Francisco Bermúdez “Hay que tener miedo a la brecha digital, no a los robots”

Dirige la filial española desde hace año y medio

Francisco Bermúdez “Hay que tener miedo a la brecha digital, no a los robots”

Desde hace pocos meses ocupan la mayoría de las plantas de un edificio diseñado por Rafael de La-Hoz en el norte de Madrid, donde Capgemini ha trasladado su sede principal en España. En todo este tiempo, la filial ha estado liderada por el suizo de origen español Francisco Bermúdez (Lausana, 1970), presidente de Capgemini en el país desde hace año y medio, pero en la consultora desde hace más de dos décadas. Estudió Telecomunicaciones en la Universidad Einev de Suiza, un MBA en Stanford y un PDG en IESE. Ahora ayuda a las grandes empresas del Ibex a afrontar la transformación digital.

¿Se ha digitalizado ya el Ibex 35?

Creo que todas las grandes empresas ya han tomado conciencia de la necesidad de transformarse. Hace unos pocos años quizá eso no terminaba de calar, pero hoy ya son conscientes de la diferencia que hay entre la digitalización y la transformación digital. Y eso es un paso muy importante.

¿Cuál es esa diferencia?

Digitalizarse es poner un barniz sobre los procesos y la forma de trabajar originales, como mejorar la web o los sistemas informáticos. La transformación digital es hacer las cosas de manera completamente distinta apoyándote en la tecnología. La banca y las telecos son los sectores más avanzados, y otros que han llegado tarde se están poniendo las pilas. Pero todos los comités de dirección han tomado conciencia de que la tecnología es una herramienta diferenciadora para acometer proyectos de calado.

Según datos recientes de Capgemini, solo el 28% de las empresas europeas –un 21% en el caso español– cumplen hoy el RGPD. También ha habido críticas y trabas en la aplicación del registro horario. Esto también es digitalización, y parece que cuesta.

No es fácil aplicar el Reglamento General de Protección de Datos. Requiere de mucha inversión y, sobre todo, de un cambio en los procesos. En cuanto al registro horario, el problema no ha sido de la tecnología, sino de los plazos que ha dado la Administración. Es verdad que las compañías han llegado tarde a la fecha señalada y que las leyes no eran del todo claras, tanto en una cosa como en la otra, pero todas han empezado a moverse. Creo que no ha sido un problema de tecnología, sino de plazos.

¿Cuál es la mayor dificultad que tiene hoy el sector tecnológico?

No hablaría de dificultades, sino de retos. Uno de ellos es hacerse con el talento, porque cada vez hay más carencia de perfiles. Otro es la anticipación al cambio y la innovación. Y también todo lo relacionado con la seguridad y la parte ética. Tenemos el gran reto de que la inteligencia artificial [IA], una de las herramientas con más perspectiva de crecimiento, no discrimine, porque si nos basamos en patrones presentes para predecir el futuro no superaremos los fallos que hoy tenemos.

¿Cómo se puede encarar esto?

Creo que es importante que la ética esté en la dirección de la empresa, para que siempre nos cuestionemos si lo que hacemos tiene esa vertiente o no. Por ejemplo, estamos en un sector en el que hay más hombres que mujeres. La IA podría coger estos datos y estadísticas y, a la hora de buscar empleados, seleccionar a una mayoría de hombres, simplemente porque son más. Eso empeoraría la situación. Lo que hay que hacer es dotar a la IA de herramientas o mecanismos que eviten agrandar un problema. Por eso, cada vez que se utiliza la IA hay que asegurarse de que no se están reproduciendo errores.

La ética debe estar presente en la dirección de las empresas

¿Qué opina del debate generado en torno a la pérdida de puestos de trabajos a causa de las nuevas tecnologías?

Es un pensamiento lógico, porque siempre ha habido mucho miedo hacia lo desconocido. Pero es algo que no va a pasar, porque las nuevas tecnologías traen consigo nuevos empleos que hasta hace poco no existían. El riesgo que yo veo, y que sí es real, es la separación digital de la sociedad, y eso sí que es para tener miedo y estar preocupado. Porque si no estás formado tecnológicamente te quedas excluido del mercado laboral. Hay que tener más miedo a la brecha digital que a un robot, porque lo que te deja sin trabajo es lo primero.

Junto a la destrucción de empleos, algunos trabajos digitales se asocian a la precariedad. ¿Es esta otra causa de ese recelo?

No podemos negar que hemos pasado una crisis importante que ha afectado al mercado laboral. Pero nuestro sector es distinto, porque falta talento, faltan personas que no conseguimos encontrar. Esto debería ser un remedio contra la precariedad, porque quien trabaja en nuestro sector puede elegir dónde hacerlo y encontrar remuneraciones y situaciones justas. La formación en tecnología evita la precariedad. Porque la precariedad está muy relacionada con estancarse en un trabajo, con no adaptarse a los cambios. Si tú te formas en lo que viene tienes menos posibilidades de caer en la inestabilidad.

La formación en tecnología es un remedio a la precariedad

¿Son una metáfora de esa brecha digital el ingeniero que desarrolla la aplicación de una plataforma de envío a domicilio y el rider que lleva el pedido?

No sé si son la metáfora. Pero es obvio que estamos en un mercado competitivo, y la educación es clave. Estar formado te da la oportunidad de trabajar en puestos dignos, con valor, proyección y buenos sueldos.

Los expertos hablan de riesgo de recesión económica. ¿Por qué deberían las empresas invertir en tecnología?

En momentos difíciles hay empresas que recortan y otras que invierten más. Yo haría lo segundo, porque la tecnología es un factor diferenciador. En una desaceleración la tecnología permite cambiar más rápido y adaptarse antes a una nueva situación. Hay empresas que han crecido mucho en momentos de crisis y eso ha sido por jugar bien la baza de la tecnología.

Capgemini ha lanzado una OPA para adquirir Altram. ¿Qué pretenden conseguir con esta compra?

Convertirnos en un grupo mucho más versátil, porque somos empresas distintas con mucho en común. Nosotros estamos enfocados a los sistemas de información de gestión, y ellos a la parte industrial de las empresas. Esa combinación nos permite abordar la industria 4.0 o industria inteligente. Sobre todo porque, gracias a la tecnología, las empresas cada vez diversifican más su negocio, entrando en áreas que escapan a sus sectores tradicionales. Ha ayudado a borrar las barreras entre sectores.

Normas