unido, tienen depositada en nosotros como agentes de transporte capaces de abastecer la demanda de sus ciudadanos.

Y ya se sabe, una vez rota la confianza y abierta la puerta a otros competidores, todo lo conquistado puede empezar a desmoronarse. Las muchas horas que los conductores y sus vehículos sirvieron de rehenes para los saboteadores sin que las autoridades interviniesen para restaurar la normalidad pesan como una losa en esa confianza exterior, como también pesan en la que los miembros del sector del transporte internacional por carretera podemos albergar en relación a nuestros dirigentes, más pendientes al parecer de cálculos electorales de corto plazo que de asegurar que se respeten los derechos de los exportadores, de las empresas de transporte y de sus conductores.

Me pregunto si el ministro de Fomento en funciones, José Luis Ábalos, repetirá las polémicas declaraciones que realizó a raíz de los bloqueos de mediados de octubre, en las que afirmó que “no se plantea la cuestión” de las indemnizaciones económicas a los transportistas afectados. En todo caso debo constatar, con tristeza, que no ha reflexionado mucho sobre el tema desde aquel día.

Basta mirar qué estaba haciendo el señor ministro cuando los pasos fronterizos de La Junquera y Le Perthus permanecían bloqueados de nuevo por los saboteadores de Tsunami Democràtic. Seguramente el lector lo sabe pero, por si acaso, recuerdo que en la mañana del lunes día 11, mientras miles de camiones, sus cargas y sus conductores soportaban estoicamente el bloqueo fronterizo, comparecía ante la prensa para tratar sobre los resultados de su formación política en las elecciones generales del día anterior. Da la impresión de que los saboteadores tienen más conciencia de la importancia estratégica del transporte por carretera que nuestros dirigentes políticos.

No solo se han perdido cientos de millones de euros, sino que la falta de efectividad de las autoridades ha permitido que los saboteadores hayan logrado dañar gravemente el prestigio de nuestra exportación. Es por ello que el Comité Nacional del Transporte por Carretera ha decidido emprender acciones penales contra los responsables, por acción o por omisión, de tan tremendo daño al transporte profesional y a la economía española. Hay que poner los medios desde ya –y vamos tarde– para que estas cosas no vuelvan a suceder y, entre otras medidas, no puedo dejar de señalar que resulta, en nuestra opinión, inexcusable abrir una tercera vía de paso transfronterizo: la Central de los Pirineos por Huesca, para que una parte de ese 70% de las exportaciones a Europa que moviliza la carretera tengan aún mayores facilidades para pasar que las que les otorgan las dos actuales opciones ubicadas en Gerona (La Junquera) y Guipúzcoa (Irún).

Como demostración de que realmente se ha tomado nota de la importancia crucial del transporte por carretera esperamos que pronto se disipe la duda de si de veras se acordará el próximo Gobierno de cumplir con la promesa que anunció el pasado junio de crear, tras décadas de reivindicaciones, un Ministerio de Transporte independiente de Fomento, que realmente responda a las necesidades del sector y de sus usuarios más allá de las infraestructuras que lo sostienen.

Ramón Valdivia es director general de Astic