Un obstáculo menos para una unión bancaria clave para Europa

El avance realizado hasta ahora es indiscutible y merece todo el respaldo político que sea necesario para llevarlo a su fin

El lento y tortuoso camino que lleva hacia la unión bancaria europea, cuyas bases se pusieron en 2014 pero cuya consecución tiene todavía un largo recorrido por delante, se vio ayer libre de un serio obstáculo: las dudas alemanas sobre su legalidad. El Tribunal Constitucional del país ha declarado que dos de los pilares sobre los que se asienta la unión bancaria –la figura del supervisor único, bajo el control del BCE, y el mecanismo de resolución de entidades– no invaden las competencias alemanas y no suponen, por tanto, una extralimitación de poderes por parte de la UE. La sentencia del Constitucional germano, que responde a a una demanda planteada por un grupo de economistas del país, recuerda que el mecanismo único de supervisión no concede al BCE la supervisión bancaria en exclusiva, sino que mantiene lo esencial de esa facultad bajo soberanía alemana, al igual que ocurre en el caso del mecanismo de resolución. El tribunal señala que la supervisión bancaria europea está articulada en dos niveles: uno nacional y otro, bajo el mando del BCE, para la banca con activos superiores a los 30.000 millones de euros. Se trata, en resumen, de competencias complementarias y no excluyentes.

La explicación a la demanda planteada por los expertos alemanes tiene que ver muy probablemente, y al menos en parte, con la fuerte idiosincrasia del país y sus reticencias frente a la cesión de competencias, pero también con el deseo de reducir el poder supervisor del BCE sobre el mapa bancario alemán. De los 118 bancos bajo supervisión de la UE, solo 21 son alemanes, lo que supone que Fráncfort ejerce sus competencias sobre un 60% del sistema financiero germano frente al 80% que controla en la zona euro. En cualquier caso, el respaldo del Constitucional despeja un obstáculo importante para impulsar un proceso que resulta clave para la unión monetaria, así como para reparar la maltrecha unidad política e institucional de la UE.

Desde los difíciles años de la crisis económica, la banca europea ha realizado un enorme esfuerzo de reestructuración, saneamiento y recapitalización que le ha permitido alcanzar los criterios exigidos para avanzar hacia la unión. Los ratios de capital, apalancamiento, liquidez y financiación neta estable, así como las mejoras en morosidad y capital en caso de resolución, se corresponden hoy con un mapa financiero europeo mucho más sólido que en el pasado y sometido a unas severas exigencias regulatorias. No todo el trabajo está hecho, pero el avance es indiscutible y merece todo el respaldo político que sea necesario para llevarlo a su fin.

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