La materialidad como impulsora de la sostenibilidad

Las actividades que afectan directamente a lo sostenible y resultan estratégicas para la industria varían en cada empresa

La materialidad como impulsora de la sostenibilidad

En estos tiempos de grandes incertidumbres políticas y económicas a todos los niveles, tanto en España como en Europa y fuera de ella, donde la renta fija no da rentabilidad, se ha vuelto muy complicado para los inversores obtener un rendimiento satisfactorio de sus carteras de inversión. Parece ser que las empresas que cuidan los aspectos medio ambientales, sociales y de buen gobierno –las empresas ASG– son una buena oportunidad de inversión, pero probablemente ya no basta solo con ser ASG, hay que serlo en lo estratégicamente importante.

Los auditores han puesto de moda en el lenguaje económico el concepto de materiality, que frecuentemente traducimos como materialidad. Sin entrar ahora en que, probablemente, sería más correcto traducirlo como significatividad o relevancia, aceptemos, como en tantas ocasiones en finanzas, este anglicismo mal traducido, que sin embargo es frecuente en la profesión.

Hay muchas razones para pensar que las empresas sostenibles, las empresas que se preocupan no solo por sus resultados financieros a corto plazo, sino también por tener un impacto positivo en la sociedad y son respetuosas con el medio ambiente, van a tener un mejor desempeño financiero en el largo plazo: serán más apreciadas por sus clientes, tendrán mejor reputación, sus trabajadores estarán más motivados… y todo esto debe traducirse en una mayor performance financiera; es decir, batirán al mercado, obtendrán mejores resultados que la media. Muchas investigaciones apoyan esta hipótesis, si bien algunas discrepan, ¿por qué?

Puede ocurrir que estemos mezclando peras con manzanas, y los esfuerzos en sostenibilidad de las empresas no sean homogéneos. En efecto, no es lo mismo que una empresa que maneja materiales peligrosos extreme las medidas de seguridad de sus empleados a que lo haga otra donde el peligro es objetivamente pequeño. De igual manera, una actividad potencialmente muy contaminante puede mejorar mucho en sostenibilidad evitando esa contaminación, pero tal esfuerzo no sería relevante en otras actividades. Es lo que se ha llamado materialidad: serán materiales aquellas actividades que afectan significativamente a la sostenibilidad, que resultan estratégicas para esa industria, y lógicamente varían de industria a industria.

Los profesores Mozaffar Khan, George Serafeim y Aaron Yoon, de la Universidad de Harvard, publicaron en 2016: Corporate Sustainability: First Evidence on Materiality, donde concluyen que las compañías bien clasificadas en temas de sostenibilidad material baten claramente a las empresas mal clasificadas en estos temas; por el contrario, las firmas con alta clasificación en cuestiones de sostenibilidad no material no baten con claridad a las empresas mal clasificadas en tales cuestiones.

A la luz de esta investigación, pero con nuevos datos, nueva metodología y comparando la situación en Estados Unidos y Europa, dos colegas de la Universidad de Zaragoza, Guillermo Badía y Luis Ferruz, y yo mismo, hemos abordado este tema con conclusiones algo diferentes: es cierto que la sostenibilidad mejora la performance financiera a largo plazo, sobre todo si es sostenibilidad material, pero la situación en Europa y en Estados Unidos es algo diferente. En Europa el efecto positivo de la sostenibilidad en los resultados financieros a largo plazo es muy claro, todavía más si nos fijamos en la sostenibilidad material. En Estados Unidos el efecto es menos claro, prácticamente inexistente cuando mezclamos lo material con lo no material; si nos fijamos solo en lo material, la cosa mejora algo.

Tal como hemos visto, parece razonable que las empresas que se ocupan de los aspectos ambientales, sociales y de buen gobierno, las empresas sostenibles o ASG, sean más rentables a largo plazo. Otras podrán superarlas financieramente a corto plazo, pero a la larga solo se puede ser sostenible considerando los intereses de nuestros trabajadores, de los clientes… y de la sociedad en general, incluido el medio ambiente. Lo que sugieren los estudios citados es que los esfuerzos en sostenibilidad se deben centrar en aquello que es más importante, dependiendo de la actividad de cada empresa; no es lo mismo un supermercado que un banco, una empresa siderúrgica que una cadena de hostelería.

Aparece aquí un mensaje para los gestores de carteras de inversión: el valorar la calidad ASG de las distintas inversiones puede ser importante para prever la futura rentabilidad, pero además también es valioso saber si el esfuerzo en sostenibilidad se está haciendo en aquello que es trascendental para la empresa concreta que estamos estudiando.

Fernando Gómez-Bezares es Catedrático de Finanzas de Deusto Business School

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