El pujante billete rojo que desafiará al billete verde

Es inevitable que el renminbi se convierta en una importante unidad internacional de intercambio las próximas décadas

El pujante billete rojo que desafiará al billete verde

Durante años los países en desarrollo de Asia y economías exportadoras de petróleo del Golfo ahorraron más que gastaron. Este desequilibrio, que Ben Bernanke, ex presidente de la Reserva Federal, calificó de “exceso de ahorro global”, fue considerado el culpable de la depresión de tipos de interés en EEUU y con ello el endeudamiento especulativo que contribuyó a la crisis financiera de 2008. Ese exceso está desapareciendo.

Efectivamente, el ahorro mundial en porcentaje sobre PIB alcanzó máximos en 2014 y se ha ido reduciendo. En el centro se encuentra China, la segunda mayor economía del mundo, hasta el punto de que el fenómeno puede ser transformador para otros países y mercados financieros. China, con su modelo dirigido a exportaciones y tipo de cambio fijo, llegó a aumentar sus reservas a niveles elevadísimos. Pero ahora, sus ciudadanos, cada vez más ricos, ahorran menos y tienen que hacer frente a los crecientes costes del cuidado de una de las poblaciones de más rápido envejecimiento del mundo. Su superávit por cuenta corriente, 10% del PIB en 2007, había casi desaparecido a principios de 2019 y pronto puede mostrar el primer déficit en más de un cuarto de siglo, indicando que el país consume más de lo que produce y debe compensarlo con capital del extranjero.

Eso viene décadas sucediendo en EEUU; si bien sus mercados de capitales son enormemente eficientes, con fuerte Estado de derecho y el dólar tiene estatus de moneda de reserva, lo que le permite pedir prestado del extranjero con relativa facilidad. China está a punto de seguir una ruta similar. Además la proporción de población en edad de trabajar en China, de 15 a 64 años, llego a máximos hace una década en 64% y disminuirá hasta 52% para 2030, según Naciones Unidas. En el mismo período su tasa de ahorro habrá disminuido de 46% a menos de 40% del PIB, con mayor gasto en atención médica y pensiones. A ello se añade que el gasto en educación puede aumentar considerablemente. Este cambio, respaldado por la política gubernamental, puede mejorar la calidad de la producción y compensar la pérdida de trabajadores migrantes rurales de menores ingresos, los responsables del crecimiento desbocado de las últimas décadas. Simultáneamente los esfuerzos de Pekín por reequilibrar su economía la alejan del modelo de exportaciones hacia consumo, cuyo peso en el PIB nacional puede aumentar hasta 45 % los próximos cinco años desde 39 % actual. Esto requiere que China atraiga más capital extranjero, lo que implica reformas. Pekín tendrá que liberalizar su mercado financiero, abrir su cuenta de capital e integrarse más plenamente en el sistema financiero mundial. La transición ya ha comenzado y los proveedores globales de índices de bonos están incorporando deuda china, el tercer mayor mercado de renta fija del mundo, en sus principales índices.

Por tanto, es inevitable que el renminbi se convierta en importante unidad internacional de intercambio las próximas décadas. Con la introducción de controles de capitales más estrictos en 2017 su participación en los pagos globales y comercio liquidado en renminbi ha caído desde máximos de 2015 y su participación en las reservas de bancos centrales del mundo es sólo 1,8% –el dólar 60 % y el Euro 20%–. Pero su influencia aumentará. De hecho Asia Oriental se ha convertido en un tiempo relativamente breve en un bloque renminbi de facto, que sigue la monedas china más que el dólar. La mayor integración financiera regional también se nota en que la dispersión de rentabilidades de acciones entre países ha disminuido gradualmente tras la crisis financiera y es la mitad que en el ciclo anterior, lo que proporciona mayor estabilidad financiera.

Teniendo esto en cuenta, la cuota de China en las reservas globales puede ser de al menos 12%. Además, a medida que el país acapara mayor porción de inversión internacional las carteras se ajustarán para reflejarlo. Uno de los potenciales perdedores son los bonos del Tesoro de EEUU, donde China ha invertido tradicionalmente sustanciales superávit, en un momento difícil para la mayor economía del mundo, dadas las necesidades de financiación sin precedentes del gobierno y empresas estadounidenses. Así que billete rojo desafiará al verde.

En consecuencia, las perspectivas parecen especialmente buenas para bonos chinos en moneda local, apoyados por la política de su Banco Central, la demanda de extranjeros y creciente protagonismo del renminbi.

Richard Dias es Estratega multiactivos de Pictet AM

 

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