La guerra comercial sacude de nuevo

El proteccionismo no es la mejor estrategia en un escenario de moderación del crecimiento

Se acerca la campaña electoral en Estados Unidos y el presidente, Donald Trump, ya juega sus cartas para plantear una campaña en la que el crecimiento económico, sumado al crecimiento del empleo y las tensiones con China, tenga un papel prioritario en la misma. Y es que el propio Trump, en un escenario que, a priori, parecía cordial, vuelve a imponer nuevos aranceles a la economía asiática.

Según el think tank Peterson Institute for International Economics, el 96,7% de los productos asiáticos ya se encuentran sometidos a barreras arancelarias impuestas por el Gobierno norteamericano, lo que supone una situación comercial muy deteriorada entre ambos países, que viven, según los propias analistas de Peterson, una situación similar a la de la Smoot-Hawley Tariff Act, en 1930, cuando la Gran Depresión. Una situación en la que el proteccionismo ganaba un fuerte peso tras lo ocurrido en el crac de 1929.

Mientras que antes de Trump el tipo medio de los aranceles con China se mantenía en el 3,1%, la llegada a la presidencia del magnate inmobiliario ha supuesto un incremento en el tipo medio, alzándolo hasta el 27,8%.

Es un fuerte deterioro en las relaciones comerciales entre los dos principales bloques económicos, que ha terminado por desplazar a China como principal socio comercial de Estados Unidos, y ha situado a México en su lugar.

Y es que para China la llegada de Trump al poder ha significado un completo lastre para su comercio exterior, que para el país asiático supone un gran peso de su Producto Interior Bruto. Es una economía muy abierta al comercio y que ya nota como su actividad se ralentiza ante el escenario vivido.

Aunque su economía comenzase a desacelerarse en 2010, las tensiones comerciales han agravado la situación, llevando la economía china a registrar sus peores ritmos de crecimiento de los últimos 30 años. Una situación que ni las reformas fiscales ni las alternativas comerciales han conseguido revertir.

La economía china se desacelera, pero con ella también lo hace la economía norteamericana. El proteccionismo no es la mejor estrategia en un escenario donde los países moderan sus crecimientos y la desa­celeración se intensifica.

Menos aún en materia de comercio global, el cual supone un gran agregado al crecimiento del Producto Interior Bruto mundial. Esperemos que pronto vuelvan a retomarse las negociaciones entre ambos países, pues de no ser así, pronto podríamos experimentar una mayor intensificación en la desaceleración que puede anticipar una recesión.

Francisco Coll Morales es economista y Director adjunto de HAC L&M School of New York

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