Refugios seguros cuando crecen las señales de agotamiento cíclico

Los gestores de activos han empezado a diseñar estrategias defensivas para conservar la mayor parte de lo acumulado.

Va ya para dos años que los analistas que gustan de adelantarse a los acontecimientos comenzaron a hablar de nueva crisis, de agotamiento del ciclo de crecimiento. El hecho de que la actividad en la primera economía del mundo, la norteamericana, haya entrado en el territorio desconocido del más longevo de sus ciclos de desarrollo, acompañado por niveles máximos en los índices bursátiles, ha puesto en alerta a cada vez más expertos. Nadie duda de que los ciclos existen y de que el virtuosismo del crecimiento sin límite es una quimera; pero no es menos cierto que los detonantes tradicionales de los ajustes de precios de los activos y de la producción, fundamentalmente la inflación, no parecen ahora con fortaleza suficiente como para echarlo todo a perder. Por tanto, será otra circunstancia, o la combinación de otras, la que dé la señal de retirada.

En Europa no ha explotado el crecimiento en estos años con la exuberancia suficiente como para acercarse al agotamiento, y en los emergentes, superados los riesgos en sus divisas por la subida de tipos en EE UU desde 2016, el avance es menor, pero parece consistente, salvo que la guerra fría comercial se torne en caliente. Y en EE UU el freno al endurecimiento monetario da nuevo aire a la actividad, que la Administración Trump tratará de prolongar porque de ello depende la reelección del presidente. Por tanto, hasta el otoño de 2020 no parece que las nubes se oscurezcan, aunque los mercados financieros cuando huelan el riesgo corregirán irremediablemente. De eso no hay duda.

Con estas expectativas sobre la mesa, con más o menos intensidad, los gestores de los activos han empezado a diseñar estrategias defensivas para conservar la mayor parte de lo acumulado. Y tras apostar cantidades ingentes de dinero a los bonos soberanos de más alta calidad pese a retornos secos por la vía del cupón, buscan posiciones en las empresas con mercados más anchos y fundamentales más sólidos, aunque en la mayoría de los casos sus títulos cotizan en máximos históricos y con PER muy elevados, a veces por encima de 30.

Las empresas de lujo o las alimentarias con cartera de productos muy consolidadas, así como las industriales sin endeudamiento o las farmacéuticas, atraen al dinero que busca abrigo por si se desata la tormenta. Aquellas que generan caja libre con profusión y abonan generosos dividendos están también en el punto de mira de los gestores. La cuestión está en qué pasa si no pasa nada, si todo sigue igual y el ciclo se prolonga, aunque sea intervenido, como está, por los balances de los bancos centrales.

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