Políticas públicas para el emprendimiento tecnológico femenino

No se trata de prender fogonazos disruptivos, sino de articular empresas sostenibles

La incorporación de la mujer a los sectores tecnológicos e innovadores es una cuestión recurrente. Aparece en el debate público en distintas vertientes, bien sea por la gratuidad de la matrícula en los estudios STEM o bien por el esfuerzo por estructurar políticas públicas para reducir la brecha de género en el sector. A pesar de los esfuerzos, según datos recientes, las mujeres representan alrededor del 30% de las profesionales del sector y la presencia en titulaciones universitarias ha disminuido de 36% al 12% en veinte años. Por tanto, se puede aseverar que el diagnóstico es claro, pero no las causas que llevan a la mujer a tener menos peso en un sector decisivo para la creación de empleo, la riqueza económica de un territorio y el desarrollo profesional.

En un reciente desayuno organizado en ESADE Alumni, se planteaban propuestas para elaborar unas políticas públicas que consigan seducir al público femenino e incorporarlo a empresas e iniciativas tecnológicas, auténticos yacimientos de nuevos empleos. La igualdad, pues, principia en esta orientación de actividad profesional que permite la autonomía personal y la independencia financiera. Por eso, interesa por igual que el sector público pavimente un camino de decisiones y que el privado tome conciencia de la creación de valor femenino. Por mencionar algunos ítems de esta última, aparecen las cuestiones relacionadas con la economía de la empatía y el diseño, vistas las capacidades femeninas para mejorar la experiencia de usuario, la orientación al diseño, así como el uso intensivo de la intuición y no solo los mecanismos racionales. Estos elementos construyen la identidad de las firmas y afectan a la cuenta de resultados, cuestión esencial para mantener las decisiones en el tiempo.

Desde el punto de vista de la dirección estratégica, la incorporación de las mujeres a los consejos de administración y a los negocios emprendedores debería verse como una oportunidad para abrir nuevos horizontes de gestión, mejorar la sostenibilidad de los negocios frente al crecimiento endógeno y reducir el riesgo de decisiones apenas calculadas, que suelen estar ligadas a la vanidad personal que a la cuenta de resultados. Se destacó una debilidad que las escuelas de negocios deben trabajar con las mujeres, que es la excesiva orientación al detalle y al perfeccionismo. No se trata de reducir la calidad de los procesos o productos, sino de aprender técnicas de producto mínimo viable, lean startup y otras metodologías ágiles. Otro aspecto de la educación ejecutiva que ha de aprovecharse es la capacidad de las mujeres para finalizar y sostener proyectos en el largo plazo, lo que redunda en mejores rendimientos para la inversión. No se trata, entonces, de prender fogonazos disruptivos, sino de articular empresas sostenibles, con o sin impacto diferencial en otros ámbitos no financieros. Son dos apuestas distintas. Por último, las otras habilidades directivas que ahora demanda en el mercado aparecen como oportunidades.

Con esta finalidad, se discuten qué medidas son efectivas para la incorporación sistematizada de la mujer a las empresas tecnológicas. No existe una posición clara sobre el modelo de cuotas reglamentarias: unas autoras no son partidarias, mientras que otras consideran que es el único camino para ejecución efectiva del cambio. Me interesó una idea fuerza que apareció en el debate, casi de forma literal: “sí, estoy este evento por cuota, pero me mantengo por mis capacidades”.

En este ambiente preelectoral, conviene finalizar con cuatro peticiones concretas y expresas de cómo acelerar la presencia femenina en las industrias de base tecnológica.

La visibilidad de la mujer en puestos de alta dirección, responsabilidad y ejecución. De manera natural, habrá de extenderse hacia puestos de decisión financiera y de producto. Más visibilidad significa más espacio en los medios de comunicación, en las funciones estratégicas de la empresa y en los puestos clave de la administración general del Estado. Naturalizar la mujer emprendedora, directora financiera o tecnóloga necesita su reflejo en la vida pública.

La educación y la conciencia del acceso a titulaciones STEM. La brecha existe y, según apuntan, se genera en los primeros años de secundaria. Si de verdad interesa sumar vocaciones, hay que indagar nuevas prácticas que contribuyan a que la mujer quiera matricularse y terminar sus estudios en esta materia.

La misión de la organización privada. El sector público debe normalizar técnicas directivas y métodos que cambien el método de reclutamiento, que prime la conciliación, que incorpore nuevas técnicas de selección (¿CV ciego?) y que fomente la corresponsabilidad en el cuidado de menores… ¡y de mayores! Si el sector público empuja en esta línea, es probable que el privado capte las mejores ideas y las aplique. No esperemos que la locomotora actúe al revés.

La revisión de la idea de talento. Hay que incorporar más mujeres ingenieras, tecnólogas y demás profesiones STEM, pero en la sociedad digital no todo puede reducirse al uso de herramientas. El talento tiene incluir nuevos aspectos de la realidad económica y social, como la capacidad de generar negocios que vertebren la comunidad, empoderen a las minorías o que generen bienestar social.

En suma, como mejor resumió María Ángeles Sallé, directora del Observatorio Nacional de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información, si queremos afrontar el desafío de la incorporación de la mujer habremos de cambiar a través de procesos sostenibles en el tiempo y vinculados a la empresa, no solo dependiente de la aprobación de un reglamento. Será un camino largo para instituciones públicas y privadas, así que conviene andar cuanto antes el primer paso.

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Acabo de publicar “Diplomacia corporativa: la nueva inteligencia directiva” en UOC Editorial (2018).

@juanmanfredi

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