Elena Moral (Talgo): “Hay que evitar que las niñas se sientan inferiores a los niños”

Es experta en trenes de alta velocidad y trabaja para Talgo

Elena Moral (Talgo): “Hay que evitar que las niñas se sientan inferiores a los niños”

Al saludar, Elena Moral (Madrid, 1977) lanza la mano con dudas y se expresa con timidez. La situación, sin embargo, cambia por completo cuando la conversación gira hacia los trenes de alta velocidad. Lo sabe todo de ellos: cada componente, cada cable, cada tornillo. Es el fruto de su trayectoria. En 2002, probó los primeros trenes de alta velocidad en España, y en 2005 dirigió el área de ingeniería del AVE en España. Cursó un MBA en 2011 y cuando Talgo recibió el encargo de construir el AVE entre las ciudades saudíes de Medina y la Meca, con todo un desierto de por medio, lo tuvieron claro: debía dirigirlo ella, algo que hizo desde 2015. La apuesta salió bien: por su labor en Oriente Medio, Moral acaba de ganar el Premio a la Mujer Ingeniera Ferroviaria Europea (WICE, por sus siglas en inglés) entre 400 aspirantes. La experta toma asiento y se dispone a hablar de un mundo que le apasiona.

Una mujer dirigiendo un proyecto de ingeniería en Oriente Medio. ¿Cómo fue aquello?

Bueno, fue un reto para todos, el más importante al que se ha enfrentado el mundo del ferrocarril. Es verdad que al principio existían ciertas reticencias por parte de algunas empresas concesionarias a poner a una mujer al frente. Talgo no tuvo esas dudas, entendió que era más importante la experiencia, y yo ya tenía más de 10 años acumulados en la alta velocidad. Me tomé la decisión como un regalo y como una apuesta valiente.

¿Por qué existían estas resistencias a que una mujer dirigiera el proyecto?

Estaba el tema cultural, que podía introducir alguna dificultad adicional, pero ese era solo uno de los factores que teníamos que considerar. No solo era difícil para mí por ser mujer: teníamos que conocer al cliente, sus formas de hacer, sus prioridades... Nos hemos ido acercando a lo largo del proyecto a través de ofrecer buenas soluciones.

¿Qué diferencias culturales había exactamente?

Al final, el marco regulatorio que tenemos en el sector nos orienta hacia el resultado que tenemos que dar, y Arabia Saudí adoptó el marco normativo europeo, con lo que no hubo tanta diferencia. Sí es distinta la manera de afrontar un contrato. En Europa está todo muy especificado desde el principio. En Oriente Medio hay más de flexibilidad, el proyecto se va cambiando a medida que avanza, algo que curiosamente se parece mucho a la manera de trabajar que tenemos en España. En parte por eso nosotros nos hemos podido adaptar tan bien.

Hablando de adaptación, ¿cómo se consigue que un AVE circule en mitad del desierto?

Nos dimos cuenta de que la ingeniería ferroviaria no tenía todas las respuestas. Empezamos a analizar otras industrias, en concreto la militar. El Ejército de España se portó muy bien, nos abrió sus puertas y nos pudimos fijar por ejemplo en los helicópteros. Adaptamos más de 30 medidas en base a algunas de sus soluciones para entornos desérticos en lo que llamamos el pack del desierto. Y con más de 1.300.000 kilómetros acumulados, hemos visto que funciona.

Echando la vista atrás, ¿recuerda qué fue lo que le atrajo de la alta velocidad ferroviaria?

Siempre me gustó construir cosas. Me atraían las asignaturas más técnicas. Eso me llevó a estudiar Ingeniería en Valladolid.

¿Cuántas mujeres eran?

En Valladolid, a mediados de los 90, no muchas. Luego, estudié Electrónica en Madrid en 2006, y ya había bastantes más. Está habiendo una buena evolución. Los números dicen que las mujeres ingenieras somos un 18% en España. Cuando empecé a trabajar en el taller, era la única ingeniera, y ahora en mi departamento somos un 32%.

Pero queda camino por recorrer.

¡Claro que queda camino! Tenemos que trabajar para alcanzar una igualdad real entre hombres y mujeres en los próximos años. De forma natural no se va a solucionar. Hay que abrir programas para contar de forma consciente con el talento femenino y generar modelos para que las niñas se vean representadas y se quieran desarrollar en este campo. Es muy difícil querer algo que no has visto. Hay estudios que dicen que las niñas desde los siete años ya se sienten inferiores a los niños. Hay que evitarlo.

¿Y qué se puede hacer exactamente para que cada vez más mujeres se animen a entrar en carreras técnicas?

Tenemos que contar lo que hacemos. A mí me pasa a veces que me dedico solo a trabajar y no explico en qué estoy. Y en la ingeniería hacemos cosas que de verdad ayudan a que tengamos un mundo cada vez mejor. Premios como el que he recibido o los que impulsa Talgo sobre talento femenino sirven también para generar esos modelos de los que hemos hablado antes.

¿Con esto será suficiente? ¿Veremos más mujeres ingenieras en un futuro?

Estoy segura de que sí. Observo la evolución desde que yo misma empecé a estudiar y trabajar, y creo que poco a poco lo vamos a ver en general, en todas las industrias y en toda la sociedad. Todos y todas por igual debemos trabajar en eso porque tener una realidad laboral más diversa redunda en mayor eficacia y mejores resultados.

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