Roses, cautivadora belleza natural

La ciudadela resume su multiculturalidad histórica

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La ciudadela de Roses.

Situada en una bahía que tiene el privilegio de pertenecer al reducido club de las más bellas del mundo, en un entorno único, entre dos parques naturales, Cap de Creus y Aiguamolls de l’Empordà, la antigua colonia griega de Rhode, en plena Costa Brava, es pura esencia mediterránea.

Con una historia de casi 3.000 años a sus espaldas, Roses es hoy un próspero y atrayente destino vacacional, pero su ciudadela, con ruinas ibéricas, griegas y romanas, da cuenta de lo que esta localidad costera representó durante siglos.

La bahía está considerada como una de las más bellas del planeta

Las tranquilas aguas de su puerto natural ya fueron codiciadas en tiempos de los rodios, que instalaron aquí una colonia comercial. Los restos de la ciudad griega de Rhode (del 776 a. C.), el barrio helenístico (siglo III a. C.), la villa romana o el monasterio románico-lombardo del siglo XI forman parte del trazado de la ciudadela, origen de Roses.

Esta espectacular fortaleza militar da la bienvenida con un itinerario bien señalizado que recorre 25 siglos de historia. Desde las civilizaciones griegas y romanas, pasando por la Edad Media, son muchas las que han dejado su huella en esta joya de la Costa Brava, que se alza imponente frente a la bahía.

Roses, cautivadora belleza natural

Descubrir este rincón, un verdadero museo al aire libre, ahora que todavía no aprieta demasiado el calor, es un gran placer.

Otro de los iconos históricos de Roses es el castillo de la Trinitat, una fortaleza del siglo XVI que corona la punta de la Poncella, con soberbias vistas de la bahía y del macizo pirenaico del Canigó. A sus pies se alza el faro de Roses.

Tanto la ciudadela como el castillo se pueden visitar por cuenta propia o apuntándose a un recorrido guiado (5 euros).

Para completar el repaso a la historia más remota de Roses, un paseo de un cuarto de hora escaso lleva hasta el dolmen de la Creu d’en Corbetella, un sepulcro de más de 3.000 años construido con siete bloques de piedra verticales y una losa de cubierta de más de 18 toneladas. Es el monumento megalítico más grande de Cataluña.

Sol y playa

Pero, más allá de su extraordinario patrimonio histórico, Roses tiene una costa llena de contrastes, con acantilados y recoletas calas de aguas transparentes en el Parque Natural del Cap de Creus, excelentes para el buceo, y largas playas de arena fina, con aguas poco profundas y de un azul intenso.

El Rastrell, con casi un kilómetro de longitud, es una de las tres playas urbanas de la localidad ideales para familias. Casi unida a ella está La Nova, junto al paseo marítimo, y entre el espigón de la Riera Ginjolers y el puerto deportivo, otro arenal, La Punta.

Tiene una costa llena de contrastes, con acantilados y recoletas calas de aguas transparentes

Desde cualquiera de las tres, el 21 y el 22 de julio se podrá disfrutar del Tour de Francia de Vela, única etapa en España de esta competición en la que participan más de una treintena de veleros trimaranes que inundan de color la bahía.

A cinco kilómetros de la villa, L’Almadrava es una de las playas más preciadas de Roses, con su medio kilómetro de longitud y bien protegida de la tramontana. Sus aguas cristalinas son perfectas para practicar snorkeling.

Las playas se extienden por el accidentado perfil de la costa. En la antesala de cala Montjoi, conocida por albergar durante años elBulli, el innovador restaurante de Ferran Adrià, se encuentra Calis, con un fondo marino de fuerte desnivel, ideal para practicar el submarinismo; Montjoi es una cala más amplia y cerrada, refugio de embarcaciones.

Roses, cautivadora belleza natural

Más pequeña y rodeada de acantilados está cala Calitjàs y, junto a ella, protegida por el imponente cabo Norfeu, se llega a La Pelosa, de apenas 90 metros y arena gruesa, pero de gran tradición en la zona.

Y tras ella, Canadell. La guinda a este periplo por la costa la ponemos en cala Jóncols, de aspecto salvaje, escarpados acantilados y aguas profundas.

Roses atrae al turismo por el potente imán de sus playas y calas, le sorprende por sus joyas patrimoniales, le atrapa por su sabrosa gastronomía y le mantiene activo con sus rutas senderistas; las hay para todos los gustos, desde caminos de ronda bordeando recónditas calas hasta excursiones de montaña.

Sonidos del Mundo

Música y vino. En verano, la ciudadela de Roses se transforma en uno de los escenarios del festival Sons del Món (Sonidos del Mundo). Este año, del 6 de julio al 4 de agosto acogerá grandes conciertos –como el de Boney M– que se combinarán con degustaciones previas de vinos del Ampurdán.

A tiro de piedra. La llegada del AVE a Figueres y Girona ha acercado la Costa Brava a ciudades como Madrid, Zaragoza o Valencia. En poco más de tres horas y media se alcanza la capital gerundense desde Madrid. Se necesita otra media hora en coche, o en autobús, para llegar al corazón del golfo de Roses.

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