Cómo hablar de política en el trabajo y sobrevivir en el intento

Debatir puede crear vínculos, dicen los expertos, aunque el respeto debe prevalecer, a pesar de que significarse puede tener repercusiones y desembocar en una fuga de talento

Los cinco candidatos a la presidencia, durante el debate que celebraron la semana pasada.
Los cinco candidatos a la presidencia, durante el debate que celebraron la semana pasada. Getty Images

Ni de fútbol, ni de política, ni de religión. La norma sobre las conversaciones prohibidas cuando se está sentado a la mesa es clara, pero fuera de ella, omitir esta recomendación también puede acarrear consecuencias. Es el caso de los entornos de trabajo, donde este tipo de discusiones puede desembocar en tensiones, mal ambiente e, incluso, trato discriminatorio. El profesor de Dirección de Personas y Organización de Esade Norbert Monfort asegura que para generar entornos de confianza y cooperación es recomendable tener todo tipo de conversaciones. Sin embargo, “hay organizaciones, jefes y compañeros con los que es mejor no tratar determinados temas por las represalias o la etiqueta que te puedan poner”, matiza. La línea roja, según Elisa Sánchez, del Colegio de Psicólogos de Madrid, está en tratar de racionalizar decisiones tan emocionales y tan ligadas a la identidad personal. “Se puede hablar de política, el problema está cuando se intenta convencer al otro, eso es lo que suele acabar en discusión”, desarrolla.


Según el estudio Polarización afectiva: entre el tribalismo y el absolutismo moral, elaborado por los investigadores Hugo Viciana, Ivar Rodríguez Hannikainen y Antonio Gaitán, los individuos con opiniones más fuertes y absolutistas sobre los temas morales de la agenda pública –tauromaquia, aborto, subvenciones o bienestar animal, entre otros– son más proclives a mostrar animadversión si su jefe o su entorno tienen una ideología política opuesta, mientras que quienes le dan menos importancia pueden lidiar mejor con personas diferentes.

El respeto mutuo debe ser el pilar de cualquier debate, pero la ideología se sitúa tan vinculada a la identidad individual que cualquier comentario puede ser entendido como un ataque personal. “Cuando alguien defiende una postura distinta, interpretas que están intentando cambiar algo muy esencial de tu persona”, apunta Sánchez. Por ese motivo, Monfort recomienda no iniciar discusiones si no se está preparado para gestionar las emociones derivadas de las posibles respuestas. “Tener diálogos abiertos genera mayor confianza y más sentimiento de equipo. Sin embargo, la madurez organizativa y personal es la principal barrera a la hora de discutir”, apunta.
Aunque las medidas que se pueden adoptar dependen mucho del entorno, el profesor de EAE Business School Jordi Vilá opta por evitar llevar a cabo determinadas manifestaciones, pues en un momento tan convulso y de tanta crispación como es el actual, posicionarse políticamente puede resultar fatal. Incluso en un ambiente aparentemente afín, “si se produce un cambio, por ejemplo, en la dirección ejecutiva, tú ya estás significado”, recuerda.

Los procesos de selección también son un momento de fricción. “Cuando se presentan dos currículos, aunque uno sea evidentemente mejor que otro, se acaba favoreciendo al que tiene la misma ideología, incluso por encima de la raza”, comenta el profesor de la Universidad Carlos III Antonio Gaitán. En un momento en el que la diversidad está en boca de todas las direcciones de recursos humanos, el experto recuerda que contar con un abanico ideológico plural también puede ser beneficioso para la empresa: “Se ven las cosas desde otro punto de vista y se tiende menos al absolutismo”. De hecho, si predomina una creencia en concreto, es probable que quienes piensen de manera diferente no se atrevan a manifestarlo por miedo al rechazo.

“Si es necesario ponerle filtro a algo tan importante como tus valores y creencias, ¿qué puede aportar esa organización?”, cuestiona Monfort. Esta incomodidad podría llegar a desembocar en una fuga de talento. “Hay determinados ambientes o trabajos en los que no lo vas a pasar bien si tienes determinada ideología, lo que hace que estas personas se acaben marchando”, señala Vilá, quien asegura que, estando al frente de procesos de selección, le han llegado a pedir que se fijara preferentemente en candidatos afines a determinado partido.

Con el resto de recomendaciones que se presuponen antes de sentarse a la mesa Vilá solo coincide a medias: “En el trabajo, hablar de fútbol puede ser una manera de quitarle hierro a la cosa y no suele ir más allá”. Sin embargo, la religión también puede ser un motivo de conflicto. “Si en la cúpula de la organización hay una línea marcada en un sentido o en otro, eso va a determinar también las políticas de la compañía”, concluye.

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