El verdadero reciclaje: hacia la economía circular

El sistema incentiva los materiales baratos de producir pero caros de reutilizar

Es una gran noticia que por fin nos tomemos en serio la economía circular. Un sistema que nos invita a sustituir el modelo lineal –extraer, producir, tirar– por otro en el que diseñemos unos productos más caros de fabricar, pero con mayor valor al final de su vida útil, al ser reciclables o reutilizables. En este sentido, resulta útil analizar el sector de los envases de bebidas, ya que existe una gran diferencia entre las latas de aluminio, las botellas de vidrio, las de plástico transparente y opaco, y los briks. Aunque para el consumidor todos se presentan como “reciclables”, las tasas de reciclaje reales de cada uno son muy diferentes.

¿Se pueden reciclar esos materiales una sola vez o varias? ¿Es posible reciclar todo el producto o solo una parte? ¿Qué proporción del material se pierde durante el proceso de reciclaje? ¿Se recicla ese material en algo de igual calidad o se degrada en otros de menos valor? Plantearse estas preguntas es fundamental para comprender qué es y qué no es el verdadero reciclaje, y por qué no es lo mismo proclamar a los cuatro vientos que un envase es reciclable que que lo sea de verdad.

El verdadero reciclaje supone conservar las mismas propiedades del mismo material. Esto sucede en materiales permanentes, como el aluminio y el vidrio, que se pueden reciclar infinitas veces sin perder calidad; frente al papel o fibras de plástico, que solo se pueden reciclar un número limitado. Ante esta realidad tan compleja y a veces incomprensible para el consumidor, es necesario ser claros y promover nuevas formas de pensar en el reciclaje.

Debemos dejar de tomar decisiones sobre la gestión de residuos de envases basándonos en la cantidad de materiales recogidos en el contenedor amarillo, y hacerlo en función de los resultados reales del reciclaje. La UE ya está trabajando en esto: todos los materiales tendrán que calcular la tasa de reciclaje en el punto donde el material se convierte en una materia prima nueva, como el aluminio cuando se funde. Si un envase tiene varios materiales, entonces la tasa de reciclaje solo contaría aquellos materiales que se pueden reciclar.

Además, tenemos que pensar en la reciclabilidad de un envase: cómo afectará su diseño luego a la forma de separar cada parte y si facilitará o dificultará su posterior reciclaje. Las marcas deben tenerlo presente y contar con recursos –etiquetas medioambientales– para informar correctamente al consumidor.

Estamos atrapados en un sistema que incentiva los materiales baratos de producir, pero caros de reciclar. Es el momento de parar la inercia y cambiarlo por otro basado en una tasa de reciclaje real y en la “reciclabilidad” de un envase en su totalidad. Solo así estaremos más cerca de un futuro en que la economía circular no solo sea un deseo, sino una realidad.

Cyrille Vecchi es manager de sostenibilidad y asuntos públicos de Ball en Europa del Sur

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