El emprendimiento sénior ya seduce a los inversores

El 11,9% de los mayores de 45 años lanzaron un proyecto el pasado año, frente al 10,8% de los menores de 35 años

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Una de las mayores desventajas del mundo emprendedor son las prisas por madurar el proyecto y por conseguir una rentabilidad casi instantánea. Y ahí, la celeridad y la premura, que muchas veces desembocan en una toma de decisiones precipitada y errónea, acaban por echar al traste gran cantidad de iniciativas que a priori podían ser interesantes. Por eso, entre otras razones, cada vez son más las empresas, los inversores y las aceleradoras de startups que se fijan en los emprendedores sénior, un perfil muy diferente al prototipo de emprendedor joven, recién salido de la universidad, que pasa el día en un coworking o que abandona su primer empleo para lanzarse a la piscina sin casi experiencia.

“No tenemos tanta prisa por empezar y por triunfar”, explica José Manuel de Ben, sevillano de 69 años y último ganador del programa de emprendimiento de Aquarius por su proyecto de reciclaje sostenible 3DImpact. En general, prosigue, “no necesitamos nuestra empresa para comer, porque tenemos la jubilación y normalmente un colchón de ahorro. Por eso podemos hacer todo con más cuidado y maduración, dar forma a una idea y poder repensarla las veces que sea necesario”.

Algo parecido cree Mayte Tortosa, de 47 años, fundadora y directora de YuCoach, la plataforma que lanzó recientemente y que trata de democratizar el coaching profesional, “que suele ser un servicio muy caro”. En su caso lo hizo de la mano de Generación Savia, un proyecto liderado por la Fundación Endesa y Fundación máshumano con el que colabora el fondo de capital riesgo Tquity, que invierte únicamente en proyectos lanzados por este tipo de perfiles. “Creo que el sénior tiene un criterio que el más joven no tiene. Simplemente por la edad, el conocimiento y la experiencia. A un júnior todavía no le han tirado 20 veces un proyecto, ni ha tenido momentos cruciales en su trayectoria profesional. Tenemos un nivel de adaptación mucho mayor por nuestro bagaje, no porque seamos mejores”, cuenta Tortosa.

Quien sabe bien todo lo que diferencia y distingue a los perfiles veteranos de los jóvenes es Adrián Martínez, consejero delegado del fondo Tquity. Empezó hace algo más de dos años en el mundo inversor, tras estar emprendiendo desde 1994. Y al reflexionar sobre a qué área del mercado enfocarse, decidió sin dudar apostar por los mayores de 40, 43 o 45 años. “La gente joven, con todo el mérito que tiene, no suele estar formada en resiliencia, contacto humano o comunicación. El esfuerzo que supone trabajar con séniors es menor, porque van más al grano, tienen menos ego y, sobre todo, hay mucho más compromiso”, desarrolla.

Los séniors tienen menos ego y más compromiso

En el caso de Tquity están trabajado con perfiles que se mueven entre los 45 y los 60 años de edad. Hasta la fecha, en las tres ediciones que lleva rodadas Generación Savia, han invertido cerca de 100.000 euros en seis proyectos, consiguiendo recientemente una ampliación de 250.000 para destinar a 15 iniciativas más. Merece la pena, asegura, porque “las startups dirigidas por personas de 45 o más años tienen una tasas de éxito mucho mayores que las de los jóvenes”. Llegado el momento de la verdad, añade Martínez, los veteranos son menos manipulables y no se dejan embaucar tan fácilmente. También entra en juego el factor de la humildad. “Evidentemente no son todos, pero muchos perfiles jóvenes llegan pensando que su idea vale más que el resto, y que merecen una inversión mayor. Los perfiles séniors, por lo general, son más recatados y están dispuestos incluso a invertir su propio dinero”, continúa Martínez.

Tampoco hay que olvidar el factor riesgo de los inversores. Antes, señala Mayte Tortosa, los fondos o business angels podían tener más tolerancia a la pérdida. “Hoy creo que esto ha cambiado. Quieren un proyecto real y rentable. No algo necesariamente rompedor, sino mínimamente palpable. Y en eso tenemos ventaja”.

Más allá de los testimonios, las cifras reflejan un crecimiento de este tipo de emprendedores en España. Atendiendo a los datos que publica anualmente el Global Entrepreneurship Monitor (GEM) y su observatorio del emprendimiento, las iniciativas de los mayores de 45 años son las que experimentan un mayor crecimiento relativo desde 2005, cuando empiezan a recopilarse los datos. Los que se movían entonces entre los 45 y 54 años representaban el 4,6% de la muestra, porcentaje que asciende al 7,2% en 2018. Por su parte, los que superaban los 55 años, que en su momento significaban el 3,9% de los consultados, representan hoy el 4,7%. El resto de franjas de edad, con los vaivenes lógicos que se dan a lo largo de 13 años, mantienen a grandes rasgos las cifras iniciales, quitando a los menores de 24 años, que han bajado del 4,8% al 3,3% de la muestra.

El grupo de emprendedores veteranos es el que más crece desde 2005

Hay muchos más datos que confirman el tirón de los séniors. De todos los proyectos, a lo largo del último año, los emprendedores que tenían entre 55 y 64 años representaron el 31,4% de las iniciativas emprendedoras consolidadas. Por su parte, el colectivo que se movía entre los 45 y los 54 años supuso el 38,6% de ellas.

La edad, explican desde GEM, es un factor relevante a la hora de iniciar el proceso emprendedor, ya que con el paso del tiempo las personas desarrollan experiencia y acumulan conocimientos que determinan la capacidad para identificar y explotar oportunidades de negocio. Así, los datos recabados indican que en España la edad media de las personas identificadas como emprendedores potenciales fue de 37,3 años, mientras que la edad de los cualificados como emprendedores en fase inicial y como empresarios consolidados fue en promedio de 42,2 años y 49,5 años, respectivamente.

La edad sirve como distintivo orientativo, pero no es un factor infalible. En este sector “suele hablarse de perfiles séniors como aquellos que tienen más de 40 o 45 años”, continúa Adrián Martínez. Pero a grandes rasgos, matiza, “para mí uno de estos perfiles es una persona que acumula 15 o más años de experiencia”. Por eso puede darse el caso de que alguien con menos años entre en este saco.

El mercado de los jóvenes tiene muchas ofertas e incluso está saturado

Todo esto no significa que no haya gente joven con valor y buenas ideas. “Lo que sucede es que ese es un mercado que tiene muchísimas ofertas y que en algunos casos está incluso saturado. Las generadoras, las incubadoras, las tecnológicas y los inversores han mirado tradicionalmente a los perfiles más jóvenes, y se ha desperdiciado la oportunidad enorme que ofrecían los profesionales más mayores. Había gente muy valiosa que no encontraba hueco, y ahora cada vez más inversores nos fijamos en ellos”, cuenta Martínez.

Pero no todo es un camino de rosas. Quizá, continúa el inversor, la mayor desventaja de estos perfiles es que a veces son muy cautos y tienen poca seguridad en sí mismos. “La gente joven, como puede tener menos que perder, es más aventurada”. También hay una brecha en ciertos conceptos y habilidades, sobre todo tecnológicas, aunque eso es algo fácilmente subsanable. “A mí al principio me daba algo de reparo, porque en estos mundos la gente es más joven. Y a veces me preguntaba qué hacía ahí”. Mayte Tortosa, por su parte, no percibe este gap: “Eso de que al sénior le cuesta más lo digital es una falacia. La primera y única barrera es la que te pones tú misma”.

En lo que sí coinciden los dos emprendedores es en la necesidad de juntarse con los perfiles jóvenes. “Emprender como sénior y rodearse de juniors es fundamental para salir de esquemas mentales ya preconcebidos”, dice Tortosa. También en el caso contrario: que un joven se junte con alguien más experimentado, con mucha más templanza, “también le beneficia”. José Manuel de Ben de nuevo pone en valor esa simbiosis: “La conexión entre mayores y jóvenes es interesante y necesaria”. El emprendimiento sénior, poco a poco, empieza a hacerse con un hueco principal en el sector. El próximo mes, sin ir más lejos, se estrena la película Abuelos, patrocinada por Savia y con un argumento que gira en torno a este fenómeno.

Oportunidad o necesidad

Los datos del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) sitúan la oportunidad de negocio como la causa principal que motivó el emprendimiento en España en 2018, en un 70,7% de las veces. La segunda razón con más peso fue la necesidad derivada de la falta de alternativas laborales, en un 22,6%. No es fácil clarificar en qué grupo entra el emprendimiento sénior, sobre todo tras los años de la crisis, cuando el grupo de la necesidad creció hasta casi el 30%, en 2013.

En este sentido, Adrián Martínez, de Tquity, afirma que lo más normal dentro de este segmento es encontrar a gente con las necesidades económicas ya cubiertas, que entra en la aventura únicamente para ser dueña de su propio proyecto. Si bien, añade, también hay otros de estos perfiles que lo hacen por necesidad, y que suelen entrar en las plantillas, nunca como líderes.

Por el mismo camino se dirige el emprendedor José Manuel de Ben: “A veces es por necesidad, pero más por complemento. Solemos tener la casa ya pagada, y un proyecto que funciona es una buena ayuda para unas pensiones que no están para tirar cohetes. Nuestra ventaja es que al tener las necesidades básicas cubiertas, tenemos menos de presión”.

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