Unesid reclama precios más bajos de la energía para evitar cierres y deslocalizaciones

Acerinox asegura que si trasladara las fábricas a Alemania ahorraría 35 millones al año

Bernardo Velázquez, presidente de Unesid y consejero delegado de Acerinox.
Bernardo Velázquez, presidente de Unesid y consejero delegado de Acerinox.

La siderurgia española ha levantado esta mañana la voz para alertar sobre el complejo escenario que le espera a la industria si no se bajan los precios de la energía en España y se ponen al mismo nivel de otros socios como Alemania o Francia. “En un mercado global casi todo lo que compramos y vendemos lo hacemos a precios internacionales y el único coste local es el precio de la energía y de la mano de obra”, apuntó Bernardo Velázquez, presidente de la patronal siderúrgica Unesid (que aglutina a 46 empresas, 60.000 empleados y factura 14.000 millones de euros) y consejero delegado de Acerinox en un escenario en el que un gran número de empresas extranjeras, como Alcoa, han cerrado plantas por el elevado coste de la energía y en el que algunas siderúrgicas, como Arcelor Mittal, han paralizado producción en España. “Si se quiere llegar al objetivo de que la industria suponga el 20% del PIB, hay que tener un precio tan competitivo como Francia o Alemania”, subrayó.

De hecho, Velázquez calculó que si las fábricas de Acerinox estuvieran en Alemania y no en España, el ahorro en la factura energética llegaría a los 35 millones de euros al año, que podrían destinarse a inversión o a retribuir al accionista con dividendos. Por ese motivo, la patronal reclamó la recuperación inmediata del estatuto para la industria electrointensiva, cuya aprobación estaba prevista para el último consejo de ministros del anterior Ejecutivo. “Unesid confía en que el nuevo Gobierno ponga en marcha las medidas comprometidas para el logro de un precio competitivo de la energía eléctrica, así como una nueva regulación del gas que favorezca la actividad industrial en España”, aseguró.

Al margen de los precios, la otra gran preocupación de las empresas siderúrgicas se centra en el frenazo de las exportaciones en sectores claves para su negocio como el de la automoción, en el que las matriculaciones están en caída libre (retrocedieron un 5,7% en el primer semestre y un 8,3% en junio) por las dudas sobre el futuro de la tecnología necesaria para el sector. “A la espera de conocer si habrá diésel, eléctricos o híbridos y si se clarifican los planes renove, la producción en algunas plantas se ha visto afectada”, recalcó Andrés Barceló, director general de Unesid, que remarcó que la transición energética en ese sector no puede ser tan acelerada como se plantea desde el Ejecutivo. “Si crece la producción de vehículos eléctricos un 10% anual serán necesarios 170 años para cambiar el parque de automóviles”, señaló. En cualquier caso, Velázquez destacó que a la automoción solo se destina el 20% de la producción de acero en España y que por encima de ese sector se encuentran la construcción, a la que va el 38% del producto, o los electrodomésticos, con una cuota del 28%. “Es imprescindible recuperar la inversión en infraestructuras y en obra pública, paralizada desde el inicio de la crisis”.

Frente al temor a que el crecimiento de la exportación de acero desde China o Turquía hundiera el mercado europeo ante la imposición de aranceles en EE UU, Velázquez defendió las medidas de salvaguarda establecidas por la Unión Europea desde el 1 de febrero, que limitan las exportaciones de acero libres de aranceles hasta un límite, aunque reclamó mejoras para este año con el fin de evitar ciertas distorsiones que se han producido. “Las importaciones de acero crecieron el año pasado un 9% porque la imposición de aranceles provocó que las empresas de fuera de la UE adelantarán sus ventas para esquivar las medidas de salvaguarda. Ahora, la clave está en mejorar esas medidas, que se renovaran seguramente en octubre, para redefinir el concepto de países en vías de desarrollo [China es considerado así cuando ya produce el 52% del acero mundial] o para fijar una mayor vigilancia sobre países que exportan más del 3%, como Indonesia, y que se libran de los contingentes arancelarios”, remarcó.

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