Qué debe hacer Europa para liderar la inteligencia artificial

Alemania y España tienen la oportunidad de impulsar una industria que debe fortalecerse mediante la inversión y la cooperación transfronteriza

Qué debe hacer Europa para liderar la inteligencia artificial

No hace tiempo ya que los europeos perdimos el tren de la inteligencia artificial? ¿Tenemos la oportunidad de siquiera alcanzar a EE UU y China? ¿O nos han dejado atrás sin remedio? “No queremos terminar en el museo de la tecnología”, reclamó la canciller federal Merkel hace un tiempo a la vista de los desafíos de la digitalización. ¿Es demasiado tarde?

Los europeos nos ejercitamos en hacernos más pequeños de lo que realmente somos, también en lo referente a la inteligencia artificial (IA). Pero si observamos más de cerca, veremos enseguida que Europa puede entrar en esta competencia sin complejos.

Se trata, por supuesto, de mantener el ya muy alto nivel de la investigación y la tecnología punteras en el terreno de la IA y de su ulterior desarrollo. Pero se trata asimismo de lo que creo que es el enfoque bastante europeo de garantizar la dimensión humana en el desarrollo y la aplicación de la IA. ¿Qué tiene esto que ver con la dura competencia internacional? A la larga solo irá a la cabeza la tecnología que goce de la confianza de las personas. “Una IA ética es una propuesta beneficiosa para todos que puede suponer una ventaja competitiva para Europa”, dice, por ejemplo, el vicepresidente de la Comisión, Andrus Ansip. Europa podría así asumir el liderazgo en una “IA centrada en el ser humano, en la que las personas puedan confiar”.

La IA va encontrando su camino desde la investigación hasta la aplicación en la empresa. Grandes grupos digitales invierten importantes sumas de dinero en el desarrollo y el uso de las tecnologías de IA, al igual que empresas industriales que optimizan su producción con robots. En España hay que echar un vistazo, como hago yo regularmente, a las modernas plantas de fabricación de la industria de la automoción o las de sus proveedores para comprobar lo avanzados que estamos aquí, por ejemplo, en el internet de las cosas. ¡Los europeos no tenemos por qué escondernos! También las inversiones públicas están aumentando en todos los países de Europa.

Recientemente la Comisión presentó una estrategia europea y, sobre esta base, está preparando su implementación con los Estados miembros. En muchos desafíos es irrenunciable una mayor cooperación en el seno de Europa, aunque también a escala internacional, para un uso de la IA exitosa económicamente y al mismo tiempo centrada en el ser humano, sobre todo cuando se trate de aplicar reglas homogéneas y éticamente exigentes para el uso de las tecnologías de IA en Europa. ¿Cómo se presenta la evolución de la IA en Europa en comparación con otros grandes espacios económicos? Varios Estados de la UE ya han presentado estrategias propias, por ejemplo, Alemania, con una Estrategia Nacional de IA, y España, con la Estrategia Española de I+D+I en Inteligencia Artificial del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

También debido a la gran importancia de la tecnología punta para las industrias de nuestros dos países sería oportuno que ampliásemos nuestra cooperación en el ámbito de la IA, por ejemplo, mediante un intercambio bilateral sobre nuestras estrategias y el fortalecimiento de la cooperación entre científicos e instituciones de investigación alemanes y españoles.

Se trata ahora de que todos sustentemos estas estrategias mediante importantes inversiones. El Gobierno federal de Alemania tiene previsto invertir en IA 500 millones de euros anuales adicionales desde 2019. Pero a ello se deberán sumar además importantes inversiones privadas. Solo así –y solo con una cooperación intensa a escala europea– será posible competir con EE UU y China. Desde hace años, sus Gobiernos, además de grupos tecnológicos de gran potencial financiero, invierten grandes sumas en el desarrollo de IA. Pero hay otros desafíos. Europa debe no solo emplear su potencia tecnológica y aprovechar su posición de mercado, sino además defender ofensivamente sus valores para codiseñar reglas internacionales y establecer criterios en la UE.

Ahora podremos poner en práctica con éxito numerosos desarrollos de sistema en el marco de asociaciones transfronterizas en innovación. Por ello, con sus socios europeos de los ámbitos de la ciencia y la economía, Alemania fomentará proyectos de cooperación, por ejemplo, en el marco de un clúster Eureka. Hay que desarrollar, por ejemplo, hubs digitales, conectar los centros nacionales de excelencia a escala europea y coordinar los programas de investigación europeos y nacionales. El objetivo a medio plazo debe ser una red europea integrada, conformada por ciencia y empresa que coopere dentro de un marco común de valores y regulaciones (AI europea). Además, desde la óptica alemana, también se podría realizar un proyecto importante de interés común europeo en el ámbito de la AI, que establecerían conjuntamente y financiarían proporcionalmente los socios interesados. Asimismo, el Gobierno federal aboga en las negociaciones en curso por unos presupuestos europeos modernizados, que preparen a la UE para el futuro e incrementen su capacidad innovadora.

La IA ofrece a nuestra ciencia, empresa y sociedad tantas oportunidades como desafíos. Los europeos no tenemos motivos para lamentarnos sobre trenes que ya pasaron. El hecho de que pongamos la IA al servicio de las personas y no a la inversa no es en absoluto una desventaja competitiva, sino una virtud que debemos poner mucho más en el foco en nuestros debates. Claro está que no podemos quedarnos mano sobre mano y que tenemos un trecho por delante. La clave está, como siempre, en la estrecha cooperación transfronteriza de los Estados miembros de la UE, la Comisión y la industria. Aquí Alemania y España pueden desempeñar juntas un papel de liderazgo.

Wolfgang Dold es Embajador de la República Federal de Alemania