Luis Aguilar: "El calzoncillo no tiene la importancia que se merece"

Creó hace dos años una marca de ropa interior masculina, con la que ya ha vendido 25.000 prendas

Luis Aguilar, fundador de The Cool Cactus.
Luis Aguilar, fundador de The Cool Cactus.

La idea de una empresa surge cuando menos se espera. La de Luis Aguilar (Madrid, 1985) y la de sus tres socios nace cuando, cambiándose en los vestuarios de su equipo de fútbol, se dieron cuenta de que todos llevan los mismos calzoncillos: simples, aburridos, los de toda la vida. Así nació hace dos años The Cool Cactus, con el objetivo de emprender una nueva revolución, después de complementos masculinos, como las gafas de sol, los calcetines o los cinturones, descubrieron que “al calzoncillo no se le ha dado la importancia que se merece”, explica este licenciado en Derecho, que defiende la relevancia de la prenda, “ya que es la primera que te pones y la última que te quitas”.

Con 25.000 calzoncillos y bañadores vendidos, Aguilar explica, en la sala multiusos del espacio de coworking, adornado con elementos decorativos de cactus, que comparte en Madrid, las claves de su negocio. En primer lugar, la originalidad de sus 26 modelos, cada uno con un nombre específico: por ejemplo, el Pandilla Drakis, con fantasmas estampados, hace referencia a las patatas de Cheetos. Además, los venden, siguiendo la tendencia, como una prenda unisex, ya que han observado que su clientela femenina los usa como pijama o para ir a la playa.

También enfatiza las sinergias que se establecen en el mundo de las startups, y que The Cool Cactus, que siempre se ha financiado con recursos propios, no desaprovecha: usa las redes sociales para anunciar su negocio online (el 40% de las ventas), además tiene presencia en 60 tiendas entre España y Portugal, y se apoyan en colaboraciones con marcas Mahou, para la que ha diseñado una línea de calzoncillos. “No todos somos un Steve Jobs o un Amancio Ortega, hay que apostar por uno mismo”. Este es el consejo ofreció Aguilar a los alumnos de la Universidad Schiller International en Madrid, dentro de la iniciativa The School of Dreamers (Escuela de Soñadores) para que varios grupos de estudiantes abordaran su plan de internacionalización, competición que ganó el equipo que les recomendó exportar a Finlandia por su costumbre de beber en casa en ropa interior. Este es el siguiente paso de la marca, tras una primera incursión en mercados londinenses y en Portugal, la introducirá en Italia y en Rusia.

“Las nuevas generaciones de emprendedores tienen una visión más global y buscan la internacionalización de las marcas, todo es cuestión de atreverse”, afirma Aguilar, que reparte su jornada entre la oficina, las visitas a clientes y el almacén donde guardan las prendas que fabrican en Turquía, a través de un proveedor español asentado en este país, ya que su única obsesión, además del diseño, es la calidad. Y aconseja prestar atención a tres detalles en un calzoncillo: al tejido, mejor de popelín suave, una goma ancha y doble costura trasera.

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