Lagarde, o cómo estar en el lugar y en el momento justos

La futura presidenta del BCE, que no es economista, tiene una excelente habilidad política

Christine Lagarde, futura presidenta del BCE.
Christine Lagarde, futura presidenta del BCE.

El Banco Central Europeo se vuelve más político que nunca, con la llegada a la presidencia, desde el 31 de octubre, de Christine Lagarde (París, 1956), francesa, mujer y avezada en los engranajes del poder, los tres méritos principales para su llegada al puesto.

Christine Madeleine Odette Lagarde (de soltera Lallouette) es la primera persona en llegar al puesto más alto de la política económica europea sin tener experiencia en banca central. Ni siquiera es economista, sino licenciada en Derecho, lo cual no le ha impedido durar ocho años al frente del FMI, y repetir mandato, algo que no consiguieron sus predecesores.

Su nombramiento responde a los equilibrios de poder europeos, en los que Alemania y Francia han impuesto su dominio. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha colocado al frente de la política monetaria a una compatriota, aunque políticamente hayan estado en bandos rivales.

Antes de que el exbanquero se metiera en política con el Partido Socialista, Lagarde fue ministra con varios Gobiernos conservadores de Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy. Ahora quizás no le haría ascos a La Republique en Marche!, el partido pancentrista de Macron.

En 2011, cuando tenía la cartera de Finanzas, Lagarde fue la elegida para dirigir el FMI, tras el brusco cese de otro francés, Dominique Strauss-Kahn, acusado (y luego exonerado) de acoso sexual.

La propia Lagarde ha tenido problemas notables con la justicia: unos meses después de entrar en el FMI, un tribunal francés ordenó una investigación sobre su papel en un arbitraje de 403 millones de euros a favor del empresario Bernard Tapie (que había apoyado una campaña de Sarkozy) en 2008. Lagarde fue declarada formalmente investigada por negligencia, meses antes de ser elegida para un segundo mandato en el FMI, en 2016.

Y meses después de esta reelección, fue declarada culpable, pero no recibió ninguna condena por su estatus político y porque los hechos ocurrieron en plena crisis económica mundial (eso dijo el tribunal).

El FMI respaldó a Lagarde, incluso tras publicarse en Le Monde una carta manuscrita dirigida a Sarkozy en la que le decía frases como: “Utilízame mientras te convenga y convenga a tu proyecto”.

Esa condena tampoco le ha impedido ahora ser la elegida para el todopoderoso BCE, el organismo europeo más independiente de los dimes y diretes de los Gobiernos de los 27+1. Se espera de ella continuismo con la política flexible de Mario Draghi.

Sus colegas destacan su capacidad para crear consensos, así como una cierta forma de ser anglosajona –un sentido del espectáculo y del humor en las relaciones públicas– que adquirió en EE UU y que le ha abierto muchas puertas: fue de adolescente, gracias a una beca para estudiar en una escuela preuniversitaria cerca de Washington, que también incluyó trabajar con un congresista.

Luego estudió Derecho en la Universidad de París X. No pudo, eso sí, acceder al ENA, la escuela de la élite francesa que ahora se plantea eliminar Macron.

Su padre, que murió cuando ella era adolescente, era profesor universitario de inglés, y su madre, profesora de latín, griego y literatura. Tiene tres hermanos varones menores que ella, y de joven compitió en el equipo nacional de natación sincronizada. Sus aficiones: buceo, yoga y jardinería. No bebe alcohol.

Tuvo a sus dos hijos, Pierre-Henri y Thomas, al comenzar la treintena. Los nacimientos fueron en verano, lo cual, destaca, le facilitó compaginar las primeras semanas con el trabajo. Divorciada del padre de sus hijos, desde 2006 su pareja es el empresario inmobiliario Xavier Giocanti.

Antes de entrar en política, desarrolló toda su carrera profesional en el despacho Baker & McKenzie. En 1999 llegó a la presidencia de la firma, que mantuvo hasta 2004, justo antes de debutar como ministra de Comercio.

Su condición de mujer ha sido clave en su elección para el BCE, ya que Macron hizo de la paridad uno de sus objetivos en el reparto de cargos europeos. Fue también la primera fémina al frente del FMI y la primera en una reunión de ministros económicos del G7.

Cree, basándose solo en su intuición, que la crisis podría haber sido distinta si en las finanzas hubiera habido más mujeres mandando. Lo cierto es que hay estudios que señalan que los entornos mixtos de hombres y mujeres tienden menos a la competencia y más a la cooperación, algo que Lagarde ha reivindicado a nivel macro, frente a los proteccionismos y la guerra comercial.

La presidenta del BCE será, junto a Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Angela Merkel, canciller alemana –las tres conservadoras–, una de las mujeres más poderosas de Europa y el mundo, y tendrá la oportunidad de demostrar que las cosas se hacen distintas con mano femenina; y si es posible, que se hacen mejor.

Catorce años en lo más alto

Fue ministra de Comercio de Francia entre 2005 y 2007 con Dominique de Villepin como primer ministro y Jacques Chirac como presidente; durante un solo mes, de Agricultura con François Fillon de primer ministro y Sarkozy de presidente, y entre 2007 y 2011, de Economía.

Su principal tarea al frente del FMI fue abordar la crisis de deuda griega, que primero enfocó de forma muy estricta, como el resto de organismos supranacionales, hasta que acabó asumiendo la necesidad de una quita.

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